Senel Paz: “Cuba no requiere verticalidad, ni machismo entre los machos”

Por Rosa Miriam Elizalde / Especial para La Jornada
Gabriel García Márquez dijo alguna vez que Senel Paz era el mejor guionista de diálogos en español. Senel se lo toma como un piropo del Nobel, pero no se posible soslayar que su cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo (Premio Juan Rulfo, 1990) es un clásico de la Literatura cubana y un referente literario universal, con decenas de traducciones y versiones para al cine –la célebre Fresa y chocolate-, el teatro, la pintura y hasta el musical. Ahora mismo, tiene un éxito arrollador en Buenos Aires una adaptación para las tablas, mientras él escribe en La Habana un guión para una nueva película y sigue la saga de los personajes de sus cuentos y novelas, siempre en la adolescencia o la primera juventud, siempre bregando contra el hombre unidimensional y la intolerancia.
– Eres el gran rompedor de barreras literarias de tu generación. Lo dice uno de los críticos más importantes de Cuba, Francisco López Sacha.
– Sacha es sin duda un gran crítico literario, pero con los amigos se entusiasma demasiado, por eso todos aspiramos a que despida nuestro duelo cuando llegue el día. Yo escribo por inspiración y necesidad, no me preocupa por el lugar que me toque en el panorama literario, que ni importa ni es posible determinar por uno mismo.
– ¿Por qué ese título, El lobo, el bosque y el hombre nuevo, que cuesta recordar?
– Titular no está entre mis habilidades. Pero no me parece un mal título, solo difícil de recordar y malo para vender. La pista está en comenzar por el animal. Fresa y chocolate es bueno para vender, pero me gusta menos como título. Siempre fue provisional, hasta que se me ocurriera uno mejor, lo cual nunca ocurrió.
– Ni en el cuento ni en la película famosos sabemos a qué lugar se fue Diego, el homosexual. ¿Regresó?, ¿regresará?, ¿de dónde?
– Si supieras que no sé. Debe ser España o a México. La semana pasada conocí Buenos Aires y me pareció una ciudad ideal para Diego. En cuanto vuelva a mí, me dirá dónde anduvo. Mucha gente me pide que escriba una segunda parte de la historia.
– ¿Por qué?
– Piensan en algo así como un regreso en el que juzgaría adónde ha ido a parar el país quince o veinte años después de su salida, y eso a mí me suena a comisionado de la ONU en tareas de inspección. Más bien lo siento próximo a contarme con ironía su vida sexual y a hablarme de la soledad y la vejez.
– Según Diego sabemos qué necesita la Revolución cubana. Según Senel, ¿qué es lo que no necesita?
– No necesita la verticalidad, el machismo entre los machos, la retórica, los periódicos tal como los hacemos hoy, el temor a los jóvenes.
– ¿Qué es eso del machismo entre machos?
– Sólo nos quejamos del machismo como la relación abusiva del hombre hacia la mujer, pero existe una relación machista entre los hombres que es muy peligrosa sobre todo cuando se entrevera con la política. Es la permanente confrontación y comparación de las bolas, la idea de que las tuyas tienen que ser más grandes y dominantes que las de los demás.
– Parece un chiste.
– Pero es algo grave, explica por qué Cuba da consejos y hace críticas a terceros pero no las admite, no escucha. También explica la verticalidad, que un funcionario (un político) no haga suyo lo que le propone uno de abajo. Si hablamos de una ley de cine, pongamos por caso, tiene que proponerla el funcionario, no el cineasta. Ya sabemos que en Cuba pueden ser machistas los hombres, las mujeres y los gays.
– ¿Le ha hecho bien o mal el cine a tu literatura?
– Se han hecho bien mutuamente. Para mí son como una pareja de baile: se entrelazan, se complementan, se funden, pero también se separan y cada cual sigue siendo quien es.
– ¿Por qué has escrito más guiones de películas que novelas?
– Tal vez porque los guiones se escriben más rápido, se pagan mejor y son una novela que se vive pero no se escribe. De todos modos, en lo que a mi obra se refiere –es decir, las películas basadas en mis personajes– creo que terminaré invirtiendo la relación. Cualquier género o lenguaje que me permita crear personajes e historias me viene bien. Me muero por hacerlo en el teatro.
– ¿Te ayudan a entender la realidad o es la única manera de soportarla?
– Todo arte ayuda un poco a entender la realidad y también a soportarla. La realidad es demasiado dura como para que podamos vivir sin fantasías, desde la religión al arte, los bares y el amor.
– Según Stendhal, “he puesto mi felicidad en estar triste”. ¿Dónde la has puesto tú?
– Me siento cómodo en la melancolía y el silencio. La melancolía es dulce y creativa y permite escuchar música. Como provengo del campo, también pongo mi felicidad en el silencio, en los grandes espacios abiertos, en las nubes y en los árboles. Soy un gran observador de nubes.
– Dijiste alguna vez que “Cuba es una isla con banda sonora”…
– Porque siempre está sonando música en alguna parte, bien desde un aparato o porque alguien toca o porque la imaginamos. Hablamos cantando, nos movemos bailando, al compás de un ritmo que nuestro oído capta y que está en alguna parte, cuando menos en el recuerdo. El cine nos ha habituado a que las escenas están acompañadas de música o de silencios igualmente elaborados.
– ¿Y cuál es la clave oculta de tu obra?
– Las claves son como las contraseñas, las más importantes uno las olvida, pero ahí están.
– ¿Qué está pasando en la literatura cubana hoy?
– Nos estamos levantando.
– ¿Y en el cine?
– Nos estamos hundiendo.
– ¿Cómo enfrenta la cultura cubana los cambios que se están produciendo en la Isla?
– Con impaciencia, con muchas ganas de participar y con poca participación efectiva. Tiene que ver con aquello de las bolas de que hablamos. A veces parece que lo mejor que hoy puede hacer un artista por la cultura es orar para que nuestros funcionarios tengan buenas ideas… o sobarle las bolas, lo que cada cual prefiera. Pero lo que uno quiere es actuar, participar.
– Entonces, ¿cuáles son los cambios más importantes en los últimos años?
– Los climáticos. La isla se está calentando.
– ¿Qué relación has tenido últimamente con la literatura mexicana?
– Un descubrimiento, un reencuentro y una noticia. El descubrimiento, Juan Antonio Parra; el reencuentro, Francisco Hinojosa; la noticia, lo que dicen los amigos de la última novela de Gonzalo Celorio.
– ¿Dónde te agarró la muerte de Gabriel García Márquez?
– En Ciudad de México. Primero como presagio. Salí a caminar por esas calles del Centro en las que venden libros viejos y veía muchos títulos de Gabo y eso me dejo la certeza, la inquietud, de que su muerte estaba próxima. Y así fue: dos días después llegó la noticia. Estaba en la ciudad que murió.
– ¿Quién era Gabo para Senel Paz?
– Gabo fue para mí inspiración como escritor, como hombre y como maestro. Debo aclarar que yo no alcancé la categoría de amigo de Gabo, solo tuve muchas oportunidades de estar cerca de él, de auxiliarle en trabajos y de disfrutar de su simpatía Si lo hubiera admirado menos, tal vez hubiera podido conquistar su amistad. Fue mi culpa que no sucediera.
(Tomado de La Jornada)

¿No es país para mártires?

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Cubanos, hagamos una pausa y pensemos un momento: ¿hay alguno de nosotros dispuesto a sacrificar su tiempo, su prestigio, su fortuna y estabilidad emocional a favor de un improbable cambio del estado de cosas en Cuba? Si la respuesta es no, estaríamos dándole la razón a la hipótesis que M me planteara el otro día acerca de que las opciones que tiene el cubano hoy ante los problemas de la sociedad son básicamente dos: o emigra o se enajena.

¿Será cierto entonces aquello que una tarde fenomenal dijo Elaine –como al descuido, pero que nunca he olvidado- que los cubanos perdimos la capacidad de indignarnos? Porque lo cierto es que mientras el repertorio de asuntos urgentes es más gordo que los folios del caso de Los Cinco, no pasa absolutamente nada.

A veces alguien tira una piedra a un espejo, y aplaudimos al ver ese reflejo hecho añicos, y el pequeño rebelde que llevamos dentro suspira aliviado pensando que se ha salvado otro día la revolución. Pero esos actos, ya bastante escasos de por sí, no hacen más que calmarnos el ego por un rato.

En la misma conversación a la que hago referencia al comienzo de este texto, M me confesaba que cada vez le da más vergüenza decir que es periodista, porque es como ser un bufón sin audiencia o un estafador socialmente aceptado (la interpretación es mía, no suya). Y me puse a pensar si existe alguna profesión u oficio que se libre de eso. Y la evidencia de que el agotamiento es sistémico la tenemos al comprobar que el basurero recoge los desechos cómo y cuándo le parece; que el médico tiene –conscientemente o no– instaurada la cultura del regalo como método de sobrevivencia; que el abogado solo está buscando cómo extraerle algunos pesos de más al cliente; que a los comerciantes no les basta con lucrar irracionalmente sino que encima pretende –y logra– robarte en la mercancía; que los maestros han confundido, en el mejor de los casos, la instrucción con la cultura, cuando no han llegado a sucesos como el de Waterpre.

Con semejante panorama, ¿qué nos queda? Al periodismo –periodistas mediante– le queda recuperar su responsabilidad social como bien público que es, y a la sociedad en general reasumir esa condición ética que –dicen– atraviesa nuestra historia y explota de tanto en tanto.

¿Y por qué, si las insatisfacciones son tantas y tantos perciben el problema y sus posibles causas no cambia nada? “No tenemos líderes”, me dijo M, “el no tener líderes es fatal para cualquier proceso de transformación social, por más inquietudes ciudadanas que hayan. Yo no tengo madera de líder”, añadió, “no tengo interés en sacrificarlo todo a cambio de la ingratitud probable de los hombres. ¿Lo harías tú?”

¿Lo haría yo? ¿Lo haría yo? ¿Lo haría yo? ¿Lo haría yo? ¿Lo haría yo?…

La pregunta quedó rebotando acusadora –acosadora– en mi mente. Le respondí con evasivas. Porque la verdad es que no sé. Probablemente no lo haría. Pero sospecho que si aparece alguien capaz de aunar las voluntades, de detectar la comunión de intereses en el rosario de insatisfacciones compartidas por los distintos sectores de la sociedad cubana, me parece que el comienzo de la transformación real pudiera empezar a tomar forma.

Así que ya saben: se busca líder para revolución social en un sistema más justo. Si conocen de alguno, díganle que me escriba al correo. Enemigos de la soberanía nacional y la igualdad, favor de abstenerse.

Entrevista de Yadira Escobar a Julio César Guanche (transcripción casi exacta)

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Me encontré esta entrevista que le realizara Yadira Escobar a Julio César Guanche, un todoterreno que admiro por muchísimas razones, y me pareció un intercambio tan interesante que decidí aprovechar una madrugada de insomnio para transcribir sus palabras y compartirlas con todos aquellos que la conexión les impida ver el video en Youtube. Que les aproveche.

 

(…)

Yadira Escobar (YE): Recientemente usted estuvo en el encuentro, o en el debate, que se realizó en La Habana por la Archidiócesis y Espacio Laical y se habló, según lo que pudimos leer por Internet, de reformar la constitución. Exactamente, ¿qué es lo que usted cree que se debe reformar?

Julio César Guanche (JCG): La reforma es obligatoria por algunos cambios que se están haciendo. La constitución cubana actual, vigente, reformada en el 92 y después en el 2002, tiene una cláusula de reforma que establece varios indicadores de cuándo debe ser reformada, además, llevando a plebiscito popular los cambios que se hayan introducido en esa reforma. Si se cambia la estructura del estado cubano, y si se cambia la estructura de derechos de la ciudadanía, uno de esos dos cambios obligaría a una reforma constitucional que debe ser sometida a plebiscito popular.

Esos dos campos deben ser reformados en Cuba; ya están siendo reformados. Lo que se llama experimento en Artemisa y Mayabeque es una nueva forma de organización del estado que separa al gobierno del estado; eso no está previsto en la constitución. Debería para estar previsto ser objeto de una reforma. Eso me parece un cambio positivo, separar funciones; unas estatales representativas y otras gubernamentales, administrativas.

Eso por un lado; y por otro me parece muy importante ampliar, profundizar, multiplicar el catálogo de derechos y las garantías de la ciudadanía en Cuba. A la altura del 76, ese catálogo –visto con los pactos internacionales de derechos humanos– no estaba desactualizado; a la altura del 2014 está desactualizado, y tiene muchas carencias en el campo de las garantías, por ejemplo. No existe un control de constitucionalidad en Cuba; no existe un proceso de protección de derecho en materia constitucional; hay muchas garantías establecidas por ley que no funcionan en la práctica jurídica de Cuba, y eso debería ser plasmado en la reforma que venga.

También los cambios económicos deberían llevar una nueva remodelación del texto constitucional; son muchos los que se están haciendo. La propia posibilidad de contratar trabajo asalariado por parte de privados en Cuba –una posibilidad que no estaba concebida en el 92–, eso solo ya debería tener una atención en el nuevo texto constitucional.

La única pregunta que se hace en Cuba, y me parece que es importante, es si es una reforma lo que se está pensando o si es necesaria una nueva constitución. A mí me parece que por la magnitud de los cambios que se están haciendo, por la magnitud de los cambios que se deben hacer, y la magnitud de transformaciones que están en la base de este proceso debería ser una nueva constitución lo que salga de eso.

YE: ¿Cree entonces que se debe llevar a voto la elección del presidente?

JCG: (…) Con la estructura institucional actual es impensable. Si es positivo o no, es una discusión que también está en Cuba y fuera de Cuba. Las ventajas y desventajas son múltiples; el sistema parlamentario tiene varias ventajas a diferencia del presidencialismo. Una elección de voto directo significaría un cambio constitucional en Cuba hacia un presidencialismo que no está muy en el horizonte. A mí me gustan más los regímenes parlamentarios.

He apoyado alguna opinión [sobre] el voto directo, pero verdaderamente para mí no es [tan] importante el voto, quién vota por quién, como la función representativa de ese presidente, quién lo controla, cómo se debe a un parlamento, cómo funciona un parlamente. [Esas] me parecen preguntas más sustantivas que la de cómo se elige el presidente. No es que no sea importante, importante es, pero me parece que hay un campo de problemas que se quedan fuera cuando lo enfocas en la elección del presidente, que habría que considerar.

Uno de ellos sería una reformulación completa de las maneras en que funciona el parlamento cubano. Igual creo que verdaderamente funciona muy poco con sus sesiones, y debería funcionar siendo mucho más representativo de la pluralidad política que existe hoy y dándole voz a muchos de los actores políticos que existen hoy cuya voz y cuya conversación no aparece reflejada en el parlamento.

YE: En Cuba actualmente hay una gran diferencia entre algunos ricos y algunos pobres, pero esas personas siguen [siendo] tratados casi por iguales. Ahora, ya que no son iguales –el pobre necesita obviamente un poquito más de atención social, necesita que la electricidad, por ejemplo siga siendo subsidiada–, ¿sabes si se está hablando, hay algún debate sobre la posibilidad de ya tratar [de] diferenciar a los ricos de los pobres dentro de la sociedad cubana?

JCG: Bueno, diferenciados están, y siempre que se generan desigualdades se expresan también las desigualdades. Existen y no son nuevas, el nivel de pobreza en Cuba también ha subido de los noventa para acá, la investigación social que se hace en Cuba ha publicado muchas investigaciones sobre eso, se conocen los datos, se conocen los problemas de estratificación social que existen. No es una cosa desconocida para la mayor parte de los cubanos, primero la vemos, y segundo se tiene estudiada. A mí lo que me parece que está mal es tratar a los desiguales como iguales; hay que tener políticas fuertes de protección social a los que no estén incluidos positivamente, exitosamente en las reformas. Es imprescindible, entonces, tener una concepción del crecimiento, que es muy necesario y muy imprescindible para un país -el crecimiento económico estoy diciendo- pero siempre orientado por una visión social del desarrollo, y siempre orientado por una visión de inclusión social de ese crecimiento.

El programa de crecer, crecer, y crecer es un programa que algunos defienden, es un programa que yo podría defender porque entiendo su importancia, pero siempre que esté en paralelo, necesariamente, acompañado de un proyecto muy fuerte de justicia social con sucesivas implementaciones, no con un discurso sino con una suerte de políticas sucesivas que se encadenan entre sí, y se multiplican entre sí. Me parece que sí, que se reproduce desigualdad, que se reproduce diferencia.

Ahí hay que distinguir, el problema de la desigualdad, el problema de la diversidad, y el problema de la diferencia. Son palabras diferentes que remiten a universos diferentes. Somos diferentes pero no tenemos que ser desiguales, no tenemos por qué ser desiguales ante el acceso a la sociedad, no tenemos por qué ser desiguales ante el acceso a la política, no tenemos que ser desiguales ante el acceso a la economía, lo que sí somos diversos y esa diversidad hay que defenderla.

YE: Usted ha hablado de que hace falta, que sería muy positivo que se reconocieran las imperfecciones, los errores del sistema cubano. Ahora, dentro de Cuba se está fomentando el periodismo crítico, el periodismo muy audaz, pero siempre el periodista profesional debe tener un límite dentro de sí mismo, cuál es el límite ético, cuál es lo correcto [sic]. Ahora, ¿le daría algún consejito a esos periodistas que quieren criticar para construir pero no tampoco pasarse?

JCG: Yo respeto mucho el periodismo joven que se hace en Cuba, conozco bastante de sus principales exponentes, y de los que no son principales, digamos, sus exponentes. Los leo porque me interesa mucho la voz que expresan sobre Cuba, la imaginación que muestran. Me parece que Cuba tiene muchos problemas con la prensa y no son necesariamente de los periodistas, son problemas de un sistema de prensa que ya no funciona hace mucho tiempo, que no se ha cambiado, y me parece que tiene que haber muchas más garantías del debate de la expresión pública de los periodistas en Cuba, no solo en sus blogs individuales sino en los sistemas de comunicación públicos en Cuba, que deberían existir como sistemas de comunicación públicos no solo del estado y el gobierno.

Sí hay límites, pero también hay problemas que van más allá de ellos. Esos límites tendrían que ver siempre con sus propias convicciones, también tendrían que ver con lo que podemos plantear que puede ser un consenso nacional de ¿entornos opresivos? muy grande, algunos de los cuales te he comentado. A mí parece, y esto no tiene por qué parecer excluyente, que hay compromisos muy fuertes en Cuba, en la Cuba actual, que tienen que ver con la sociedad civil, con el pueblo cubano; que tienen que ver con un compromiso con la ampliación de la esfera pública, una esfera en la cual [los ciudadanos] participen más, se expresen más, discutan más; [un compromiso con] que las asimetrías al acceso a la esfera pública puedan ser disminuidas, que no haya tanta asimetría de información, que existe hoy. Me parece que los periodistas cumplen una función también con eso, que es política, que es moral, que es profesional.

Es bueno también pluralizar las sedes desde las cuales se habla, y tiene mucha fama y buena fama –y con razón– la blogosfera, pero [en] una sociedad como la cubana con el precario acceso a internet y la precaria conectividad no es lo más conocido, lo que hace falta es mucha más comunicación entre los distintos públicos en Cuba, y eso significa mucha más información ofrecida en los medios cubanos, medios que sean capaces de expresar la pluralidad.

Tu pregunta la reformularía. Para mí es un problema de límites siempre, pero límites tienen no solo los periodistas; todo el mundo debería tener límites éticos, de condiciones, e ideológicos también, pero no impuestos de una única manera de concebir las cosas y menos cuando son periodistas de medios públicos.

La sociedad cubana ha cambiado mucho. No he estado aquí en Miami, no conozco Miami, no hablo de lo que no sé; lo que conozco que es Cuba, La Habana y parte de su sociedad. Es una sociedad que se ha pluralizado mucho, que no nunca hay que verla en bloque, que hay muchas generaciones distintas que tienen mucha vida dinámica dentro del país –vida dinámica significa discusión conversaciones, debate–, y [se] empobrece mucho la sociedad cubana representada solo por un bloguero, un profesor o un investigador. Me parece que hay que atender a las maneras distintas que tiene ella [la sociedad cubana] de expresarse; la música cubana, el cine, el teatro, eso en el campo de la cultura, pero también escuchar a la gente, la gente habla cada vez más, y me parece que es muy bueno que hable cada vez más.

A mí no me gusta dar consejos, la verdad. Los periodistas son personas que ya tienen su formación, tienen su profesión, son personas, son ciudadanos. Sus límites serían la ética profesional, las leyes cubanas.

YE: ¿Bueno Guanche, me pudiera decir si usted cree que el nacionalismo revolucionario tiene futuro dentro de la Cuba de mañana?

JCG: ¿El nacionalismo?…

YE: ¿si pudiera tener éxito?

JCG: … ¿revolucionario? Es una discusión también que anda en Cuba y que anda fuera de ella. Es una palabra compleja; le han llamado nacionalismo revolucionario a algo que ha tenido otros nombres en la historia de Cuba, le han llamado nacionalismo radical, le han llamado nacionalismo popular. A mí me gusta mucho el nacionalismo cubano del 40, que fue un proyecto de inclusión nacional muy grande. Bajo el manto del nacionalismo hablaron todos los sectores cubanos en la época: hablaban los negros, hablaban las mujeres, hablaban los hijos que llamaban naturales en la época, hablaban los maestros que buscaban que le pagaran salario, hablaban los científicos que querían crear el Instituto de Medicina, hablaban los profesores, todo eso desde plataformas ideológicas muy diferentes, pero que podían concebirse con un manto nacionalista.

Ese nacionalismo, como siempre, era el proyecto de clases específicas de [sic] situarse dentro de Cuba después de una crisis del estado oligárquico cubano en los años treinta, básicamente en el 33, que no habían tenido espacio esas clases –burguesas, industriales no azucareras–, y que buscaron con la crisis de aquel estado del 33 después de la revolución popular del 30 una nueva fórmula política en Cuba. Esa fórmula política en Cuba llegó a la constitución del 40. A mí me parece que ha sido muy mal leída en Cuba en las últimas historiografías, salvo excepciones muy valiosas. Ha sido leída como un documento que no tuvo la gran importancia que realmente tuvo. Es el gran documento con el que cierra el ciclo revolucionario del 30 al 33; me parece que debemos recuperarla.

Y cuando me hablan de nacionalismo pienso en ese tipo de nacionalismo, un tipo de nacionalismo que pensaba, en los 40, en temas de independencia nacional, soberanía económica, en temas de antimperialismo. Ese es un nacionalismo que nunca renunció a la democracia política; la constitución del 40 es una constitución tanto democrática en lo social como en lo político. Entonces no hay que ver el nacionalismo como opuesto a democratizaciones políticas, ni como comunidades nacionales que se cierran sobre sí mismas, que excluyen a los que están fuera o tienen conflictos con los que están dentro. Una nación como un nacionalismo democratizador es una nación que se mira con un proceso que está en construcción permanente, que puede incorporar las diferencias que van surgiendo en el proceso de esa construcción; y a eso se le puede llamar también nacionalismo. Significa que no es una entidad histórica cerrada, un hecho que está aquí y que es el mismo que se ha ido desenvolviendo en la historia del tiempo. El nacionalismo del año 1912, por poner un ejemplo, es muy muy diferente al nacionalismo del 40, y probablemente sea muy diferente al nacionalismo de ahora, el que se puede defender ahora.

El que se puede defender ahora hay que defenderlo en condiciones de una Cuba muy transnacional, transnacionalizada, que significa con muchas diásporas en muchos lugares, no solo aquí en este país [EE.UU.], con lo cual me parece que se puede hacer una apuesta por el nacionalismo pero con esta cantidad de salvedades que te estoy haciendo, que no lo minimizan sino que lo empoderan porque lo democratizan, porque piden lealtad a cuestiones que pueden ser más trascendentales a los cubanos, que tengan que ver con su derecho de ciudadanía y también con los derechos de inclusión social y nacional. En ese sentido me parece que el nacionalismo es muy defendible, para no mencionarte todo el tema más espiritual de lo que llamamos la patria, que también, pero me gusta [no mencionarlo] porque podemos entender por patria cosas muy diferentes, y la patria históricamente ha sido cosas muy diferentes, no en Cuba, desde la antigüedad romana. Es mejor buscar pisos fuertes que puedan unificar, unificar quiere decir unir en una plataforma. Esa plataforma puede ser la ciudadanía, democratizada puede ser el nacionalismo, porque no creo que compitan entre sí. Creo que sí puede ser un proyecto que compartan cubanos.

YE: ¿Se siente optimista cuando piensa en el futuro cubano?, vamos a decir, una década; dentro de una década, ¿usted cree que se va a sentir bastante satisfecho con el rumbo que está tomando la nación actualmente, con todas estas reformas económicas, y quizás también como usted hablaba con una descentralización en otros aspectos de la sociedad? ¿Se siente optimista?

JCG: El optimismo a veces hace daño. También el pesimismo. Cuba cambió mucho en el siglo XX; cada treinta años cambió mucho. Cambió en 1901, cambió en 1930, cambió en 1959. Está cambiando ahora, está cambiando mucho, desde afuera quizá no se aprecie la calidad y la cantidad de los cambios. Cualquiera que vaya a Cuba sabe que no tiene nada que ver con los discursos típicos o históricos sobre Cuba.

Es una sociedad que se parece cada vez más al mundo; los cubanos se parecen cada vez más a cualquier ciudadano del mundo, comparten problemas con muchos países del mundo, tienen problemas propios, como en otros lugares tienen problemas propios. Esto significa que para mí está lejos ya, o cada vez se aleja más de ser aquella excepcionalidad que elogiaban para lo bueno y criticaban para lo malo. Me parece que sí tiene que cambiar. Y yo quisiera, ya por optimismo -que puede ser peligroso pero también es una tabla de salvación, porque también vivo en Cuba, mis hijos viven en Cuba-, pienso que es útil mirar con limpieza al futuro. Limpieza significa honestidad, significa mirar con esperanza, y significa confiar también en los cubanos que quiera apostar por ese futuro.

Norge Espinosa: “A mi manera, hice mi marcha hoy Rampa arriba, para saludar el 17 de mayo”

 Hoy, vía Darsi Fernández, me encontré estas palabras del escritor Norge Espinosa, al parecer subidas a Facebook el pasado sábado 17 de mayo, Día Internacional contra la homofobia y la transfobia, que coincide con el Día del Campesino cubano. Esta coincidencia no ha sido bien recibida en algunos sectores de la sociedad nuestra, y como prueba de ello alguien decidió “negociar” que la marcha contra la homofobia y la transfobia, que desde hace varios años viene realizándose en la capitalina Rampa, se trasladara hacia otro día “menos susceptible”. La terrible decisión muestra que el camino para erradicar estos males de la sociedad cubana aún es una cuesta arriba empedrada por las incomprensiones. Esperemos que algún día podamos salir de los compartimentos inútiles, y preocuparnos por cosas más esenciales que los prejuicios. Que bastantes problemas tenemos para construir un país desde el subdesarrollo para encima aferrarnos a semejantes lastres morales.dia internacional contra la homofobia y la transfobia

por Norge Espinosa Mendoza

Y hoy debíamos haber marchado, Rampa arriba, en saludo al Día Mundial de Lucha contra La Homofobia y la Transfobia. Reajustes siempre incómodos, y el rechazo de no pocos a celebrar este momento en la jornada que el calendario nacional dedica al campesinado, han hecho que cada vez, el 17 de mayo sea menos reconocido como lo que significa en muchas partes del planeta según la decisión de la OMS.

Esta vez, no ha sido menos, y ayer mismo me preguntaban varios amigos si la marcha sería hoy en la mañana, confundidos y con no poca excusa para ello, en este desplazamiento que, para no herir sensibilidades, padecemos cada año. A ver si tras la celebración del ILGALAC en Cuba, y tras su consiguiente efecto Varadero, que no permitió que en la UNEAC, por ejemplo, aparecieran los máximos responsables de esta campaña que el Cenesex orienta en Cuba, damos por claro que no estamos eligiendo este día para molestar a nadie, tal y como uno de los comentarios que aparecieron en Granma bajo la entrevista a la directora del Cenesex quiere hacer creer a muchos. El 17 de mayo fue elegido a partir de que en esa fecha se eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades, según decidió la Organización Mundial de la Salud. Hoy me despertó en la TV nacional un spot dedicado a la celebración de los 53 años del establecimiento en nuestro país del Día del Campesino. Del resto, nada.

Esos comentarios publicados bajo la entrevista de Granma dan fe de que la campaña nacional contra la homofobia tiene que ser aún más viva, inteligente, sutil, eficaz, no solo en transmitir mensajes de salud ni apostar por lo didáctico. Hay que ser más progresivos y comprender que la acción en un pos de una comprensión más amplia del asunto exige otras estrategias, otras políticas de cambio y diversidad no solo en lo sexual. Hay agujeros históricos que demandan repasos impostergables, como la UMAP, y que no se cubrirán fácilmente, porque el dolor ha pesado durante mucho tiempo y el silencio no lo cura todo. Pero también habría que hacer entender que se intenta equilibrar el empoderamiento de ciertos sectores de la sociedad para que ese mismo núcleo sea más respirable, y no en solo en lo concerniente con la sexualidad.

Ayer mismo Jazz Vila se vio casi obligado a retirar el cartel de su pieza Rascacielos, que ha molestado a tantos fundamentalistas de todo tipo al mostrar abiertamente en una esquina de la calle Línea a diversas parejas besándose: heteros, gays, lesbianas. El cartel ha sido atacado, vandalizado, y las mismas gentes que no se escandalizan ni se mueven con tanta rapidez ante actos reprobables que ocurren día a día ante sus ojos, han enviado cartas y protestas a diversos niveles. Sigue horrorizándonos el grado de independencia y libertad individual que algunos exponen en sus momentos más íntimos.

Mal vamos, desde ahí, si quisiéramos comprender lo que otras y otros quisieran expresar en espacios públicos mucho más grandes que cualquier escenario teatral. No marchamos hoy, sino en hora y día de un calendario que pareciera evitar ciertos roces. No acabamos de hacer llegar ciertas claves, más allá de la protección aparente que nos dan algunos espacios urbanos y capitalinos, a quienes las necesitan no solo para comprender o tolerar al gay, la lesbiana, el queer o las trans, sino para saberse más dueños de sí mismos y de sus destinos. No fui invitado a las conversaciones de ILGALAC en Varadero y me alegro de ello: en la Cuba de cada día donde ser homosexual sigue siendo un conflicto, me hallo mejor y más despierto que en la Cuba de fiesta y postal que acaso algunos se llevaron como recuerdo.

A mi manera, hice mi marcha hoy Rampa arriba, para saludar el 17 de mayo. No porque me lo dicten la OMS o el Cenesex, sino en solitario, porque me dio la gana. En este día que sirve para luchar contra la Homofobia, la Transfobia, tal y como sirve para que cualquier campesino cubano se pregunte por qué hoy tiene su fiesta en el calendario oficial (¿lo sabrán realmente todos?), o los noruegos celebren el Bicentenario de su Constitución, coincidiendo con el Día Mundial de la Información, el Día de la Marina Argentina, y el de la Literatura Gallega, entre muchas otras cosas a festejar.

Hace diez años, también, en Massachusetts, se legalizó el primer matrimonio entre personas del mismo sexo. Tal vez, junto a muchas y muchos de los que celebren otras tantos acontecimientos, podamos recordar ese día, todos estos días, desde un arco de diversidad en la que, marchando cada uno a su paso, tengamos bajo los pies un mundo más diverso, más respetuoso, más semejante al que quisiéramos legar a quienes heredarán esas fiestas, estos nombres, estos rostros, estas luchas.

El archipiélago en el bosque

Al final nos pasa lo que al oficial de investigaciones de la Kebushi, que por tener versiones de la película tenemos hasta la del muerto. Por eso ahora hasta las once mil vírgenes comentan sobre qué debemos hacer a propósito del enrumbe de la economía cubana. Y hay que joderse, porque eso significa hacer política, escuchar a las once mil vírgenes y luego sortear entre lo querible y lo posible. Y aceptar las críticas. Y reconocer los errores. Y aprender de todo eso. ¿Tan oyendo, querid@s dirigentes míos?

Abstract Painting. No.43. por Robert West
Abstract Painting. No.43. por Robert West