El excesivo celo de la ley

La ilegalidad tiene quien la contenga, pero el pseudo-periodismo al parecer no es tan afortunado. El jueves 24 de enero en la página 8 del periódico Granma ha salido un reportaje que diera risa de no incluir unos detalles aún más preocupantes que el hecho que se le dedique una página entera de la deprimida prensa nacional al robo y daño de los tanques de basura habaneros. Leer Más

Síntomas de vejez

No acostumbro a solazarme ante los espejos. La conciencia más o menos clara de que el físico no es mi mejor arma me hace pasar indiferente ante mi reflejo. Pero el espíritu del ejercicio me anima a detenerme unos instantes ante mi estampa, y me sorprendo al descubrir una cara a la que los rasgos adolescentes abandonan como ratas al barco hundido.

Ya me lo había advertido madre hace apenas unos días con una frase demoledora: «estás cogiendo cara de viejo». Y la verdad sea dicha, las líneas del rostro se van endureciendo, la sonrisa parece más irónica que franca, la mirada de asombro está siendo desplazada por la del aburrimiento; sufro, en suma, la mutación inevitable de la que tanto solía burlarme.

«El tiempo es uno para todos; más temprano que tarde el agua sigue el curso del río» parece decirme ese prospecto de señor que tengo delante. Madre mía, si hasta miren cómo estoy escribiendo.

Para David, que quizás no lo parezca, pero entiende de estas cosas

Yo digo que las estrellas

Yo digo que las estrellas

le dan gracias a la noche,

porque encima de otro coche

no pueden lucir tan bellas;

y digo que es culpa de ella

—de la noche— el universo,

cual son culpables los versos

de que haya noches y estrellas.

Yo digo que no hay quien crezca

más allá de lo que vale

—y el tonto que no lo sabe

es el que en zancos se arresta—;

y digo que el que se presta

para peón del veneno

es doble tonto y no quiero

ser bailarín de su fiesta.

Yo digo que no hay talante

más claro que el ir desnudo,

pues cuando se tiene escudo

luego se quieren los guantes.

Y al que diga que me aguante

debajo de una sotana,

le encajo una caravana

de sentimientos gigantes.

Yo digo que no hay más canto

que el que sale de la selva

y que será el que lo entienda

fruto del árbol más alto.

Y digo que cuesta tanto

y que hay que cruzar la tundra,

pero al final la penumbra

se hace arco iris del canto.

S. R.