Un vestido y una guitarra eléctrica

Ana Popovic Big Bull LR WM-3978-2

Ayer, en una conjunción casi imposible, por lo improbable, encendí el televisor y me encontré con A Capella, el programa que para más de una generación de cubanos significó uno de los pocos acercamientos al universo del rock. Resulta que A Capella ha visto pasar sus días de gloria, no porque haya disminuido la calidad de su propuesta o sea menos importante en la formación cultural de las personas, sino porque la simpar inteligencia de los programadores de la televisión cubana lo han sepultado progresivamente en diversos horarios antiestelares para encontrarse hoy relegado a los jueves sobre las 7 de la noche… en el Canal Educativo 2.

Pero bueno, a lo que iba. Resulta que me encuentro en A Capella a una rubia casi temba, de cabellos revueltos, una flaca de nariz alargada y dedos poderosos, que, con vestido y guitarra eléctrica en mano, respondía al nombre de Ana Popovic. Yo no sé al resto de ustedes, pero para mí la vida consiste esencialmente en perseguir un fetiche tras otro -llámese revolución, llámese vida digna, llámese esa mujer-, y si alguna imagen tengo guardada entre mis vicios es la de una una mujer músico tocando con un vestido. Quizá todo empezó con aquella segunda violinista de la Sinfónica Nacional que descubrí cuando siendo un adolescente me mudé a unas cuadras del lamentablemente fallecido -¡¡¡OTRA VEZ!!!- Auditorium Amadeo Roldán. O quizá empezó antes, con las novelas de Mario Conde y aquella saxofonista desnuda de la que hablaba Padura y me produjo no pocas erecciones. Lo cierto es que ayer tuve que poner en pausa el mundo, dejar a D hablando sola y concentrar todos mis sentidos en aquella mujer que lo daba todo en el escenario. Y valió la pena seguir mis bajos instintos, porque aquello no solo era un regalo para uno de mis más queridos placeres culpables, sino que fueron unos 15 minutos de un blues inesperado y bien hecho.

Y como aquella mujer de vestido y guitara se quedó atravesada en la garganta tuve que buscar su biografía y me encontré que Ana Popovic es una blueswoman serbia que desde el año 1995 viene dando que hacer, primero en su Yugoslavia natal, y desde comienzos del siglo XXI en medio mundo. “La Popó” (como la llama despectivamente D porque desde ayer no le hago demasiado caso) se me descubrió como una blusera con la tarea más que hecha, con un fino trabajo armónico, que se desplaza y coquetea fluidamente con múltiples géneros sin abandonar nunca los cauces del blues. En una escena tan competitiva y patriarcal como la de la guitarra eléctrica, Ana Popovic ha sabido abrirse paso y sin lugar a dudas es un nombre al que deberíamos prestar atención los amantes del género.

Y después de esta charla, el plato fuerte. Con ustedes, la rubia más odiada por D en este minuto:

Ana Popovic LR WM-2990

Grolsch Blues Festival Schoppingen (D)

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