Un programa de radio no apto para hipertensos

Aunque había visitado en un par de ocasiones la ciudad, con  la invitación de Leydi es me adentro por primera vez en Santa Clara. Apenas fue un corto fin de semana, pero caminé por unas calles con aceras ridículas, visité 3 librerías en las que recaí en mi viejo de comprar libros  (aunque me juré deshacerme de al menos 50 en el 2013), me asomé a 3 iglesias, 2 logias masónicas, un café literario inexplicablemente cerrado, la sede provincial de la UNEAC con sus canecas bellamente retocadas, una dulcería económica y disfrutable; espacios palpables y humanos que raramente aparecerán en las guías de turistas bajo esta descripción.

Entre el montón de cosas que nos unen a Leydi y a mí, el periodismo salta evidente. Buena parte de nuestras conversaciones giran en torno al agónico oficio, como diría Pepe Alejandro, uno de esos periodistas que ella tanto admira. Hablamos del desafío que significa empeñarse en ser un periodista en provincia, de las amarguras de no tener un lugar en dónde publicar la palabra sin cortapisas, de las mediocridades tristemente comunes en nuestra profesión.

-Te voy a poner un programa de radio, se llama Alta Tensión, lo transmiten los sábados de 4:00 a 6:00 pm.

Que la radio es uno de los oasis de la comunicación en Cuba es una frase manida pero que a cada rato se confirma. Cuando llegó la hora, encendió la radio y durante 160 minutos me vi enfrentado a un programa extrañísimo, con un conductor chispeante, que no tiene problema en cuestionar a los funcionarios llevados a la emisora; un programa al que llaman oyentes con sus dolores reales que no entienden de estadísticas ni respuestas burocráticas, un programa (¡oigan ustedes que locura!) de periodismo.

Hasta ese día no había oído hablar de Abel Falcón, un tipo que se empeña en hacer periodismo en tiempos de asepsia. No creo que Falcón sea un héroe, ni un personaje de leyenda, es un hombre al que -según intuí- le late el pecho cuando camina, que sabe que una risa descalificadora soltada a tiempo vale más que un editorial, que una pregunta bien hecha no necesita mejor respuesta que el silencio acusador del jefe de turno. Falcón es un reportero haciendo uso de su poder, recordándonos que la política es una cosa pública, expuesta, cuestionable.

Aclaraciones sobre Laboratorio Casa Cuba

logo casa_cubaLos perros ladran, las traseros se mueven inquietos en los asientos, incapaces de entender cómo es posible articular la defensa de la soberanía de un país con criterios divergentes. Por esas y otras razones Espacio Laical publica este texto explicativo, un texto que ojalá no hubiera sido necesario, pero que merece toda la difusión posible, para que los cubanólogos (de aquí y allá, que en este lado del Malecón hay unos cuantos, aún cuando sus objetivos sean opuestos) respiren inquietos o aliviados, según sea su signo.

Claves para leer el documento Cuba soñada-Cuba posible-Cuba futura: propuestas para nuestro porvenir inmediato

El Laboratorio Casa Cuba nace luego del diálogo sostenido, en las páginas de la revista Espacio Laical, entre los juristas Julio César Guanche y Roberto Veiga González, sobre la democracia en Cuba. La gran mayoría de las personas que integran el Laboratorio han participado y dialogado en las páginas y eventos auspiciados por la revista. Los editores de Espacio Laical, con el debido consentimiento de la entidad a la que pertenece dicha publicación, han contribuido a la institucionalización del equipo, el cual opera como un grupo de trabajo cuyos condicionamientos sólo provienen de las convicciones de quienes lo integran.

Sin embargo, el Laboratorio no es un proyecto católico. Entre sus integrantes hay marxistas críticos, socialistas republicanos, anarquistas y católicos. No obstante, a los miembros del colectivo nos une el resuelto compromiso con los destinos de Cuba; un patriotismo que se concreta en la realización de la dignidad humana, en la socialización de la  riqueza, en la consecución de una democracia plena, en la búsqueda del clima propicio para lograr la mayor estabilidad en el proceso de cambios que vive la nación, y por el resuelto rechazo –con base en la defensa inclaudicable de la soberanía nacional y popular de la Patria- a los mecanismos de presión y desestabilización política sobre Cuba, como son los que se sostienen sobre el andamiaje de la Ley Helms-Burton y el Bloqueo de Estados Unidos, así como la Posición Común europea.

El objetivo del Laboratorio Casa Cuba es estudiar la institucionalidad cubana y hacer sugerencias para su mejoramiento, así como socializar el estudio y el debate sobre estos temas. Está integrado, hasta ahora, por los investigadores Julio César Guanche, Julio Antonio Fernández, Dmitri Prieto, Miriam Herrera, Mario Castillo, Roberto Veiga y Lenier González.

El documento Cuba soñada-Cuba posible-Cuba futura: propuestas para nuestro porvenir inmediato, hecho público recientemente, pretende aportar herramientas que contribuyan a intensificar el debate sobre la institucionalidad cubana. Este diálogo se viene realizando entre cubanos, en la Isla y en el extranjero, por medio de espacios oficiales y no oficiales. Los integrantes del Laboratorio pensamos que ese intercambio de opiniones y propuestas ha de llegar a sintetizar las aspiraciones colectivas de la nación y concretarse en el proceso de reforma constitucional ya anunciado por el presidente Raúl Castro, así como en el creciente movimiento auto-organizativo del propio pueblo cubano, en sus diversos espacios, acorde con sus múltiples y también diversas preocupaciones sociales. Quienes integramos este equipo de trabajo acompañaremos creativamente este camino, investigando, haciendo sugerencias, promoviendo la reflexión y el diálogo respetuoso, y facilitando nuestros modestos medios para aportar al consenso nacional, sin otro “título” que el der ser ciudadanos cubanos preocupados por el bien de nuestro país y de nuestros compatriotas.

Tal ha sido el propósito de dicho documento, que tiene un formato particular porque intenta esbozar tópicos del ordenamiento institucional que han sido largamente consensuados por un grupo de cubanos y cubanas con pensamientos diferentes.

Reconocemos que el documento hecho público es eminentemente político, y sobre todo propositivo al tratar de la institucionalidad del país. En él recogemos propuestas no exhaustivas, que deben ir creciendo también hacia otros ámbitos (economía, cultura, educación, ética) en la medida en que se avance en el debate. Sin embargo, hemos procurado usar modos apropiados a la naturaleza del Laboratorio, que no son los que suelen utilizar las plataformas políticas particulares. No pretendemos que nuestro conjunto de criterios compita con otras visiones y se imponga. No aspiramos a monopolizar el debate nacional sobre el tema. No deseamos ser los guías de dicho proceso de discusión pública. Solo ambicionamos aportar y servir. En tal sentido, no somos un partido político, ni un movimiento social, ni una plataforma programática. Pero tampoco somos un hermético cenáculo, aislado de nuestra convivencia cotidiana entre tantos cubanos y cubanas que buscan respuestas para mejorar sus circunstancias actuales.

Por esto último, partimos del hecho de que la responsabilidad social es propiedad común del pueblo, y no dejamos de remitirnos a la política de la nación como a uno de los recursos de que disponemos para construir colectivamente el orden en el que queremos vivir. De ahí que hagamos estas propuestas para promover su debate, y para que puedan crecer en compañía de otras sugerencias.

El Laboratorio Casa Cuba, inspirado en la bella metáfora de monseñor Carlos Manuel de Céspedes, seguirá contribuyendo humildemente al bienestar de la patria cubana.

(Tomado de Espacio Laical)

Apuntes personales para el Noveno Congreso de la UPEC

Periodismo de investigación… es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativo y documentado posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa; de la neutralidad, los suizos; del justo medio, los filósofos, y de la justicia, los jueces. Y si no se encargan, ¿qué culpa tiene el periodismo?”

Horacio Verbitsky

ADALBERTO ROQUE / AFP/Getty Images
Foto: Adalberto Roque / AFP/Getty Images

Yo no seré delegado del Congreso de la UPEC (ni siquiera soy miembro de la UPEC). Atrás en las anécdotas quedaron los días románticos en los que un Miguel Barnet casi adolescente era testigo presencial en el vórtice de los debates culturales de la Revolución Cubana. Pero hace varios años perrunos que me siento periodista (y como me recordara Elaine, el periodismo es una profesión de servicio público, y la información un derecho), así que me siento habilitado para dialogar sobre esas cosas que al gremio duele.

Un comentario bastante común en el ámbito es que la única ventaja que tiene ser miembro de la UPEC es el posible otorgamiento de teléfono e Internet, lo que no es poca cosa en este tercermundista archipiélago. Valdría la pena hacer la prueba de si se quitara esta prebenda, cuántas personas seguirían solicitando su ingreso a la organización.

La UPEC (en teoría) regula la actuación de sus miembros a través del Código de Ética y de sus Estatutos, pero una revisión de los documentos deja en claro que este marco normativo es sumamente endeble, considerando sobre todo la inexistencia de un correlato jurídico, esa dichosa Ley de Prensa que tantos sentimientos encontrados despierta. En lo personal desearía que esa Ley viniera aparejada con el surgimiento de una institución encargada específicamente de la regulación estatal de los medios, algo más concreto y objetivable que el difuso encargo del Departamento Ideológico.

El poder real de la UPEC escaso; para mí es especie de PEN Club sin dinero ni autoridad que lo único que le queda es la subordinación a poderes mayores. De ahí que se desgañiten sus miembros congreso tras congreso repitiendo la necesidad urgente de corregir los problemas del modelo de prensa, urgencia que, bien mirada, hace mucho le pasó la cuenta al periodismo cubano porque data 196…

Los problemas de la UPEC como organización se pudiera decir que son los del resto de las organizaciones de toda laya de nuestra sociedad – CDR, CTC, UJC…, la lista es larga y harto conocida-, problemas que requieren solución si no quieren despertar sus dirigentes un día con la noticia de que viven en otra dimensión, algo que ha venido sucediendo en los últimos 15 años y de lo que no parecen dar cuenta sus consejos ampliados, congresos, conferencias y etcéteras.

Me gustaría ver, por ejemplo, una UPEC que tuviera la capacidad de confrontar a las direcciones de los medios de prensa; una UPEC que repudiara públicamente el pésimo periodismo que campea en el país y sus responsables a todos los nivels; una UPEC que tuviera el valor de declarar desierto los premios nacionales José Martí y Juan Gualberto Gómez hasta que alguien lo merezca por su trabajo y no por sus arrugas; una UPEC que promoviera vías para hacer económicamente sustentable el ejercicio periodístico del reportero, y no que este deba hacer 5 colaboraciones (¡en los mismos medios estatales!) para sobrevivir; una UPEC, vaya, que de ganas de pertenecer a ella por algo más que un número de teléfono y una cuenta de Internet.

A lo mejor todo esto son locuras mías y debo dejar a la UPEC seguir en los suyo; a lo mejor debo halar el bejuco, invitar a Alejandro Rodríguez, Carlos M. Alvárez, Javier Montenegro, David Vázquez y a otros equivocados, a crear una upec, así, pequeñita, sin tanto congreso ni premios, pero auténticamente nuestra.

El excesivo celo de la ley

La ilegalidad tiene quien la contenga, pero el pseudo-periodismo al parecer no es tan afortunado. El jueves 24 de enero en la página 8 del periódico Granma ha salido un reportaje que diera risa de no incluir unos detalles aún más preocupantes que el hecho que se le dedique una página entera de la deprimida prensa nacional al robo y daño de los tanques de basura habaneros. Leer Más

¿Cubanos por el mundo?

El 16 de octubre quedará en la historia de la prensa en Cuba como el día en que el periódico Granma costó 10 pesos el ejemplar. En la portada del Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba apareció (¡finalmente!) la aprobación de las modificaciones de la ley migratoria en Cuba. Ansiado y necesario paso este (en pleno ambiente de elecciones) el de la eliminación de la Carta de Invitación y de la solicitud del Permiso de Salida de manera general.

Sin el menor asomo de prisa y sí con extenuantes pausas, a pasos entrecortados, han venido concretándose una serie de cambios correspondientes a la actualización del modelo económico y social (y también político, aunque no lo recoja el nombre); algunos elementales subsanaciones de carácter impostergable si se pretendía la sobrevivencia del proyecto social, otros, inexplicables y brumosos. Leer Más