All about "Her"


por Raúl Reyes Mancebo

“¿Crees que soy raro por enamorarme de mi sistema operativo?” “Todo el que se enamora es raro”. Así, sin concesiones entre humanos y otros seres, se nos presenta “Her”, la cuarta película de Spike Jonze, una devastadora – y a la vez vivificante – ópera de amor, soledad y nostalgia.


En Los Ángeles de un futuro mucho más cercano que nuestro pasado, en el que todos usan pantalones cómicos y dependen de sus innumerables equipos electrónicos, Theodore, quien escribe (dicta) postales hermosas para extraños, vive una vida de profunda soledad hasta que cae rendido (y nadie podrá culparlo) ante Samantha, su nuevo OS inteligente.

Muchísimas películas podrían tener una sinopsis así y ser completamente diferentes. Desde comedias absurdas hasta dramas anti-tecnología. Pero la versión de Spike Jonze es fabulosamente madura y mágica.

Esta no es una película de odio en la que las computadoras son el enemigo: el enemigo siempre hemos sido nosotros mismos y nos hemos refugiado en ellas para evitar seguir hablando entre nosotros y seguir haciéndonos daño. No es su culpa: es la nuestra. Siempre lo ha sido. Pero eso no quiere decir que seamos malos. Solo somos – y esto lo comprobamos dolorosamente al final de “Her” – inferiores. Pero hay esperanza… Confiesen, ¿cuándo fue la última vez que una película les recordó todas esas cosas?

La plasticidad del filme, con todos esos colores pasteles, esos grandes edificios que sin embargo parecen vacíos (filmados en Shanghái), esa nostalgia por todas partes y la soledad aguda de sus personajes, me hicieron pensar mucho en “Lost in Translation” (lo cual no creo que sea una casualidad: Spike Jonze es el ex-esposo de Sofia Coppola y Scarlett Johansson trabaja en las dos).

¿Cuándo fue la última vez que vimos a Joaquín Phoenix reír? Hace mucho. Pero aquí lo hace, así que le perdonamos su controvertido pasado y acogemos a su Theodore inmediatamente como nuestro héroe y nuestro amigo, el que queremos denodadamente que sea feliz. Scarlett Johansson es impecable como Samantha, a la que nunca vemos pero de la que también nos enamoramos con su honestidad, ingenuidad, y vulnerabilidad (“a veces temo que mis sentimientos sean programados”). Amy Adams está en todo y en todo está bien. Rooney Mara, Olivia Wilde y Kristen Wiig como la hilarante voz de “Sexy Kitten” (en esta película uno se ríe mucho, no se dejen llevar por mi nostálgica reseña”) completan el excelente elenco.

“Her” no se permite un estereotipo. Uno lo espera todo el tiempo, pero nunca viene. Ni estereotipos cinematográficos, ni amorosos, ni de soledades, ni de tecnologías. Es una película original desde el inicio hasta el final. Sin embargo, es una película brutalmente real. Y nos deja tristes, pero nos hace buscar con la vista a la persona más cercana de nosotros en el cine, a la cual no habíamos notado al entrar, y sonreírle. Y, sin odiar a nuestras computadoras o teléfonos, nos volvemos mejores seres humanos. Y todo gracias a “Her”.

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La cosa: noticia de última hora

Por Nelson González Breijo
Un equipo multifacético del Plantel Universitario Ñeco Talón (PUÑETA) ―espacio académico de dudosa reputación, sin referencias en Wikipedia ni en alguna otra publicación conocida― dio a conocer su desconcierto luego de analizar a fondo la película ¿Qué cosa? (Juan Carlos Travieso, 2013).   
Las demandas de los catedráticos apuntan, sobre todo, a la manera en que el audiovisual aborda su tema central. “Daba pena la reacción de los espectadores en el cine, hubo quien no paró de reír… y ya sabemos que ‘la cosa’ en Cuba pude ser algo serio, complejo. Más de una vez ha sido clasificado como asunto de seguridad nacional”, comentó el Dr. Máximo Cosero, jefe de los investigadores.

Con una estética expositiva de representación documental, el filme revela algunas de las infinitas y escurridizas acepciones que puede agenciarse el vocablo “cosa” y, como quien no quiere las… o sea, de refilón, se acerca a la realidad cubana de los años 90 y del presente en voz de sus protagonistas.
Cosero comentó que estuvo pendiente de este audiovisual desde el instante en que supo de su realización: “el tema, además de constituir para mí un interés personal, ha sido una línea investigativa de PUÑETA por innumerables años”.
Un poema popular interpretado en off por el actor Miguel Moreno, más conocido por el público cubano como “La llave” ―personaje humorístico del espacio televisivo Deja que yo te cuente―, sirve de hilo conductor a lo largo de casi 14 minutos de audiovisual que intentan desentrañar el camaleónico significado de la palabra en cuestión, por más enrevesada que parezca la cosa.  
Sonidos, carteles, personajes de la cotidianidad y hasta los propios entrevistados se emplean como pequeñas cuñas que intervienen para dinamizar el ritmo de los diálogos. El montaje, además de vertiginoso, se antoja punzante y perspicaz; travieso, podría decirse. Aunque a veces la crítica social llega tarde, o se reitera en demasía algún que otro recurso visual.
Entretanto, la Dra. Eva Cosilla, profesora titular e integrante del equipo académico de PUÑETA, planteó su inconformidad con el tratamiento de la imagen de la mujer. “A lo mejor no se publica esto, pero debo decirlo: yo no sé cuántas veces los traseros de las cubanas llenaron la pantalla, ¿acaso nosotras no tenemos otra cosa que mostrar?”.
Destaca en el audiovisual el uso de la música. Además de las composiciones del trovador Tony Ávila, se escuchan temas de Van Van, Habana Abierta, Liuba María Hevia, Cesar Pedroso, Adalberto Álvarez, Jorge García y Síntesis, entre otros que armonizan en el diario del cubano y contribuyen a crear una atmosfera costumbrista apropiada para el tono de la historia.
No obstante, Máximo Cosero señala como debilidad del documental la selección de los entrevistados: “Pasean ante la cámara personajes de todo tipo, hasta hay un espacito para otros académicos y nosotros, los de PUÑETA, que somos los especialistas de verdad, no salimos ni en los créditos”.
“Eso sí ―agregó el jefe de los académicos―, reconocemos que el director ha sabido llegar a una conclusión compleja, que resume varios años de trabajo de nuestra institución: La cosa puede ser lo que alegre, lo que duela, lo que moleste, lo que motive; lo que haga odiar, rabiar, luchar, crecer, seguir; en fin, lo que cada cual descubra en la palabra”.
“Lo primordial ―finalizó la Dra. Cosilla― es que, para alcanzar lo que queremos, hay que hacer de todo, cualquier cosa menos sentarnos a esperar.”
(Tomado de Cubacine)

Cuarón se va al espacio

Gravity tiene conmocionado a medio pueblo. De Alaska a La Patagonia, todo aquel con acceso a un cine de estreno no para de hablar de otra cosa.Raúl Reyes Mancebo, nuestro pariente en Canadá más querido, ha soltado, sin meditarla demasiado, esta parrafada en su estado de Facebook. A la espera que nuestros diligentes amigos descarguen una buena copia en HD, o que nuestro proveedor de paquetes informativos más cercano pase por la casa, les dejamos esta reseña súbita (el término me lo acabo de inventar y me encanta). Con ustedes, Gravity by Raúl Reyes Mancebo.



Cada cierto tiempo el hombre necesita de una película que le recuerde la existencia de un lugar al que nunca podrá ir pero que le fascina por constitución: el cosmos. De ahí que muchos clásicos del séptimo arte se hayan desarrollado en la estratosfera. Con este empeño (el de devenir clásico) nos llega “Gravity”, de Alfonso Cuarón, la cual, a diferencia de sus predecesoras, nos presenta el espacio…en 3D (suena lógico, ¿no?).

Esta es la historia de una expedición espacial norteamericana que sufre un accidente a causa de residuos de un viejo satélite…ruso. Pero – y esto es lo más importante de Gravity – estamos en presencia de un espectáculo visual de primer orden. Y no de James Cameron o Steven Spielberg, sino de uno de nuestros realizadores latinoamericanos, de esos que nacen condenados a hacer otro tipo de cine (me siento orgulloso de Cuarón). Preparen los Oscars técnicos porque este filme se los llevará absolutamente todos (y quizás el de mejor Director, incluso). Y se los merece completamente. La primera escena es una joya. Más de 15 minutos (quizás más) en las que nos presentan a los personajes, el escenario y el conflicto, todo esto en una sola toma sin cortes y con unos efectos especiales de “¿cómo hicieron eso?”. Esto no es cine: es teatro. Pero teatro en el cosmos y en 3D (una joyita: esa escena es una joyita del cine mundial).

Gravity tiene una historia que no es mala sin llegar a ser excepcional tampoco. Pero intentemos rescatar lo mejor: en un mundo donde la gente se suicida por cosas extremadamente simples, me gusta ver las historias de otros con problemas bastante graves (tanto en el espacio como en sus casas terrestres) luchar denodadamente por algo por lo que se merece luchar: sus vidas.

Sandra Bullock, quien es the one-woman show de Gravity, interpreta bien su papel de mujer traumada que tiene que salvarse a sí misma. Pero sobre todo porque renuncia a su papel de siempre: Sandra Bullock (“soy linda, estoy buena, trabajé en Velocidad y haga lo que haga la gente va a ir a ver mis películas…soy Julia Roberts). Obviamente se tomó el trabajo esta vez de actuar, por lo cual le daremos una nominación al Oscar. Pero no exageremos tampoco: una actriz real hubiese hecho más cosas que ella (denle la oportunidad a Cate Blanchett de hacer ese papel y eso sí sería un Oscar seguro…esperen ¿Cate Blanchett no es ya el Oscar seguro este año?). Uno que sí no tiene perdón de Dios es George Clooney. Ese sí jamás se va a quitar su personaje de George Clooney de encima (“estoy lindo, estoy bueno, tengo el pelo blanco e incluso dirijo…soy Robert Redford). ¿Un galán de pacotilla en el espacio? Salvo amas de casa sin sexo, nadie necesita eso. Odié cada segundo que estuvo en escena y recé en secreto porque algún alien apareciera de pronto y lo matara. Estaba arruinando toda la película. Por supuesto, también lo nominarán al Oscar solo porque es George Clooney y tiene el pelo blanco.

Para recordarnos a otros clásicos del espacio, Ed Harris da la voz del comandante de “Houston” como hizo en Apollo 13, Sandra Bullock necesita escapar en una nave aparte como Sigourney Weaver 30 antes que ella e incluso utiliza un extintor como motor al igual que nuestro siempre querido Wall-E (eso sí es un clásico del cosmos). Olvidemos el maquillaje de Bullock, el cual nunca se cae (¿por qué una astronauta se pintaría los labios en primer lugar?) o el racismo (los chinos no pueden parecer serios: tienen que ser siempre alocados e histéricos) para poder apreciar mejor la película.

En balance general, Gravity es una buena película. Un poco “paquetera” en ocasiones pero esto solo la hace acercarse más a otros clásicos del género (si hay cosmos, tiene que haber “paquete”). ¿Un clásico del género? ¿Por qué no? Solo el tiempo lo dirá. ¿Un clásico de la innovación técnica del cine? Definitivamente. Sobre todo esa primera escena…

Gatsby, DiCaprio y el maldito 3D


Por David Vázquez Abella

No siempre la tecnología cambia nuestras vidas radicalmente, ni siquiera cambia un sector. Por mucho que se empeñen en demostrar lo contrario, el cine 3D no cambió el séptimo arte. Hasta ahora creo que estamos en presencia de un avance tecnológico de la misma magnitud o importancia de la resolución de filmación y proyección, nada más. A estas conclusiones arribé ayer en la noche cuando unos amigos me invitaron –y pagaron- a ver el filme El Gran Gatsby en 3D Manía.

Obviando lo mal diseñada que está la sala de proyección y la mala atención –tema para otro post- trataré de comentarles las impresiones sobre esta obra que algunos ya le auguran premios en los Oscars. Empecemos por la actuación. Leonardo DiCaprio simplemente espectacular, sensacional. Lamentablemente la copia de la película estaba doblada al español y no se pudo apreciar en su totalidad a este actor que desde hace rato viene demostrando que no es solo una cara linda –contrario al sobrevalorado Tom Cruise.

Cercano a los 40 años DiCaprio pone todo su encanto y habilidades como actor a disposición del director y de los espectadores. Por tanto, y como era de esperar, se roba el show. Si alguien quiere saber cómo un actor maltrata a otro que vea a DiCaprio en la escena a la espera de su amada para tomar el té junto a Tobey Maguire.

Al pobre Maguire no le quedaba más remedio que conformarse con estar junto a un grande y poner cara de Spiderman. Por un momento incluso parece que los productores juntaron estratégicamente a DiCaprio junto a Maguire para que el talento brillara aún más comparado con la mediocridad.

Por otra parte la película es buena, no hay dudas. Baz Luhrmann tiene oficio, sabe filmar, pero es una pena que sea tan cheo y chic. Planos y escenas espectaculares se desmoronan junto a la ridícula muerte de Gatsby y el dedo con la gota de sangre de su corazón, por solo citar un ejemplo.

La música muy bien lograda, probablemente también gracias al talento de Jay-Z, uno de los productores del filme.

El 3D, repito, no es gran cosa. No deja de ser un alarde tecnológico que no aporta nada a la historia. Es cierto que impactan las primeras imágenes de los copos de nieve que tal parece caen sobre tu cara, pero pasados unos 10min ya ni te acuerdas. Entre la fotografía y la edición no se nota una coherencia. En ocasiones vemos planos extremadamente insignificantes que solo pretenden alardear de la tercera dimensión mientras que otros con funciones dramáticas, bien logrados y pocos cheos apenas podemos disfrutarlos.

Del montaje no tengo críticas negativas, al contrario. En varias escenas se desataca la labor del editor. Así, se disfruta muchísimo de la secuencia donde Maguire aprecia la ciudad de Nueva York desde una ventana o el final del almuerzo donde DiCaprio quiere anunciarle a Joel Edgerton que su esposa no lo ama. Claro, en esta última sí hay una buena respuesta actoral a la interpretación de Gatsby.

¿Que va a ganar un Oscar el filme? No lo dudo. ¿Qué es una buena película? Sí, y con destellos de grandeza, pero sólo eso.

 Y gracias Leonardo DiCaprio por salvar la obra. 

Encontrando al hombre azúcar


Atrapado en los caminos de la sugestión –una estela de premios a su paso por los festivales y una crítica unánimemente elogiosa- me senté el pasado domingo 9 de junio en la butaca del Chaplin a buscar a Sixto Rodríguez con ansiedad adolescente. Ya conocía la historia, ya había disfrutado las canciones, y sin embargo no pude sustraerme del encanto de estar hechizado por 86 minutos por un cuento extraño e increíble sobre un anónimo y a la vez icónico rockero.

De Detroit a Cape Town, con Searchig for Sugar Man asistimos a un reiterado viaje de ida y vuelta en el que la curiosidad de un par de fanáticos de Rodríguez se convierte en un acto de justicia poética. Canción tras canción se reconstruye el mito, en un admirable ejercicio de recreación histórica que no teme apelar a los más dispares elementos para armar una biografía singular.

Malik Bendjelloul compone una excelente pieza a partir del acertado manejo de los recursos cinematográficos puestos en función de la gran estrella, la historia. En esta obra el guion, con su estructura de novela detectivesca, se lleva las palmas. Los realizadores hacen de la presentación imprevista del dato oculto la partícula dinamizadora de la película, creando un filme que maneja códigos del suspense con una maestría admirable.

Si a esto se le suma una banda sonora deliciosa, armada con las propias canciones de Rodríguez -unos temas duros, descarnados, como el frío desierto y oscuro de las calles de Detroit-, no dude el posible espectador que disfrutará de la experiencia audiovisual y espiritual que es Searching for Sugar Man.
Resulta curioso que semejante fábula permaneciera sin ser contada en el cine hasta ahora; demos las gracias a Bendjelloul que la cuenta, y de qué manera. Se puede argumentar que hay anécdotas y poses efectistas en la narración, pero qué es la historia del rock si no una sucesión de mitos increíbles.

Con tantas sorpresas y asombros que depara el filme, prefiero no detenerme en un texto como este en detalles de la historia para que el espectador descubra la suerte de Sixto Rodríguez, un hombre que cantó a las durezas de su Detroit y sin quererlo se convirtió en un símbolo de la lucha contra el apartheid.