Los foros de la Cumbre de las Américas, los cubanos y yo

A mí también me horroriza ver a Félix Rodríguez Mendigutía merodear por un encuentro de los pueblos de América Latina. A mí también me parece una broma pesada ver a miembros de una oposición que no es capaz de sostenerse por sí misma participando en los foros de la sociedad civil. Yo puedo entender la existencia de principios innegociables, yo puedo entender el derecho a no participar en espacios desvirtuados o malogrados. Pero nada me justifica el más mínimo arañazo, ninguna provocación en el plano de las ideas merecerá un puñetazo de mi parte. Hago votos para que la tensión no nos siga hunda. Porque pocas cosas son más tristes que ver la justicia naufragando.

Pienso en eso y algún mecanismo del subconsciente me lleva hasta las letras de Marvin Gaye; me hace preguntarme con él qué tal si optamos por otras maneras, a ver qué pasa.

Mother, mother/ There’s too many of you crying/ Brother, brother, brother/ There’s far too many of you dying/ You know we’ve got to find a way/ To bring some lovin’ here today – Ya

Father, father/ We don’t need to escalate/ You see, war is not the answer/ For only love can conquer hate/ You know we’ve got to find a way/ To bring some lovin’ here today

Picket lines and picket signs/ Don’t punish me with brutality/ Talk to me, so you can see/ Oh, what’s going on/ What’s going on/ Ya, what’s going on/ Ah, what’s going on

In the mean time/ Right on, baby/ Right on/ Right on

Mother, mother, everybody thinks we’re wrong/ Oh, but who are they to judge us/ Simply because our hair is long/ Oh, you know we’ve got to find a way/ To bring some understanding here today/ Oh

Gilbertman, o cuando se confunde la leche y la magnesia

Fotograma del video clip "No hay break"
Fotograma del video clip «No hay break»

Alejandro Menénez Vega, el Mene, no solo es uno de los fotógrafos más talentosos de mi generación que conozco, sino también un tipo que respeto mucho. Por su trabajo y por su honestidad. Porque va a lo suyo, y no arma bulla mientras le modela las imágenes que conforman su obra. Por eso me alegra que me considere su socio, por eso siempre que lo veo en algún concierto u otra actividad lo recibo con una sonrisa, no solo porque me alegra encontrármelo sino también por la certeza de que habrá un buen testimonio gráfico de lo que allí pasó.

Hoy abrí Facebook y me encontré un comentario suyo en el que expone las razones por las que -como parte del equipo de realización del video clip de «No hay break», de Gilbertman- decidieron darle una estética gansteril a ese filme. Tras leerlas decidí cederle el espacio de este blog, como he hecho antes, porque sus palabras tal vez no las recojan La Jiribilla o Cubadebate, pero tienen el sencillo valor de la justicia.

PD: Mene, el video no es lo peor del audiovisual cubano, pero sí que está malo… 😉

«Es una historia de ficción sobredimensionada por la malla contextual en la que cayó»

por Alejandro Menéndez Vega

Este «review» sobre el caso de Gilbert es finalmente un análisis de la imagen audiovisual que se construyó, más puntualmente en el video No hay break. Yo soy uno de sus realizadores.

Desconozco si esta era la imagen que quería representar Gilbert, fue la que a nosotros (los realizadores) nos pareció más interesante para ese tema. Nunca se nos pidió que aparecieran armas, dinero, violencia, etc.

Esa fue la historia que decidimos contar, al margen de los cantantes que hicieron el tema y aparecen en el video. Desconocíamos el origen de su dinero… tampoco nos preocupamos por averiguarlo. Otras cosas he visto que igual asombrarían a más de uno en nuestra humilde Cuba y están «permitidas» y legitimadas.

Siempre los consideramos actores del argumento que narraríamos y personajes de la obra audiovisual: Una historia de doble traición para lograr «escalar» en un mundo de ficción que queríamos construir. Sí, un mundo de matones, tráfico, ostentación, etc, pero que no era calco de realidad concreta alguna.

Obviamente la elección de trabajar con adolescentes no fue casual, eso le brindaba más crudeza a la historia y la hacía aún más punzante. No trabajamos con Chala, trabajamos con el actor Armando. Chala es un personaje que él asumió (construyó) maravillosamente en un film y que claramente nos permitió comprender que podía ser el personaje que necesitábamos, pero él no salió del aula de Carmela para ir a filmar ese video clip. Salió de su casa y de su propia realidad que en nada se parece a la del film Conducta y menos aún a la del video clip.

No hay break no es un modelo de valores corruptos, no es una obra cuya pretensión sea promover la violencia, no es una arenga, una denuncia o un retrato social. Es una historia de ficción sobredimensionada por la malla contextual en la que cayó. Tal vez sea la peor obra audiovisual de la historia del clip cubano, tal vez sea la de peor gusto, pero no nació para apoyar «la guerra cultural del reguetón cubano». Si de esos valores se trata, si de esa supuesta «guerra» estamos hablando, cualquier espacio cinematográfico de la TV actual los ahonda mucho más. Basta ver los últimos 10 films del sábado en la noche para ver la colección de descuartizados, baleados, atropellados, etc. Basta esto para comprender que, independientemente del espacio físico dónde fueron realizados y de la pericia técnica y narrativa de sus realizadores, la violencia y «el universo marginal» es un elemento cautivador, recurrente y natural de la obra audiovisual. En esos films no nos cuestionamos «la realidad» de lo narrado porque nos parecen contextos distantes, enajenados y de culturas que nada tienen que ver con la nuestra. Cuando son puestos en Guanabacoa y con pandillas enfrentándose nos escandalizamos.

Hay una mezcla, a mi entender innecesaria, en este artículo entre el producto audiovisual (al menos aquel del cual soy responsable) y la “guerra cultural contra el socialismo”. Yo soy cubano, formado en una sociedad que se repetía a sí misma que era socialista y que aún no se ha encontrado en la definición. Jamás he golpeado ni a una mosca y no quiero una nación violenta, superficial, ni que reniegue de sus valores culturales e históricos. El socialismo vs capitalismo está fuera de mis discursos o preocupaciones desde hace largo tiempo, pero añoro una mejor y más justa sociedad, independientemente del espectro político en el que sea encauzada. Este video jamás evaluó nada ni cercano a estos temas y se realizó enteramente desde el interior de la isla.

Nos valimos de elementos (también del clip contemporáneo) para realizar un clip regodeado en la violencia, pero sin pretensión de promoverla. ¿O es que Romain Gavras está promoviendo la violencia con sus clips? Salvo las gigantescas distancias que no separan de sus espectaculares video clips en lo artístico, técnico y productivo. No pretendo comparar nuestro malogrado clip con estas obras, pero al igual que en estos, las armas son artificiales, la sangre es coloreada, los “golpeados” son dobles de acción, el dinero es papel de libreta y la violencia es una pensada coreografía.

A Gilbert le “tocará” por sus acciones lo que la justa ley determine y a eso no me puedo oponer. La exactitud de sus males se me escapa y tal vez el tiempo nos sea clarificador. Yo solo asumo aquello de lo que me siento responsable; un clip que ha provocado una ira desmesurada. Sin significar esto que me arrepienta o que crea que hay algo inmoral en hacer una obra de ficción como esta, cierto es que hubiese preferido que la sensación de realidad no fuera tan alta y que “el discurso moral” no se hubiese malinterpretado tanto.

Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical (#NoSirvió!)

Concierto de Los Van Van en el Salón Rosado de la Tropical, 1ro de marzo de 2015. Foto: Iván Soca
Concierto de Los Van Van en el Salón Rosado de la Tropical, 1ro de marzo de 2015. Foto: Iván Soca

La imagen de arriba, como dice el pie de foto, corresponde a un concierto de Los Van Van. Un concierto, podemos sospechar -por lo que dice la foto y conociendo los antecedentes de los implicados-, de pura euforia, de bomba y cuerpos y corazones moviéndose indetenibles, infectados por la música y la alegría de estar vivos.

El día anterior, el sábado 28 de febreo, The Dead Daisies, una banda rockera de todos estrellas anglosajonas, había regalado un espectáculo inolvidable a los amantes del género en el país. Como buen concierto de rock que se respete duró muchísimo, y tuvo sus bailes de pogo (o ruedas de hardore, como le dicen por acá), y sus conatos de peleas, y sus canciones fuera de programa, pero no pasó nada preocupante, y la gente disfrutó de la maravillosa oportunidad de rockear en directo con una superagrupación.

El domingo, en el mismo lugar, la orquesta más emblemática de nuestro último medio siglo, lo más parecido al estribillo del alma de esta nación, Los Van Van, tocaron para todos sus seguidores, que es lo mismo que decir que tocaron para toda Cuba. En la madrugada del lunes, Iván Soca -quien ha recogido fotográficamente buena parte de las actuaciones de Van Van en épocas recientes- llegó a Facebook no solo con su habitual cargamento de imágenes sino con la noticia de que el concierto fue detenido por un policía, quien se subió a la tarima e hizo caso omiso de los grito de «¡No sirvió, no sirvió!» del público.

Aún se desconocen las causas por las que ese policía (y los otros que no tardaron en aparecer) llegó con la indicación de terminar el concierto. Tal vez, se podría especular, porque se pasaron del horario establecido para tocar. Pero argumentar eso sería el colmo de esta novela kafkiana. O no. En cualquier caso, alguien debe responder, públicamente, por semejante ultraje, no solo a los fenomenales músicos que componen Van Van, si no -sobre todo- a los miles de cubanos que fueron víctimas de un acto de ignorante e inexplicado (y probablemente inexplicable) despotismo.

Aquí les dejo algunas imágenes del hecho junto con las palabras de Iván que acompañan su galería de fotos, unas fotos que hablan claramente de un concierto potente, una fiesta inagotable que solo cabe en el adjetivo de vanvanera. Triste final para una noche de tanta buena vibra. Definitivamente #NoSirvio, compañero policía.

concierto de van van en la tropical 1mar15 2 #nosirvio
Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical. Foto: Iván Soca

01MAR15: Lo insólito: Los Van Van en el Salon rosado de La Tropical

por Iván Soca Pascual
En el mismo lugar donde anoche vibro Cuba con la banda de Rock & Roll The Dead Daisies, hoy la Orquesta insigne de la Música cubana Juan Formell y Los Van Van ofreció un espectacular concierto, con una intensidad idéntica al de la víspera, para su público, en lo que siempre hemos denominado “El termómetro de la salsa cubana”: El Salón Rosado de La Tropical. El espectáculo, idéntico a todos los ofrecidos durante la Gira Nacional de 2015 pero con un par de temas del nuevo CD La Fantasia incluidos, iba de maravillas. El Show de ensueños, con invitados como Carlitos de “Los cuatro” y el carismático Elito Revé.
Al filo de las 10:30 se ha subido un oficial de la Policía al escenario y ha detenido el SHOW mas autentico que vi en 12 años de trabajar con esta Orquesta, la de Juan Formell…Yo pensé que era parte del espectáculo el que subiera un oficial de la policía y se integrara a una fiesta que iba de maravillas, pero no fue así. Roberton, que interpretaba SOMOS DIFERENTES, un tema para los cubanos, lleno de elementos de patria y autentica cultura, le paso la palabra al público y este al unísono empezó a gritarle al policía “No sirvió, no sirvió!!!” No obstante a ello, se suspendió el concierto.

Me pregunto: ¿Hay que ser extranjero para tocar hasta la hora que sea en La Tropical? Espero que Los Van Van haga aclarar este inesperado y desagradable incidente…

Aquí va una galería de fotos tan contundente como la de anoche con The Dead Daisies para que pueda servir de prueba de que el concierto de Los Van Van era el de todos los cubanos, lleno de alegría y digna modestia…

Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical. Foto: Iván Soca
Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical. Foto: Iván Soca
Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical. Foto: Iván Soca
Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical. Foto: Iván Soca
concierto de van van en la tropical 1mar15 5 #nosirvio
Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical. Foto: Iván Soca
Concierto de Los Van Van en el Salón Rosado de la Tropical, 1ro de marzo de 2015. Foto: Iván Soca
Concierto de Los Van Van en el Salón Rosado de la Tropical, 1ro de marzo de 2015. Foto: Iván Soca

Se buscan lectores en Cuba para crónicas periodísticas

las patrias íntimas del internacionalismo

¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?

Manifiesto (hablo por mi diferencia), Pedro Lemebel.

Acabo de terminar de leer los 66 comentarios que -hasta ese momento- se habían publicado en la página de OnCuba en el texto Las patrias íntimas del internacionalismo, de Carlos Manuel Álvarez. Entre ese montón comentarios, me desconciertan (aunque sé que no deberían sorprenderme esas cosas) la considerable cantidad de mensajes en los que se destila una furia, un dolor, una vergüenza por lo que consideran un acto de leso periodismo: haber manchado la pulcra imagen de Reynaldo Villafranca, enfermero que formaba parte de la brigada médica contra el ébola. Palabras como escribidor, pseudoperiodista, sarcástico, injusto, perverso, chisme, buitre, denigrante, ultraje, vano, humillar, denigrar, dejenerado (sic), recorren las opiniones de muchas de estas personas que acusan a Carlos de haberse enfocado en los detalles sucios de la historia en lugar de mostrar la pureza de su altruismo.

Al parecer, estamos ante un típico caso de respuesta del lector cosechado. La vergüenza de tener una audiencia aberrantemente deformada, incapaz de leer la belleza del elogio de Carlos Manuel Álvarez en su texto sobre Villafranca no es más que el triste resultado de la no existencia de medios de comunicación en Cuba capaces de hacer periodismo. Acertadamente, uno de los comentarios en OnCuba nos recuerda que «hay mucho que rescatar y entender todavía para que ciertos colegas terminen por reconciliarse con la idea de lo que el periodismo es y lo que no es». Y partiendo de ahí, de una noción prácticamente inexistente en Cuba de lo que es periodismo, se puede empezar a leer con mejor espíritu esa crónica, o a entender las reacciones según según sea el caso.

El texto de Carlos, sin los afeites típicos de las loas con las cuales se suele abordar el tema del internacionalismo en Cuba, logró conectarnos a muchos con la tremendísima condición humana de ese enfermero, que pudiera ser cualquier otro brigadista, pero era este. Un maricón. El menor de un montón de hermanos delincuentes. Un tipo que a pesar de los tantísimos pesares quiso estudiar y ser enfermero para ponerse al servicio de otros. Porque los contextos importan. Los contextos, que, entre otras cosas, formaron a Villafranca y nos dicen a nosotros lectores -crónica de Carlos mediante- que estamos ante un ser de carne y hueso que lucha y sangra, y no ante otra postal de la Revolución

Hace unos días falleció en Chile Pedro Lemebel, un revolucionario total. Estuvo en Cuba un par de veces, la primera durante la Bienal de La Habana, con su proyecto de las Yeguas del Apocalipsis, y la segunda cuando le estuvo dedicada la Semana del Autor 2006 en Casa de las Américas. Me hubiera encantado, en medio de esta avalancha de quejas tristes y sin sentido, haber escuchado que tendría que decir de todo esto Lemebel, esa pájara comunista que tuvo la valentía de llamar las cosas por su nombre. Seguro que habría echado una lagrimita, puesto una vela, y habría llamado a Carlos para decirle que no venía hasta acá a darle un beso porque ese cáncer la tenía toda maltratada.

¿El principio del fin?

#volvieron 2

Cuando escuché en la radio que el presidente Raúl Castro hablaría al mediodía para todo el país e informaría de importantes asuntos sobre las relaciones de Cuba y Estados Unidos me imaginé que era algo gordo. Pero no se me ocurrió algo como esto. “Acaban de llegar los 3 que faltaban”, me escribió un amigo al que le pregunté, porque no aguantaba la inquietud. En la media hora siguiente intercambié llamadas y mensajes con algunas personas porque todavía no me lo creía. Era cierto. Volvieron. En el camino pasaron la friolera de 16 años de discursos, tribunas antimperialistas, marchas del pueblo combatiente, mesas redondas, y comités de solidaridad. Y la verdad es que no creo que nada de esto haya sido decisivo. Influyente sí, pero no decisivo.

Lo cierto es que al mediodía Raúl Castro y Barack Obama realizaron discursos simultáneos y anunciaron oficialmente lo que ya se había escurrido por todas partes. Que Ramón, Gerardo y Antonio y Alan Gross habían sido liberados. Pero había mucho más. Tanto como que se desea una embajada de Estados Unidos en La Habana. Tanto como que se está revisando la eliminación de Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo. Tanto como que el gobierno de Estados Unidos trabajará (o al menos eso dijo su presidente) en la eliminación de las restricciones para el viaje y el comercio que existen hoy en las leyes norteamericanas. Que se acaba el bloqueo, o algo así.

Ahora mismo tenemos demasiadas cosas con las que lidiar emocionalmente, y está bien que así sea. Pero en algún punto tendremos que sentarnos serios a ver qué saldrá de todo esto. Cuba, normalizadas o no las relaciones, no creo que vaya a ser la misma después de esto. Todo parece indicar que dentro de poco la pregunta de si estamos preparados económica y culturalmente como sociedad para el intercambio con Estados Unidos dejará de ser una interrogante para congresos y se convertirá en una cuestión de supervivencia.

Se vienen cambios, de tipo traumático, de los que transforman el panorama de un país radicalmente. Y los ciudadanos cubanos tendremos que tomar parte en lo que sea que ocurra, no como meros espectadores, sino como los tipos (y tipas) que van a estar aquí sufriendo y gozando una realidad que en este minuto no me atrevo ni a sospechar.

No sé si efectivamente es este el principio del fin del bloqueo. No sé por qué los discursos de Raúl Castro y Barack Obama fueron tan distintos (y no me refiero a diferencias retóricas). No sé por qué no ha aparecido una foto de Los Cinco (y otra foto junto a Fidel, de hecho, no he visto ninguna foto ni de René ni Fernando junto a Fidel). Pero sé que hoy un minúsculo grupo de personas están infinitamente felices por el reencuentro. Y sé que otros tantos sentimos que algo se endereza en el mundo.

La liberación de Los Cinco es un símbolo. Un símbolo hermoso, la puerta a un mundo en el que la verdad sea dicha no tenemos la menor idea de lo que nos espera. Si algo saco en claro de todo este día es que la Historia, divertida como ella sola, no avisa; que nada nos prepara para el momento histórico: no suenan trompetas, no caen rayos del cielo, ningún desconocido nos para en la calle y nos dice una frase enigmática y trascendental. Es un día tranquilo, normal, un típico día de diciembre. Y la historia de Cuba está a punto de cambiar.