No prenderemos la pólvora

Para Karel, Tamara y Disamis. Para el resto de la tropa

Este año no hubo llamadas ni correos electónicos. Este año no revisé la agenda buscando quién estaba disponible para jugar a hacer un mini periódico que nos gustaría leer. Este año Tamara y yo no tuvimos que pasarnos 48 horas seguidas viéndonos las caras/queriéndonos/odiándonos mientas intentábamos que cupiera una programación infinita en una gaceta de 8 páginas. Este año no mejoraremos nuestro tiempo de edición ─que luego de una desastrosa primera vez, en la que nunca pudimos bajar de las doce de la noche, empezamos a acumular mañas, y entrar triunfantes por la puerta del poligráfico a las 9:00 pm nos parecía cosa de niños. Este año no seré un glitch en las reuniones del Comité Organizador, ese muchachito que parecía el hijo de alguien que se colaba en las mañanas para coger el pan y el refresco del desayuno. Este año no iremos a tomarle el café a Curbelo, ese tipo que admiro tanto y con el que nunca me he sentado a conversar con la tranquilidad suficiente. Este año no tendré a Karel y su humor caótico y perenne, esa coraza con la que el funcionario sobrevivía mientras el poeta estaba en la sombra. Este año no habrán reflexiones solitarias a las 7 de la noche en el muro de La Cabaña. Este año no prenderemos la pólvora de El Cañonazo.

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Un día cualquiera de la redacción de El Cañonazo, en el año 2014. Foto: Kako

 

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Adiós verano

Sin saber bien cómo, se me escurrieron los días de vacaciones. Primero un mes alejado de la ciudad; si bien los 25 días que estuve en Televisión Serrana realizando mis prácticas de periodismo audiovisual no fueron agobiantes, para nada. La estancia en la intrincada región oriental me sirvió para descubrir ese mundo más allá de las fronteras de nuestra capital, tan diferente a mi entorno cotidiano. Pude disfrutar de la ingenuidad del campesino, esa que está a punto de desaparecer bajo el influjo de lo moderno que troca la mano franca en mano interesada. Amanecí con la vista de un paisaje de lomas superpuestas y ríos serpenteantes, sonidos de herrerías y pájaros silvestres. Compartí con un colectivo maravilloso, hecho a la medida del magnífico lugar en que realiza su trabajo. Terminado el período, retorné a mi ciudad. Seguir leyendo

La primera piedra

Adentrándome en este mundo digital, desoyendo consejos (ya sabemos a qué no llegaré), me propongo descargar mis demonios en este pequeño espacio que espero no sea más que eso, un pequeño especio. A nada aspiro (porque nada ofrezco) salvo el humano alivio de trasladar mis penas y mis glorias a otro rincón de esta galaxia. Ni tengo idea de que irá esto; aquí se superpondrán poemas, crónicas, notas oficiales del Consejo de Estado, canciones mías y prestadas, todo un universo de palabras que conforman este yo que no quiere perder la oportunidad de ver un “otro yo”, ahora en la red. Saludos a todo el que, voluntariamente o no, caiga en estas líneas. La provocación está hecha. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.