El archipiélago en el bosque

Al final nos pasa lo que al oficial de investigaciones de la Kebushi, que por tener versiones de la película tenemos hasta la del muerto. Por eso ahora hasta las once mil vírgenes comentan sobre qué debemos hacer a propósito del enrumbe de la economía cubana. Y hay que joderse, porque eso significa hacer política, escuchar a las once mil vírgenes y luego sortear entre lo querible y lo posible. Y aceptar las críticas. Y reconocer los errores. Y aprender de todo eso. ¿Tan oyendo, querid@s dirigentes míos?

Abstract Painting. No.43. por Robert West
Abstract Painting. No.43. por Robert West

En materia cultural prohibir nunca es la solución

nota informativa en 3d otra

Ayer conversaba con unos amigos acerca de lo poco que la mayoría de los blogs cubanos se parecen a los blogs, que en vez de refugios de las subjetividades se convierten casis siempre  en plataforma pública para discusiones políticas. Yo la verdad quisiera escribir en el blog solo de mis alegrías y tristezas personales, pero como Granma no tiene páginas de op-ed (Ediciones Martes, ya llegará tu día) no tengo otro remedio que descargar acá mis pareceres.

Me he despertado con la noticia de que serán clausuradas las salas de 3D y de videojuegos y la verdad es que todavía no me lo acabo de creer. Alguien parece que ha olvidado las lecciones de la historia; en materia cultural prohibir NUNCA es la solución. Prohibir es el recurso del impotente, del mal político, del inhábil; prohibir demuestra más o menos explícitamente la falta de capacidad de un gobierno para encontrar soluciones efectivas y duraderas a los problemas.

En el año 1968 el gobierno cubano decidió asumir como un enemigo del desarrollo del proyecto socialista la pequeña propiedad privada. Uno de los resultados a largo plazo que trajo este hecho fue el embotamiento progresivo de la capacidad de emprendimiento de los cubanos y una sociedad sin emprendedores es una sociedad gris, aburrida, sin mencionar económicamente sin esperanza.

¿De qué va esta prohibición, tiene su origen en el aparato burocrático–económico o en la política cultural?  Si es lo primero caemos en uno de los problemas centrales de este nuevo plan económico para salvar al país.

A contrapelo de la letra de los Lineamientos, que insisten en el reconocimiento y promoción de otras formas económicas –cuentapropismo incluido- “que pudieran surgir para contribuir a elevar la eficiencia.” (pág. 5; pág. 10), el decreto Ley no. 274 expresa en su actualización del artículo tres del decreto-ley 174/97, (“De las contravenciones Personales de las Regulaciones del trabajo Por cuenta propia”):

“Artículo 3.-Contravendrá las regulaciones del trabajo por cuenta propia y se le impondrá la multa, al que:

1.-ejerza una actividad que no está legalmente autorizada, quinientos (500.00) o mil quinientos (1 500.00) pesos.

(…)

15.-comercialice o exhiba productos distintos de la actividad o actividades para las que está autorizado como trabajador por cuenta propia, cuatrocientos (400.00) o mil doscientos (1 200.00) pesos”

Mientras el gobierno cubano se dedica a aprobar por decreto qué actividades puede o no hacer el individuo –cuando la realidad es que si no implica contratación de mano de obra, uno debiera tener el derecho de ganarse la vida en el marco de la ley como le viniera en gana, no importa si arreglando chancletas o creando aplicaciones computacionales- son elocuentes las perspectivas de que nuestro país se convierta en un paraíso para los inversores extranjeros,  fenómeno al que sí deberíamos mirar con el recelo y la cautela con que se desgastan ahora cazando los cines 3D.

A mí la verdad es que no se me había perdido nada en las salas de juego, y el pionero comunista que llevo dentro se negaba a pagar dos, tres y cinco CUC por ir a ver una película en 3D, aunque me costara no participar en las animadas conversaciones al respecto. Pero yo no iba por una decisión personal, porque los videojuegos me aburren después de media hora, porque considero que tengo demasiado que leer y ver en mi propia computadora como para arriesgarme a una decepción, CUC mediante. Pero mi decisión es personal, a partir de mis valores, creencias, gustos, ganas, no porque alguien me impuso la decisión de que no podía ir.

Si el ICRT transmite indiscriminadamente productos basura traídos de todas partes todo el tiempo, si por lo que ha mostrado hasta ahora Cantándole al Sol será en su nueva temporada un peligroso remedo de La Voz Kids, si Piso 6 y Lucas son embajadores de la industria cultural más reaccionaria, si PMM y Habanashow son unos monstruos incontenibles que imponen y reprimen tendencias culturales a su antojo como los verdaderos embriones de Sony, Universal y MTV que son, ¿con qué legítimo derecho puede venir alguien a decirme que las salas 3D y de juegos no son coherentes con la política cultural cubana?

Los salas de cines 3D, desperdigadas por toda la capital y en unos cuantos municipios del país, han logrado un imposible para el Ministerio de Cultura, revivir los cines de barrio. Hoy día, siempre que cuente con el dinero necesario, no lo olvidemos, una persona que viviera en Punta Brava, o en Lawton no tenía que desplazarse al perenne Vedado para ver con cierta calidad –según me han dicho- una película. Si algún mérito tiene la pequeña iniciativa privada es la movilización de la localidad, que va desde la contratación de fuerza de trabajo hasta el involucramiento en proyectos colectivos para el desarrollo local. Y en este sentido estos nuevos cines de barrio han devuelto un poco de vida a comunidades en las que si su gente quería divertirse tenía que peregrinar hasta el cordón Playa-Vedado-Centro Habana-Habana Vieja, donde se concentran la mayoría de los eventos culturales de la capital, para hablar del caso que mejor conozco.

Que no existe regulación sobre lo que se reproduce en esos espacios, cierto. Pero si queremos de verdad tener un país mejor que no sea esclavo de pensamiento sentémonos a debatir, pública y colectivamente, sobre una regulación legislativa de los medios, algo necesario y que va mucho más allá que de la clausura por decreto de espacios en los que más de un cubano dejó los ahorros porque él también, como el socialismo que está de moda, quería ser próspero.

Cochero pare, pare cochero

Sucede que a veces me despierto con ganas de penetrar lánguidamente en mi ciudad -como esos haikus  otoñales que hablan de apacibles hojas caídas- y esta me recibe en una desenfrenada orgía de ruidos. Nótese que digo ruidos y no sonidos; no pretendo que la cosmopolita dama sea un bucólico remanso. Es más, entiendo perfectamente que los autos, el denso rumor de la muchedumbre y la música de algún vecino demasiado generoso  se superpongan para conformar esa pieza simpar que es la sinfonía urbana. Pero mis torturados oídos se resisten a asimilar la idea de que el transporte urbano sea una extensión altoparlante de las preferencias musicales de sus choferes.

En esos días un tanto pálidos fantaseo con la idea de subir a alguna guagua y descubrir un relajante instrumental. Sin ofender, pero no es precisamente CMBF o Radio Enciclopedia lo que se escucha a bordo de nuestros ómnibus. Vamos, que ya que me imponen la música, por qué no dejan descansar a Gente de Zona y Los 4 y ponen en su lugar un poco de jazz, los Van Van o Matamoros, qué se yo. Pero no, me acogen las mismas canciones de las discotecas, de la radio, de la televisión, de los mp3; los mismos 10 temas de siempre me machacan el cerebro con su odiosa ubicuidad.

Reconozco que tengo cierto vicio de hallar conspiraciones en todo, pero tras escuchar ese repertorio, la sospecha de un acuerdo entre reguetoneros y  conductores no me parece una idea tan descabellada, algo como “te doy 5 cuc por cada viaje que des con mi disco puesto”.

Más allá de mis recelos, pareciera que la Dirección Provincial de Metrobús, orientada por quién sabe qué oscuro departamento, distribuye a sus choferes una compilación con las canciones del momento. Y ay del que no lo ponga. Ay del que se descubra que estaba oyendo Segunda Cita en lugar del Pa-pa-namericano (sic tal cual lo entienden mis oídos). Si por alguna razón justificadísima, el chofer no anima a sus pasajeros con la música (el pobre, los mira con pena, como disculpándose por no promocionar lo último de Osmany García), siempre hay dos o tres bocinas ambulantes que salen en su ayuda. Para que nadie sufra del insoportable silencio, estos DJ’s Sin Fronteras se apostan a lo largo de la guagua. Con su contribución, podemos escuchar en una ventanilla “chupa que te queda” y junto a la puerta “páfata, esto es un palo por la cara”. ETECSA debiera subsidiar los audífonos de celulares, antes de que estos personajillos terminen por desquiciarnos.

En la ciudad, con su ajetreada vida, es normal que nuestros sentidos se emboten. Gracias a esta bien implementada campaña contra el silencio, ahora también se embota el intelecto.

¿Quedará algún inspector vivo, o descansan todos en el panteón de la prehistoria, junto a las buenas costumbres y los muñequitos rusos? me pregunto en esos días.


A falta de algún video de reguetón sobre el tema, les dejo este de los muchachones de Zeus

Cuando el campesino regresa a la tierra

Persigo los comentarios publicados por Ronquillo en el periódico Juventud Rebelde. Me parecen unas de las reflexiones más lúcidas que realizadas en estos momentos tan definitorios para nuestro país. Aquí va una sobre qué hacer para recobrar al campesino, tomada integramente del periódico Juventud Rebelde. Seguir leyendo