Se va el pregonero

Surca las calles sin rumbo aparente, su destino es el próximo producto vendido Mientras queda mercancía, su voz resuena entre la gente, siempre con la frase ingeniosa a punto, la ocurrencia que arranca sonrisas al posible comprador.

El pregón, y su culpable, el pregonero, se han anclado en lo más profundo de nuetras tradiciones, desde aquellos negros y mulatos libres que, en tiempos de la colonia, ofrecían la fruta fresca y el zumo refrescante.

En los parques, en las guaguas, el pregón es la voz cálida que busca el bolsillo; eternas, imprescindibles notas de la sinfonía urbana.


Este pequeño texto fue para un trabajo de Periodismo Audivisual. Me parece que tiene algo tierno, una especie de añoranza por una de nuestras tradiciones perdidas.