Receta para la felicidad breve

Amanecer un domingo leyendo un libro de Anne Sexton robado a alguien que no lo va a echar en falta. Estar impecablemente desnudo para sentir el más mínimo roce de las sábanas mientras suena de fondo Spinetta y su Pescado Rabioso 2. Ahí, en algún rincón de la cama, ella debe leer una revista que se quedó dando vueltas en el cuarto.

Aunque ninguno de los dos lo sepa todavía, una alegría entra y otra alegría sale. Y así sucesivamente. Pero qué se puede hacer con el amor.

anne sexton

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La ronda para Teresita que convocó la gente (+ Fotos y Video)

Desorientados, sin saber qué protocolo seguir pero convencidos de que Teresita Fernández era motivo más que suficiente para desafiar el calor de domingo y el transporte público –empeorado por la celebración del Marabana- decenas de personas se llegaron hasta la Plaza de San Francisco de Asís para compartir canciones y risas en homenaje a la maestra cantora.

– Estoy muy contento de haber venido a esta actividad convocada por la FEU, por los estudiantes- dijo para romper el hielo Fidel Díaz Castro, director de la revista cultural El Caimán Barbudo, con lo que provocó un montón de risas y comentarios.

– No, no la covocó la FEU- le dijeron.

-¿Y quién lo convocó?- preguntó.

– La gente- le respondieron-, la gente.

La gente, inconcebiblemente, la gente se unió sin convocatorias de factores, y regaló una tanda de rondas a Teresita con la única recompensa de sentirse un poco niño otra vez.

Siguiendo un anuncio lanzado desde las redes sociales, y a pesar de no contar con ningún otro mecanismo de difusión que no fuera Internet y el boca a boca, la gente convenció a otros amigos de ir, imprimió las letras de las canciones, llevó guitarras, cantó Lo feo y Pitusa y Eusebio, se dio de la mano y danzó una y otra vez.

Una mañana mágica y extraña, cargada de la poesía entrañable de las cosas sencillas, tal y cómo le gustaban a Teresita Fernández. Una mañana de juglares improvisados, de rondas concéntricas, de infancia feliz, de amor compartido, como una flor, y nada más.

(Publicado originalmente en Trabajadores)

Acá les dejo algunos de los mensajes que las personas compartieron en Twitter:

https://twitter.com/MiguelAlfaroArt/status/402167203853639680

https://twitter.com/MiguelAlfaroArt/status/402162800425852928

Sólo un beso…

por Jorge de Armas

super kiss painting

“No vengas con los besos exactos,

yo tengo cambio”

Se llamaba, pongamos que Nancy. Una chica de izquierdas, venezolana, con muchas ganas de comerse el mundo extirpándole a bocado limpio la esencia explotadora al capitalismo.  Para completar su educación en el anarco marxismo leninismo, se fue a Cuba a estudiar, pero como la izquierda también se piensa a sí misma como artista, sin voz para cantar, ni habilidad para el dibujo recaló en la Facultad de Artes y Letras, y dos asientos más allá del mío, estudió Historia del Arte.

En ella vi una posibilidad, nunca la amé, nunca me enamoré. Me atraía su tez amulatada, más cerca del cobrizo taíno que del afro, sus ojos, negros como el canario de Martí, y la pausa melancólica de su castellano. Me molestaba su pulcritud excesiva,  y que hablara mucho justo cuando despertábamos.  Me gustaban sus pezones oscuros y su espalda, pero en muchos aspectos, besarla era sabineramente hablando, besar la piel de sal de la mujer de Lot.

Hicimos cosas juntos, digo, más allá de hacer el amor, o acostarnos, más de una vez, más de las necesarias. Hicimos algún trabajo de clase juntos, un corto en la Escuela de Cine, fuimos a mil conciertos, le presenté a mucha gente, cenamos con Pablo Milanés (pero esa es otra historia), estuvimos con Fidel (esa también es otra historia) y me agarró muy fuerte de la mano cuando el profesor de Historia de América saco una pistola en el aula y amenazó con la muerte a todo el que saboteara la Revolución, en alusión a que Ronaldo Menéndez y yo le discutimos que no pensábamos que Estados Unidos consideraba una invasión a Cuba en aquel momento.

Llegó el momento de las despedidas, y aunque suene triste y calculado, aunque no la amé jamás, aunque nunca quise que me amara, mi ego masculino sí que quiso impresionarla.  Así las cosas, en una botellita muy linda heredada de mi abuela, escribí en un papel amarillo, como el canario de Martí, “este es mi beso, mi único beso” lo introduje en la botella y la selle con cera.

En una serpentina blanca, con cuidado escribí, a todo lo largo lo siguiente:

“Nancy, presiento que más nunca nos veremos, presiento que aquí se acaba todo. Aquí, dentro de esta botella te dejo mi beso, un solo beso, en él he puesto lo mejor de mí. Llegará un día en el que todo te parezca imposible, o estés sin fuerzas, o simplemente pienses que la vida ha perdido el encanto de las mañanas. Cuando así te sientas, úsalo, se cautelosa, es sólo un beso, no hay más”

Pasó el tiempo, y años después, conversando en Madrid, mi amigo Carlos, me comenta que Nancy estaba viviendo allí, me pasó su teléfono y quedamos.

Fue una tarde de primavera, Madrid es hermoso cuando puedes tomarte un café en una terraza, sin calor, sin frío, simplemente tomarte el café bajo la luz especial del entretiempo.

Quedamos en el Paseo de Recoletos, en el Café Gijón, por aquello de darle un tono literario a nuestro encuentro.  Me encantaba la idea de quedar en el café de las tertulias madrileñas, donde alguna vez estuvo Pérez Galdós, Ramón y Cajal, Cela, la mismísima Mata Hari o Truman Capote y George Sanders.

Estuvimos hablando durante dos horas de esas cosas que sólo hablan las personas que no tienen nada que decirse.  Dilatando hasta el máximo el segundo café, nos despedimos. Un beso al aire, mejilla con mejilla, sin sentimientos.

Quedé sentado viendo como se alejaba, el sonido de sus botas resonando en los adoquines, su pelo suelto, y mis nostalgias. De repente, se da la vuelta y regresa, me levanto y voy hacia ella, me agarra con furia la camisa y con lágrimas de rabia me dice, en un grito contenido:

–          Eres un hijo de puta, ¿sabes en todos estos años cuántas veces necesité tu beso?

Y tú sólo me dejaste uno, sólo uno…

Las ilusiones perdidas de Sylvain Chomet

Fotograma de L'Illusionniste, de Sylvain Chomet.
Fotograma de L’Illusionniste, de Sylvain Chomet.

¿Qué hace falta para hacer de una historia una gran historia? Sylvain Chomet demuestra que sus personajes mínimos, anodinos, son suficientes para dejarnos horas pensando en este gran misterio que es la vida. En El Ilusionista, su segundo largometraje, nos presenta a dos seres tristísimos que por esos vuelcos del azar terminan juntándose. Más información

No es Facebook, no es Twitter, es el amor trabajando en Internet

Algo hermoso se está gestando en la web. No es otra red social proponiéndonos más seguridad y más diversión, no es otro periódico con sensacionales coberturas y reportajes multimedias. No. Se trata de un espacio para las segundas oportunidades, la posibilidad de convertir aquel cruce de miradas trunco en una cita, de no quedarnos con la duda de lo que podría haber sucedido si l@ hubiésemos invitad@ a salir. Hasta allí me llevó un tweet perdido, uno de tantos que por alguna razón atrajo mi atención y me condujo hasta http://www.ayerpase.com.ar.

“Nuestro objetivo es juntar a todas esas personas que sufrieron desencuentros y expandir las posibilidades de lo que pudo ser, pero el destino no lo quiso así.

“Claramente nos cagamos en el destino e invitamos a todos aquell@s que alguna vez cruzaron miradas en el colectivo, que charlaron una noche en un bar y se olvidaron de pedirse los números de celular, que se sonríen en la facu pero nunca tuvieron una excusa para pasarse el msn. Todos aquellos que ni bien se vieron supieron que había algo especial, pero no tuvieron tiempo de reaccionar.

“Esta es tu segunda oportunidad, y como somos ñoños, es obviamente a través de la internet.”

A diferencia de la tendencia que predomina en las redes sociales, aquí no se trata de hacer relaciones virtuales, sino de corporizarlas. ¿No es maravilloso descubrir que la red, con un dejo tan enajenante actualmente, pueda también devolvernos a ese posible amor?

El sitio es argentino, pero sería maravilloso que la experiencia prendiera en todos lados. ¿Se imaginan algo así como: @eldavixxl, @elainediaz2003 te vio en el P-1 y quisiera invitarte a salir? ¿Alguien se anima?