Canción para Mariana

Canción para Mariana

Nadie sabe cómo va a cruzarse con el misterio…

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Fervor por las calles

No sé qué impulso me llevó a buscar Fervor de Buenos Aires, ese cuaderno iniciático de un joven Borges, aun vidente, que canta a la ciudad amada. El primer poema en la versión original del libro (1923), se llama Las calles –en una revisión posterior el autor decidió eliminarlo, sabemos que era implacable con su obra de juventud- y más que la calidad cierta del poema me golpeó el hecho que Borges celebrara precisamente lo que amo de las calles de La Habana.

Lo primero que sentí fue decepción al descubrir que ya Borges se me había adelantado en la salutación de “las calles desganadas del barrio, / casi invisibles de habituales”, decepción que pasó rápido porque prefiero tener que emular con Borges y no con otro poeta de pasillo como yo. Luego me percaté maravillado de que el Borges que escribió ese poema tenía mi edad -claro que tener 23 años a principios del siglo XX equivale por lo menos a diez más de los nuestros-.

De pronto, 90 años después y gracias a mis viajes absolutamente aleatorios por Internet, aparecíamos en una misma fotografía ese muchacho cultísimo, que había tenido su periplo europeo, que ya se había arrimado a los círculos literarios y hasta sacado los colmillos a más de un rival; y yo, un muchacho de lecturas galopantes, con más inquietudes que aciertos, que en contadas ocasiones me he atrevido asomar el hocico en la ciudad letrada y siempre convencido de la niñez de mis textos; hermanados por la pasión por esos trazos que van hacia el Oeste, el Norte y el Sur, que “son también la patria”.

Idea Vilariño, una voz desnuda y en lo oscuro

Idea Vilariño. Foto: Michel Sïma
Idea Vilariño. Foto: Michel Sïma

Idea Vilariño es una poeta de la noche. Lo confiesa ella misma y lo demuestran sus poemas. Agradezco a todo no haber sido un uruguayo de principios del siglo XX, porque hubiera enloquecido con esta mujer. Y yo -que voy teniendo la clarísima conciencia de que no inventaré ninguna Santa María- no habría pasado de ser un nombre más de su escandalosa lista, un pequeño gasto de tinta, polvo intrascendente del que estan hechos sus versos trascendentes.

Son poemas dolorosamente breves, como si el dolor o el desencanto que los provocan no dejaran aliento para nada más; como si apenas quedaran fuerzas para el diálogo inevitable. Poemas que desde un sombrío universo dan la medida de un ser aferrado a la vida, que amó desesperadamente y vivió dividida entre un impulso de militante activa y un desinterés estoico por la interacción social.

Abruma su rigurosidad escritural, en un continente verborréico y exuberante. Nacida en un idioma tan tentador para el torrente de palabras, Idea hace un acto de cirugía lírica y extirpa todo atisbo de metáfora, dejándote (no se puede olvidar su constante tú) ante una imagen limpia, ante el sentimiento mismo, al igual que esos tangos que tanto elogió.

Te estoy llamando

Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.

Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.

Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.
(1957)

Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendréde noche no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros…
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.
(1958)

 

El indio Rubén Darío cumple 144 años

Rubén Darío, quien obligó a la engreída Europa literaria a mirar hacia América Latina, está de cumpleaños hoy. Considero cualquier elogio de mi parte diminuto, así que prefiero dejar ese gran poema que es A Phocás, el campesino.

Phocás el campesino, hijo mío, Rubén Darío, príncipe de las letrasque tienes
en apenas escasos meses de vida, tantos
dolores en tus ojos que esperan tantos llantos
por el fatal pensar que revelan tus sienes…

Tarda a venir a este dolor adonde vienes,
a este mundo terrible en duelos y en espantos;
duerme bajo los Ángeles, sueña bajo los Santos,
que ya tendrás la Vida para que te envenenes…

Sueña, hijo mío, todavía, y cuando crezcas,
perdóname el fatal don de darte la vida
que yo hubiera querido de azul y rosas frescas;

pues tú eres la crisálida de mi alma entristecida,
y te he de ver, en medio del triunfo que merezcas
renovando el fulgor de mi psique abolida.