Ver The Newsroom season 2 es volver a vivir

Tres de la mañana. No consigo dormir. Me apunto finalmente a ver el primer capítulo de la segunda temporada de The Newsroom. Bastaron 20 minutos para volver a recordar que Nueva York es el destino de mis desvelos, que Aaron Sorkin y compañía son capaces de crear esos guiones palabreros y enganchar al expectador, que hubo una vez algo llamado Ocuppy Wall Street, que en ciertos cuentos de hadas hacer periodismo es algo parecido a la felicidad (vaya, que hasta ganas de trabajar en la televisión me dan, a mí, que odio la pantalla).

Se me fue el primero, y el segundo, y el tercero. Si un mérito tiene la serie, es el de recrear acontecimientos de una realidad y cercanía temporal demasiado fuerte. Lo comprobé al descubrirme -en una hora que se supone esté soñando con mujeres hermosas que me seducen en casinos en los que gano millones jugando billar- mirando The Newsroom, con los ojos llenos de lágrimas al rememorar las palabras finales de Troy Davis, un negro que luchó por demostrar su inocencia y fue condenado a  muerte por un asesinato dudoso mientras un blanco culpable, hace apenas unas semanas, fue exonerado tras balear sin lugar a dudas a un pobre chico. Negro.

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