La tarde de los sucesos efímeros

“Porque siempre supe que serías el primerísimo escritor de todos nosotros. Y porque recuerdes cada día al levantarte que eso no vale una puñetera mierda. Un abrazo grande.  R  La Cabaña, 19 de febrero de 2014”

Hace unas horas se entregaron los premios Calendario 2014, y se presentaron los libros ganadores de la edición anterior. Uno de ellos, premio narrativa 2013, es mi amigo Carlos Manuel Álvarez Rodríguez, a quien regalé un libro con la dedicatoria que pueden leer en la imagen de arriba (para los de conexión escasa, ahí dice: “Porque siempre supe que serías el primerísimo escritor de todos nosotros. Y porque recuerdes cada día al levantarte que eso no vale una puñetera mierda. Un abrazo grande.

R

La Cabaña, 19 de febrero de 2014”)

Es un libro de Rafael Courtoisie, que le entrego con la esperanza de que lo mastique, revuelva su bilis y le deje una resaca permanente, una resaca definitiva. Ayer no pude quedarme a ver toda la ceremonia, pero ahí estaba su madre, estaban sus amigos, estaba toda la barra brava carlosmanuelística; no iba a echar en falta a este biombo ambulante. Pero ni falta que hace. Porque yo vi en los ojos de Carlos y él en los míos antes de que comenzara el acto. Porque Carlos y yo sabemos que es el rectángulo de agua lo que sostiene al caracol.

Economía Social y Solidaria: La esperanza de otra economía

En el principio era la economía privada y la economía pública, pero vinieron Eric Leenson, Rafael Betancourt, Pamela Ríos, ANEC, Víctor Viñuales y otros locos, y lanzaron la semilla de un seminario de Economía Social y Solidaria en Jibacoa. Y vieron que era bueno.

Asistentes al Seminario Internacional de Economía Social y Solidaria: Su inserción en la Economía Internacional, Jibacoa, provincia Mayabeque, Cuba

En momentos en los que el mundo tal parece que no es más que la sucesiva y caótica continuación de unas crisis de todo tipo, unas personas se ha reunido para decir que una economía otra no solo es posible, sino que acontece.

Partiendo de las premisas de la responsabilidad social -o la militancia, como apuntara oportunamente Susana Hentzie– y de la idea de que no es necesaria la acumulación de riquezas ni la destrucción de la Naturaleza para tener una vida plena, fueron a parar a Jibacoa (aproximadamente 60 kilómetros al este de La Habana) un grupo de locos cuerdos compuesto básicamente por investigadores, profesores universitarios, miembros de organizaciones de cooperación para el desarrollo y personas involucradas en experiencias económicas contrahegemónicas. Vaya, lo que se dice una verdadera arca de Noé económica. Habían sido convocados para el seminario La Economía Social y Solidaria: Enfoques para su inserción en la Economía Internacional, un título largo y rimbombante que a fin de cuentas de lo que habla es de una de las pocas alternativas que tiene el ser humano si quiere seguir viviendo en este planeta.

Invitado por sus organizadores, me colé como buen polizón; por mucho el más joven y por mucho el más ignorante pero tengo el defecto incurable de no saber negarme cuando me invitan a formar parte de una empresa que sospecho tiene algo de bondad. Me monté en el ómnibus sin tener demasiado claro que era todo aquello, teniendo como única referencia un artículo que descargué de internet unos días antes y que leí apresuradamente mientras llegábamos al lugar.

En Jibacoa nos recibió un aguacero que nunca se fue del todo. Estábamos en Villa Trópico, una instalación que recordaba haber mirado con envidia en mis tiempos de campista adolescente que se encaramaba en la loma de Jibacoa. Nos engancharon una manilla, nos dieron una credencial y nos recomendaron correr a las habitaciones antes que comenzara la tormenta.

Mi compañero de cuarto fue Carlos Martínez, un artesano de Centro Habana que trabaja el bambú. Carlos es un mulato conversador, que en una hora me contó todo lo que se puede saber sobre las propiedades y usos del bambú. Carlos quiere crear una cooperativa, o tal vez no; Carlos quiere algo que contribuya al desarrollo de su localidad y le dé para vivir dignamente. Carlos está rozando la economía social y solidaria, pero todavía no lo sabe.

Hay un montón de gente interesante en este seminario. En un recuento anárquico y personal:

Felipe Arango, colombiano con el que conversé del uso social de las nuevas tecnologías en países en desarrollo;

– Gabriel Domínguez, un guajiro santiaguero que cuando se hablaba de las trabas para la implementación de soluciones económicas en nuestro país resumió en su sabiduría popular el asunto al comentar “la mujer pare a los nueve meses, y si no, se revienta”;

Hugo Jácome, ecuatoriano llano que habla sobre la necesidad de que la economía vuelva a ser una ciencia social;

– Eduardo Iglesias, cubano que se empeña en llevar adelante una cooperativa de incubadora de cooperativas, y que sospecha que la principal traba para el desarrollo de esta está en la ignorancia;

Jeff Furman, presidente de Ben & Jerry’s, esa compañía de -dicen- riquísimos helados que apostó y ganó por la decencia como un valor corporativo;

– Roberto Sánchez, trabajador de la Fundación Antonio Núñez Jiménez que clama porque el desarrollo de los nuevos –y de los viejos- productores sea no solo eficiente, sino también ambientalmente sustentable;

– Susana Hintze, profesora argentina que trae a cuestas un pasado de larga militancia política del que no puede ni quiere desprenderse y que me actualizó sobre el futuro del kichnerismo;

Pamela Ríos, chilena y una de las culpables del evento desde la Fundación Avina, que no solo recita poemas punk sino que comparte mi vicio por Orsai;

Richard Feinberg, gringo loco que me invitó a despertarme a las cinco de la mañana para subir la loma que está frente a la villa, porque dice que le gusta empezar el día con una meta vencida.

Está este seminario lleno de Felipes, Gabrieles, Eduardos, Jeffs y Hugos, de Robertos, Susanas, Pamelas y Richards. Y me encanta.

Una tarde, en la playa, en la que compartíamos canciones de los respectivos países de origen Erick Leenson, ese gringo bueno que lleva medio siglo comprometido con la justicia y el desarrollo del continente latinoamericano, entonó una canción de la guerra civil española. Ahí me enteré que ese señor canoso, promotor del encuentro y que siempre anda con una sonrisa a cuestas fue amigo de Víctor Jara y vivió en el Chile de Allende. «Jara me pidió una opinión sobre una canción, y yo para no parecer ignorante aunque no tenía idea de música le dije “cambia esto y aquello”, y es lo que salió es eso que dice te recuerdo Amanda, / la calle mojada corriendo a la fábrica/ donde trabajaba Manuel”, nos dijo. Uno nunca está preparado para encontrarse con un pedazo de la historia viva así, bañándose en la playa, creyendo que solo va a escuchar hablar de indicadores macroeconómicos, emprendimientos y tasas impositivas.

Durante estos días los vacacionistas de Villa Trópico en Jibacoa deben haberse extrañado de la  turba de gente que no paraba de hablar –no importa si en el salón de conferencias, en la playa o en el restaurante- de responsabilidad empresarial, mapa empresarial cubano, lineamientos económicos, tasa de mortalidad de las cooperativas, economía compartida, empresas B y comercio justo. Trago en mano y chapoteando en la orilla fui testigo de varias de las más brillantes discusiones que presencié en el seminario, una demostración de que no hay escenario malo para la idea oportuna.

El evento no pudo tener mejor cierre. Divididos en equipos realizamos un ejercicio de reflexión sobre propuestas para la comisión de implementación de los lineamientos en torno a cómo Cuba puede hacer más coherente una práctica que le es consustancial al sistema político –la economía social y solidaria-. El seminario acabó, pero las ideas compartidas comienzan a desperdigarse por todo el archipiélago como dientes de león; esperemos que afinquen en tierra fértil e infecten la sociedad cubana.

Fue un espacio para ver desplegados multiplicidad de criterios, de caracteres; una verdadera feria de la diversidad. En el seminario fue posible escuchar juicios proteccionistas, liberales, marxistas, heterodoxos, un gran collage  que conforma uno de los posibles –y deseables- futuros económicos del país y que, afortunadamente, está signado por la responsabilidad social  y los principios de la economía social y solidaria.

La mala noticia es que no pudimos disfrutar de una tarde de verano como dios manda. La buena noticia es que mientras medio mundo asocia los días grises con la tristeza, después de aquellas 72 horas de debates sobre una economía otra yo les encuentro un no sé qué de esperanza.

(Publicado originalmente en Trabajadores.cu)

De Carlos a Carlos, la compartida felicidad de un premio

Carlos  Manuel Álvarez Rodríguez, flamante Premio Calendario en Narrativa
Carlos Manuel Álvarez Rodríguez, flamante Premio Calendario en Narrativa

Y si el Tocayo lo dijo tan bien, quién soy yo para estropearlo con mis letras. Les dejo la crónica que publicara Charly Morales a propósito del premio de Carlos. Un abrazo feliz a este hermano de martes y escritura.

Quienes conocemos a ese flacucho alérgico a la Gillete, que algunos llaman Charly, otros Carlos Manuel, y yo orgullosamente Tocayo, sabíamos que de un momento a otro ganaría un premio literario serio. Porque le gustará mucho el periodismo, pero Carlos Manuel Álvarez Rodríguez nació para hacer literatura…

Desperté hoy con la noticia de que su cuaderno “La tarde de los sucesos definitivos” se llevó el Premio Calendario de la Asociación Hermanos Saínz, y me alegré mucho. No solo por los 3.000 pesos que se llevó, con publicación incluida, sino porque intuyo que cada vez se hablará más de él, y algún día no será preciso tener acceso a Internet para leerlo…

Aunque aún es estudiante, Carlitos lleva tiempo colaborando con publicaciones digitales y en Cubadebate tuvo el honor de ganarse sus primeros detractores. Ahora es columnista de OnCuba, donde nos advierte desafiante: “Esta boca es mía”…

Algunos podrían señalarle el pecado de la extensión, o de pasar del totalitarismo a la duda en sus afirmaciones, o de recordarnos que le gusta la pelota, enamorar mujeres con poesías, o combinar la lectura de sublimes metatrancas con crónicas de sus socios. Pero tiene el mérito de saber decir lo que quiere…

Precisamente la fluidez de su prosa convenció al jurado de Narrativa, integrado por Alberto Garrandés, Legna Rodríguez y Mercedes Melo Pereira, de concederle este premio, codiciado como todo aquel que implique reconocimiento, publicación y un salve monetario…

Yo, para que negarlo, me declaré hace rato fan incondicional de sus artículos. Como mismo él tuvo el desparpajo cierta vez de compararme con Juan Orlando Pérez, Michel Contreras y Yamil Díaz, podría arriesgarme a decir que Cárdenas tuvo a Virgilio Piñera, pero ahora tiene a Carlos Manuel. Espero que no se lo crea, porque entonces se jodió todo…

Lo primero suyo que leí fue una solitaria nota final para mis clases sobre Pablo de la Torriente: no recuerdo el texto, pero sí recuerdo que me impactó tanto que le dí 5 puntos a pesar de sus ausencias reiteradas. Años después me confesó su vergüenza por aquella calificación, y comenzó a leerme por pena, como si me debiera algo. Me dijo -pedazo de loco- que yo le había dado una soberana lección… como si estuvieran los tiempos para pasarle raya roja al talento.

Volvimos a encontrarnos en 2011, yo en Vietnam y él en Facultalandia, ese surrealista reino donde Julio García Luis sigue siendo el Dequi un año después de su muerte. Comenzó un cruce de e-mails donde hablábamos de todo, desde las influencias hasta las preferencias. Yo me fajaba con sus críticos en los foros de Cubadebate, él me reclamaba una compilación de mis crónicas, con prólogo suyo, faltara más, y así…

Por lo pronto, y como no tiene celular o teléfono donde localizarlo, y seguro dilapidará parte del premio pagándole unas birras a sus socios en El Diablo Tún Tún, comparto con ustedes un fragmento suyo sobre las ronchas que levantan sus artículos, extraído de ese epistolario nuestro que atesoro para cuando seamos famosos, y los académicos se maten por estudiarlo y escribir tesis y libracos sobre nuestras respectivas obras…

“Uno tampoco es infalible, y a veces titubea. Uno siempre anda buscando, tratando, humildemente, de romper esquemas, de reinventarse en cada palabra o en cada línea, y a veces me pregunto si voy o no por el camino correcto. Pero eso es normal, esa lucha es conmigo, ahí no interviene ningún lector, ni ningún letrado, ni ningún imbécil de los que sale a ofender. Hasta Faulkner, imagínate tú, decía que ningún escritor se puede sentir seguro, que siempre hay miedo, que el que esté totalmente seguro y no dude y no se cuestione lo que está haciendo, es un perfecto imbécil. En verdad Faulkner lo dijo mucho mejor, más preciso y elegante, pero esa más o menos es la idea… Casi nadie hace una crítica justa, imparcial, sobre la base de los hechos. El tipo que no entiende se insulta y cuidao, allá va a comerte. Eso demuestra todo el troglodita que anda merodeando por la red, y todo lo enfermos de literalidad que estamos los cubanos, o buena parte de ellos, porque la pose de anarquista criticón indolente hacia su país tampoco va conmigo”.

Por lo pronto, felicidades Tocayo… y que vengan más…

(Tomado de OnCuba)