Notas sobre el documento “Cuba soñada-Cuba posible-Cuba futura” del Laboratorio Casa

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por Juan Valdés Paz

En días pasados, el Laboratorio Casa Cuba (LCC) dio a conocer el documento titulado ―Cuba soñada-Cuba posible-Cuba futura, con el propósito declarado de promover un amplio debate sobre alguna ―propuestas para nuestro porvenir inmediato.

El autor colectivo de este documento es un grupo de intelectuales cubanos, de diferentes corrientes ideológico-políticas (1), pero igualmente comprometidos en la prosecución de las metas históricas de la nación cubana de independencia, desarrollo socio económico sustentable, desarrollo democrático y justicia social.

El motivo aparente de esta iniciativa se encuentra vinculado al anuncio oficial de futuros cambios constitucionales, apenas en estudio por una Comisión creada al efecto, oportunidad que se entiende extraordinaria por parte de los ponentes, todos los cuales ven esa reforma como la oportunidad de que se constitucionalicen principios, derechos e instituciones que anticipen y sirvan de marco a una reforma más generalizada de la sociedad cubana actual.

Mi lectura de este texto me ha suscitado, como a otros tantos lectores, coincidencias, divergencias y estímulos sobre los temas tratados en sus propuestas y sobre otros tanto concernidos.

De hecho, tendría comentarios que hacer acerca de cada una de sus propuestas, pero me limitaré ahora a presentar solo algunas notas generales sobre el documento en su conjunto.

Nota I. Legitimidad

Lo primero en que me parece necesario detenerme y refrendar, es la legitimidad de este documento. No solo se trata de un derecho inalienable de sus autores en producirlo y divulgarlo acorde a las reglas de ―la manera correcta, en el momento oportuno y en el lugar adecuado‖, es decir, por escrito, ante la convocatoria pública y en el marco de una asociación cubana (el LCC), sino que el documento responde a la convocatoria del primer secretario del PCC y presidente de la República a debatir, criticar, hacer propuestas y mantener sus opiniones, como parte del deber cívico de los ciudadanos y como deber de los revolucionarios inconformes. Eventos como el VI Congreso del PCC y su Primera Conferencia Nacional, refrendaron estas orientaciones, cuando no demandas.

Esta legitimidad debería evitar el surgimiento de posiciones ―duras‖ orientadas a descalificar a los autores, en lugar de responder a su solicitud de debatir con opiniones fundamentadas sus propuestas.

Pero además de legítimo, este documento se coloca en la estela de transformaciones de la sociedad cubana que la implementación de los Lineamientos para la actualización del modelo económico, trae consigo. Tales transformaciones darán lugar a la reforma del actual modelo económico y a la instauración en el mediano plazo, de un nuevo modelo actualmente en estudio; y eventualmente, a la reforma de los modelos político y civil de la transición socialista cubana.

Consecuentemente, este documento forma parte del escenario conformado por las reformas en curso.

Nota II. Sobre las proposiciones

El preámbulo del documento da cuenta de las intenciones de los autores aunque el documento mismo —apenas 5 páginas y 23 propuestas— aparenta un diseño orientado a favorecer el consenso entre los autores y eventualmente, entre sus lectores. De esta manera, la redacción de cada propuesta se presenta concisa y puntual, abarcando un número limitado de temas y utilizando una terminología menos técnica que literaria. Obviamente, la intención de los autores es propiciar un amplio debate sobre estos temas y construir una opinión pública consensuada sobre el sentido de una futura reforma constitucional y de una mejor aplicación de la actual. Aunque, con matices, coincido con algunas de las propuestas de los autores, no obstante, me parece útil anticipar algunos comentarios críticos acerca de su enfoque, que pueden contribuir a su discusión.

1.- El título del documento, además de ser más pretensioso que sus propuestas, anticipa una de las imprecisiones que en mi opinión lo lastran: la falta de una ―Cuba presente‖. Obviar el diagnóstico de la Cuba actual puede haber favorecido el acuerdo entre los autores sobre los ―cinco pilares‖ y aún pretender propiciar el de los lectores, pero en mi opinión los estorbará en el mediano plazo, puesto que encubre el objeto sobre el cual se quieren realizar estas propuestas.

Al respecto, el documento es omiso en caracterizar a la sociedad realmente existente a la que implícitamente se quiere mejorar. No es posible, en mi opinión, soslayar que la sociedad actual cubana es la surgida de la Revolución, bajo un proyecto de transición socialista (no capitalista) con más de cinco décadas de inmensos logros y numerosos malogros. Esta sociedad, sobre la cual los

autores proponen edificar sus pilares, tiene entre sus características: estar subdesarrollada; hallarse en situación de crisis económica en la que concurren numerosas ineficiencias internas pero sobre todo, determinantes externas; ser hoy un escenario de reformas económicas, pero acotadas por el modelo de transición socialista vigente; y permanecer bajo la hostilidad de los Estados Unidos, superpotencia comprometida oficialmente en revertir el proceso revolucionario y en restringir la soberanía de la nación.

Pero una mayor omisión es el posicionamiento expreso de los autores sobre el poder político y social constituido en la sociedad cubana —causa primera de cuanto queramos cambiar en ella— originado y reproducido en una experiencia histórica de más de medio siglo y al cual habría que interrogar en el sentido de: qué poder o poderes existen; al servicio de quiénes; quiénes lo detentan; cómo se controla por la sociedad, etc. Es importante retener que con todas sus limitaciones, el poder en Cuba ha estado al servicio de las grandes mayorías del país.

2.- Respecto de la definición de República de la que se parte, quisiera precisar que la República es el orden que se da la sociedad mediante el ejercicio de la soberanía popular, la que se expresa mayoritariamente; en este sentido, ―público‖ y ―sociedad‖ son equivalentes. Este orden republicano, democrático por definición, abarca tendencialmente a todos los sistemas y a todas las instituciones: desde el Estado hasta la familia, desde el centro laboral hasta la escuela, desde los institutos armados hasta las asociaciones civiles, etc.

Pero la sociedad no solo tiene un orden sino también un proyecto de sociedad-nación, proyecto que puede ser de todos, es decir, de la mayoría; o el de una minoría. Por extensión, este es el proyecto de desarrollo de la República. Ambos, orden y proyecto, se basan en valores que el primero preserva y el segundo promueve.

3.- Considero que el mayor mérito del documento está en poner en el centro de sus propuestas la aspiración a un mayor desarrollo democrático, desarrollo del que dependerá, cada vez más, la legitimidad del régimen revolucionario; el consenso ciudadano sobre el proyecto de nación; y la creación colectiva de soluciones a los desafíos planteados a la viabilidad económica, política, social y cultural, de dicho proyecto.

Sin embargo, no cabe que en las actuales condiciones supongamos un orden social o de la República sin restricciones, de facto o de iure, a los derechos universales; realidad presente y menos justificada en todas las sociedades del planeta. Pero el reconocimiento de la necesidad de ciertas restricciones al desarrollo democrático en un escenario defensivo no quiere decir que estas no conlleven el control democrático de tales restricciones, las que deben estar siempre sometidas a fundamentación, temporalidad, consulta pública, consenso y rendición de cuenta.

4.- El documento es más un emplazamiento al poder del Partido–Estado que al conjunto de la sociedad, de sus sujetos y actores; aunque ello se justifica por la asimetría de poderes políticos y sociales existentes. Si bien la distribución de poderes debe ser el núcleo duro de las propuestas, no se debe perder de vista que un mayor empoderamiento de los grupos y personas no suprimirá necesariamente las asimetrías, aunque las modere. Por tanto, el control efectivo por parte de la ciudadanía sobre todas las posiciones de poder y sus titulares, me parece ser la clave de un mayor desarrollo democrático en lo inmediato.

Nota III. Sociología política

Los autores del documento le han dado a sus propuestas el carácter de “urbi et orbi” y han previsto el necesario y útil debate sobre las mismas. No obstante, no debemos dejar de observar que los ponentes son parte de la quinta generación política surgida en el período revolucionario y que los destinatarios fundamentales de las mismas están entre la cuarta y la sexta de esas generaciones, las que ocuparán las fundamentales posiciones de poder en el mediano plazo. 

De lo anterior se sigue que la recepción de estas propuestas por los más diversos grupos de esas generaciones, principalmente el de los políticos e intelectuales, es la meta por alcanzar. En este sentido, las críticas oficiales u oficiosas a estas propuestas y el temor al debate que ellas puedan propiciar, además de la miopía habitual, estorbarían unos de los instrumentos más idóneos y de las oportunidades más tempranas de reconstruir el consenso de la nación sobre un proyecto de futuro.

Entiendo que si las primeras generaciones no propician por parte de las nuevas, este balance histórico de aciertos y errores de la Revolución, así como favorece el debate de sus propuestas para mejorarlo, la continuidad de la Revolución estará en riesgo y, como prueban otras experiencias socialistas, ese balance se hará a destiempo o ya post mortem.

(Tomado de Revista Temas)

Aclaraciones sobre Laboratorio Casa Cuba

logo casa_cubaLos perros ladran, las traseros se mueven inquietos en los asientos, incapaces de entender cómo es posible articular la defensa de la soberanía de un país con criterios divergentes. Por esas y otras razones Espacio Laical publica este texto explicativo, un texto que ojalá no hubiera sido necesario, pero que merece toda la difusión posible, para que los cubanólogos (de aquí y allá, que en este lado del Malecón hay unos cuantos, aún cuando sus objetivos sean opuestos) respiren inquietos o aliviados, según sea su signo.

Claves para leer el documento Cuba soñada-Cuba posible-Cuba futura: propuestas para nuestro porvenir inmediato

El Laboratorio Casa Cuba nace luego del diálogo sostenido, en las páginas de la revista Espacio Laical, entre los juristas Julio César Guanche y Roberto Veiga González, sobre la democracia en Cuba. La gran mayoría de las personas que integran el Laboratorio han participado y dialogado en las páginas y eventos auspiciados por la revista. Los editores de Espacio Laical, con el debido consentimiento de la entidad a la que pertenece dicha publicación, han contribuido a la institucionalización del equipo, el cual opera como un grupo de trabajo cuyos condicionamientos sólo provienen de las convicciones de quienes lo integran.

Sin embargo, el Laboratorio no es un proyecto católico. Entre sus integrantes hay marxistas críticos, socialistas republicanos, anarquistas y católicos. No obstante, a los miembros del colectivo nos une el resuelto compromiso con los destinos de Cuba; un patriotismo que se concreta en la realización de la dignidad humana, en la socialización de la  riqueza, en la consecución de una democracia plena, en la búsqueda del clima propicio para lograr la mayor estabilidad en el proceso de cambios que vive la nación, y por el resuelto rechazo –con base en la defensa inclaudicable de la soberanía nacional y popular de la Patria- a los mecanismos de presión y desestabilización política sobre Cuba, como son los que se sostienen sobre el andamiaje de la Ley Helms-Burton y el Bloqueo de Estados Unidos, así como la Posición Común europea.

El objetivo del Laboratorio Casa Cuba es estudiar la institucionalidad cubana y hacer sugerencias para su mejoramiento, así como socializar el estudio y el debate sobre estos temas. Está integrado, hasta ahora, por los investigadores Julio César Guanche, Julio Antonio Fernández, Dmitri Prieto, Miriam Herrera, Mario Castillo, Roberto Veiga y Lenier González.

El documento Cuba soñada-Cuba posible-Cuba futura: propuestas para nuestro porvenir inmediato, hecho público recientemente, pretende aportar herramientas que contribuyan a intensificar el debate sobre la institucionalidad cubana. Este diálogo se viene realizando entre cubanos, en la Isla y en el extranjero, por medio de espacios oficiales y no oficiales. Los integrantes del Laboratorio pensamos que ese intercambio de opiniones y propuestas ha de llegar a sintetizar las aspiraciones colectivas de la nación y concretarse en el proceso de reforma constitucional ya anunciado por el presidente Raúl Castro, así como en el creciente movimiento auto-organizativo del propio pueblo cubano, en sus diversos espacios, acorde con sus múltiples y también diversas preocupaciones sociales. Quienes integramos este equipo de trabajo acompañaremos creativamente este camino, investigando, haciendo sugerencias, promoviendo la reflexión y el diálogo respetuoso, y facilitando nuestros modestos medios para aportar al consenso nacional, sin otro “título” que el der ser ciudadanos cubanos preocupados por el bien de nuestro país y de nuestros compatriotas.

Tal ha sido el propósito de dicho documento, que tiene un formato particular porque intenta esbozar tópicos del ordenamiento institucional que han sido largamente consensuados por un grupo de cubanos y cubanas con pensamientos diferentes.

Reconocemos que el documento hecho público es eminentemente político, y sobre todo propositivo al tratar de la institucionalidad del país. En él recogemos propuestas no exhaustivas, que deben ir creciendo también hacia otros ámbitos (economía, cultura, educación, ética) en la medida en que se avance en el debate. Sin embargo, hemos procurado usar modos apropiados a la naturaleza del Laboratorio, que no son los que suelen utilizar las plataformas políticas particulares. No pretendemos que nuestro conjunto de criterios compita con otras visiones y se imponga. No aspiramos a monopolizar el debate nacional sobre el tema. No deseamos ser los guías de dicho proceso de discusión pública. Solo ambicionamos aportar y servir. En tal sentido, no somos un partido político, ni un movimiento social, ni una plataforma programática. Pero tampoco somos un hermético cenáculo, aislado de nuestra convivencia cotidiana entre tantos cubanos y cubanas que buscan respuestas para mejorar sus circunstancias actuales.

Por esto último, partimos del hecho de que la responsabilidad social es propiedad común del pueblo, y no dejamos de remitirnos a la política de la nación como a uno de los recursos de que disponemos para construir colectivamente el orden en el que queremos vivir. De ahí que hagamos estas propuestas para promover su debate, y para que puedan crecer en compañía de otras sugerencias.

El Laboratorio Casa Cuba, inspirado en la bella metáfora de monseñor Carlos Manuel de Céspedes, seguirá contribuyendo humildemente al bienestar de la patria cubana.

(Tomado de Espacio Laical)