El regreso de Luis Barberia

En 14 y medio han publicado una entrevista a Luis Alberto Barbería, en la que habla de su nuevo disco, del comentario discriminatorio y desinformado de Amaury Pérez en su entrevista a Carlos Varela, de las razones que lo hicieron volver luego de su largo paseo.

(PD: El disco en cuestión, A full, me parece que es un disco entretenido, para pasar el rato, pero nada más. Me parece que no fue el mejor regreso que un hijo pródigo pudo hacer).

por Luz Escobar

Luis Barberia grabó el pasado año A full, un nuevo disco en que se suma a músicos estelares del panorama nacional y mezcla su peculiar voz grave con la de las chicas del Sexto Sentido. Pero para el músico cubano de la antológica agrupación Habana Abierta, el disco ha supuesto, sobre todo, el regreso a una disquera cubana (EGREM) después de 20 años grabando en el exterior.

Pregunta. Dices que este fue un disco cocinado “a fuego lento”, después de 20 años colaborando con disqueras internacionales: ¿cómo llega EGREM a interesarse por tu proyecto?

Respuesta. En realidad soy yo el que llega a EGREM. Cuando llevaba en Cuba un tiempo me dije: “Coño, llevo aquí seis meses y no tengo ningún proyecto”. En España siempre estaba activo o por Internet buscando cosas. Y de pronto llamaba a Dublín y cuadraba un concierto allí. Cuando no, estaba trabajado con otros artistas. Suman ya 40 discos en los que he participado. Cuando me di cuenta de que no estaba desarrollando ningún proyecto de disco ni de un videoclip me puse a pensar. Allá afuera aprendí a dedicar el mínimo tiempo a la cuerda depresiva y más a la solución, así que se me ocurrió hablar con Lissette Barrios, directora de archivos de la EGREM, para preguntarle como estaba por ahí el tema de grabar. Ella me dijo que la cosa estaba difícil porque no había presupuesto y le respondí: “Ya el ‘no’ lo tenemos, vamos por el sí”.

Redactamos el proyecto, en que que explicábamos mi propuesta. Yo tenía muy claro en mi cabeza el disco que quería hacer. Sobre todo un disco de música, pensado por y para la música. Yo siempre digo que Cuba es el único país donde podemos hacer el disco que queremos sin la dictadura del mercado donde te dicen: “tú tienes que hacer un tema así”, y te ponen pautas. Mira, yo podía haber estado grabando un disco de polka, nadie pasó por el estudio nunca para supervisar lo que yo estaba grabando. Tuve total libertad.

Volviendo al tema, cuando fui a ver a la persona de la EGREM que tenía que ver con la presentación del proyecto, le dije: “A mi me importa poco vender o estar pegao, quiero hacer un disco que sea un referente para escuchar dentro de 30 años, un disco atemporal. Y además lo voy a hacer de todas formas, sea como sea”. Lo aprobaron por mayoría y a la semana ya me estaban dando el estudio. Fue una locura porque yo tenía planificado un viaje a Miami para unos conciertos, pero ella me dijo: “Tú tranquilo, en cuando vuelvas me llamas y entras en el estudio a grabar”. Al final fueron tres meses en eso.

P. Tú dices: “Veo la música un poco maltratada por un sector que se cree por encima de todo y al que solo le interesa estar pegao” ¿Crees que ese fenómeno pueda afectar a la expresión de artistas como tú?

R. Al contrario. Si nosotros no nos corrompimos allá afuera, donde hay que pagar muchas facturas, ¿cómo vamos a venir a perdernos aquí? Yo no me preocupo por ese público que persigue al más pegao. No hay miedo ni hay competencia, son un universo aparte. Este es un disco para dar ánimos a la gente que tiene cosas interesantes que decir en la música y, al no salir adelante, se ha dicho: “¿Para que?” Yo sí pienso que hay espacio para todos.

P. Hace unos días, en el programa televisivo Con 2 que se quieran, su conductor, Amaury Pérez, hizo referencia a “un grupo de trovadores” que se fueron a España detrás del éxito del CD de Carlos Varela Como los peces. Yo entendí, por lo de “grupo”, que se refería a Habana Abierta. ¿Tú también? Me gustaría escuchar de tu voz cómo surge realmente esa brecha entre Cuba y Madrid.

R. Blanco y en botella es leche. Para mi, y para muchos, quedó claro que eso fue con nuestra generación, aunque él no mencionara ningún nombre. Y lo que tengo que decir es sencillo, si nosotros nos fuimos detrás de alguien, fue de Pavel y Gema. Y ni siquiera fue detrás, fue de la mano de ellos. Yo creo que ese fue de los gestos de altruismo más grandes que yo he vivido. No tenían por qué. Ellos estaban viviendo en España y, en vez de preocuparse por su carrera, fueron y hablaron con una disquera independiente, consiguieron el dinero y vinieron a Cuba a reunirnos a todos nosotros, que estábamos por ahí desperdigados, en un disco. Lo grabamos en una casa, eso fue tremendo cabo que nos tiraron Gema Corredera y Pavel Urquiza. Ellos vinieron a buscarnos aquí, nosotros no fuimos corriendo detrás de nadie. A los meses de estar allá, era el año 96, BMG-Ariola nos ficha. Y el resto de la historia ya es bastante conocido.

La base de un periodista es la información verdadera. Como comunicador, tú no puedes por querer dar un golpe de efecto decir una mentira. Si Habana Abierta no llegó más lejos, yo creo que ha sido por culpa de nosotros mismos. Por inmadureces que hemos tenido, porque somos irreverentes, indomables, por no querer entrar por el aro del mercado. Queremos entrar solamente por el aro de la música que sentimos.

P. ¿Cómo vivieron ustedes el éxito que tuvieron en Cuba a finales de los noventa y el hecho de estar tan lejos justo en el momento en que habían alcanzado aquí esa popularidad? ¿Sabían que en cada fiesta de esa época se bailaba incansablemente con sus temas?

R. Muy sencillo, no lo vivimos. La verdad es que estábamos por allá en la lucha y no nos enteramos. Tuvo que venir Habana Abierta aquí en el 2003 y dar ese concierto en La Tropical, con 10.000 personas coreando nuestras canciones, a comprobarlo. Y luego, casi 10 años después, en 2012, cuando pensamos que ya había pasado la furia, vuelve a pasar lo mismo con gente que entonces eran niños. En un mes pasamos por todos los públicos, El Sauce, El Maxim Rock y el Don Cangrejo, y en todos encontramos el mismo entusiasmo.

P. ¿Tu regreso tiene algo que ver con el florecimiento de nuevos espacios para la música que interpretas o simplemente lo necesitabas?

R. No, yo lo necesitaba. Llegó el momento en que yo colapsé en Madrid y me retiré para un pueblecito donde vivía en una montaña frente al mar. Era un sitio en el que yo sabía que nadie podía encontrarme y ahí compuse muchas canciones de las que están en este nuevo disco.

Estando ya instalado ahí, decidí venir para Cuba. El latigazo me vino viendo el primer Callejeros Viajeros que pusieron de Cuba. Cuando ponen eso y empiezo a ver Cuba por dentro… Yo siempre venía, pero del Aeropuerto José Martí directo a Pinar del Río, a estar con mi familia. Imagínate que hacía el viaje hasta sin guitarra. Ese episodio de Callejeros… estaba muy enfocado en el tema del arte y estaban X Alfonso y Kelvis. Y yo, viendo al público, ahí me dio el golpe, “¿qué hago yo aquí? Si yo salí a dar un largo paseo”… (pausa) Y ya regresé.

Cada vez que he salido de un país no he dejado nada atrás, no he sentido pesar, siempre es pa’ adelante. Y volví con todas sus consecuencias y sabiendo lo que iba a encontrar. Fíjate si no he venido por oportunidades de lugares para tocar, que en Cuba es donde menos toco. Aquí preparo un concierto al mes nada más, no me gusta repetirme.

P. ¿Qué planes inmediatos tiene Habana Abierta como proyecto?

R. El año que viene cumplimos 20 años y estamos preparando algo grande para celebrarlo. Queremos grabar un disco en vivo en un lugar abierto, que quepa mucha gente. Quiero grabarlo también con la EGREM, que vengan los que han pasado por Habana Abierta y quieran venir.

(Tomado de 14 y medio)

Opción, un tesoro perdido

En uno de mis habituales recorridos por las librerías de segunda mano de La Habana, en las que he podido hacerme de joyitas como esta, di con un par de ejemplares de una revista llamada Opción (y no, no me refiero al semanario económico Opciones). Imagino que la mayoría de las personas que miraron su lomo siguieron de largo, porque aunque me empeño en llamarla revista estamos hablando de algo más bien parecido a un libro, con una cubierta muy adusta (MUY adusta), pero que si uno se detiene a hojearla -por curiosidad, por aburrimiento, por disimular que está admirando las piernas de la muchacha que revisa el estante cercano- descubre que está ante uno de los materiales más valiosos que se han publicado en Cuba en materia de literatura y arte universal.

En la gris portada del número 5 de dicha revista aparecen los nombres de Woody Allen, Adolfo Bioy Casares, Oe Kenzaburo, Emily Dickinson, Fernando Pessoa y Robert Plant; una alineación capaz de enorgullecer a la editorial más exigente. Sospecho que la publicación de esos textos fue un acto de sostenido e intenso pirateo, pero vamos, es Cuba, nadie lucró con esta publicación, espero que el mundo sepa perdonar este arrebato por amor a la cultura.

Pero (siempre hay un pero, y prefiero decirlo pronto para quitarles la emoción de sus caras y evitar que salgan corriendo hacia la librería más cercana) estamos hablando de una publicación del año 1989. ¿Cómo es posible que la Editorial Arte y Literatura haya podido emprender semejante proyecto en los umbrales del Período Especial y en estos tiempos de Internet y Risograph no contemos en Cuba con algo remotamente parecido? ¿Se perdió la voluntad, o de repente alguien tuvo un ataque de responsabilidad y lo vio como un acto vandálico, o simplemente estamos hablando del enésimo empeño que no pudo sobrevivir al naufragio general de la industria editorial cubana de los años 90 y que nadie se ha molestado en revivir?

En cualquier caso, sería hermoso que alguna editorial, no sé, por ejemplo, Extramuros, dejara de imprimir tanto libro sin futuro y reuniera un poco de coraje para retomar una experiencia de formación cultural tan enriquecedora. Porque si algo nos falta a los lectores cubanos (con el perdón de la propia Arte y Literatura) es recorrer mundo. Y en lo que se liberan los derechos de autor de Kurt Vonnegut y Milan Kundera, bien que podríamos ir pidiéndoles prestado algunos pocos texto suyos para una revistica cuya única aspiración es ampliar el horizonte de los que estamos del lado de acá del Malecón.

La portada del no. 5 de Opción

 

PD: Aquí les dejo La puta de Mensa, un cuento de Woody Allen que recoge Opción, y que, como era de esperar, es tan divertido como sus películas. (no es la versión que recoge la revista, pero se llevan la idea)

La puta de Mensa, de Woody Allen

Cuando se es investigador privado, uno ha de aprender a confiar en sus corazonadas. Por eso en el momento en que un tipo tembloroso como un flan llamado Word Babcock entró en mi oficina y puso las cartas sobre la mesa, debí haber hecho caso del escalofrío glacial que sacudió mi espinazo.

—¿Kaiser? —preguntó—. ¿Kaiser Lupowitz?

—Eso es lo que pone en mi licencia —admití.

—Tiene que ayudarme. Me están haciendo un chantaje. ¡Por favor!

Se agitaba como el animador de una orquesta de rumba. Le empujé un vaso por encima de la mesa y la botella dewhisky que guardo a mano con propósitos no medicinales.

—¿Qué le parece si se tranquiliza y me lo cuenta todo?

—¿No… no se lo dirá luego a mi mujer?

—-Hablemos claro, Word. No puedo hacerle promesas.

Intentó servirse un trago, pero el tintineo podía oírse al otro lado de la calle, y la mayor parte del licor fue a parar a sus zapatos.

—Soy un honrado trabajador —explicó—. Mantenimiento de máquinas. Construyo y reparo vibradores. Ya sabe… esos aparatitos tan divertidos que dan un calambre al estrechar la mano.

—¿Y bien?

—A muchos ejecutivos les gusta. Sobre todo a lo largo de Wall Street.

—Vaya al grano.

—Ahí voy precisamente. pero ya sabe que el camino… es difícil. Oh, no es lo que está pensando. Mire, Kaiser, soy fundamentalmente un intelectual. Uno se puede buscar todas las furcias que quiera, claro. Pero mujeres inteligentes de verdad… no resultan fáciles de encontrar a corto plazo.

—Continúe.

—Bueno, oí hablar de una chica. Dieciocho años. Estudiante en Vassar. Por una cantidad, te viene y discute el tema que sea… Proust, Yeats, antropología. Un intercambio de ideas. ¿Comprende dónde voy a parar?

—No exactamente.

—Mi mujer es algo grande, de veras, de veras, no me entienda mal. Pero no es capaz de discutir sobre Pound conmigo. O sobre Elliot. Yo no lo sabía cuando me casé con ella. Mire, necesito a una mujer cuya mente me estimule, Kaiser. Y no me importa pagar por eso. no busco ningún enredo… quiero una experiencia intelectual rápida, y luego quiero que la chica se largue. Dios mío, Kaiser, soy un hombre casado y feliz.

—¿Cuánto tiempo dura esto?

—Seis meses. Cuando me vienen ganas, llamo a Flossie. Es una madame, y tiene un título de doctor en literatura comparada. Ella me envía a una intelectual, ¿comprende?

Así que era uno de esos tipos cuya flaqueza son las mujeres con cerebro. Sentí lástima del pobre imbécil. Imaginé que habría muchos individuos en su situación, hambrientos de unas migajas de comunicación intelectual con el sexo opuesto y por la que pagarían un precio exorbitante.

—Ahora amenaza con contárselo a mi esposa —gimió.

—¿Quién?

—Flossie. Escondieron un magnetofón en la habitación del motel. Me grabaron en cinta mientras discutía La tierra baldía y Estilos de voluntad radical, y, bueno, estaba llegando a algunas conclusiones. Quieren diez grandes o se lo contarán a Carla. ¡Kaiser, tiene que ayudarme! Carla se moriría si llegara a enterarse de que no me enciende el quinqué.

El viejo tinglado de la prostitución. Había oído rumores de que los chicos de la jefatura se traían algo entre manos en relación con un grupo de mujeres instruídas, pero de momento estaban sin ninguna pista.

—Llame a Flossie, quiero hablar con ella.

—¿Cómo?

—Me haré cargo de su caso, Word. Pero cobro cincuenta dólares al día, más los gastos. Tendrá que reparar un montón de vibradores.

—Nunca será más de diez de los grandes, estoy seguro —comentó con una sonrisa mientras cogía el teléfono para marcar un número.

Le guiñé un ojo cuando me tendió el auricular. Estaba empezando a caerme bien: Unos segundos más tarde, respondió una voz sedosa, y le expliqué mis deseos.

—Tengo entendido que usted puede ayudarme a conseguir una hora de charla agradable.

—Claro que sí, guapo. ¿Quiere algo en concreto?

—Me gustaría discutir sobre Melville.

—¿Moby Dick o sus novelas cortas?

—¿Qué diferencia hay?

—El precio. Eso es todo. El simbolismo se cobra aparte.

—¿Por cuánto me saldría?

—Cincuenta, tal vez unos cien por Moby Dick. ¿Le gustaría una discusión comparada… Melville y Hawthorne? Se lo podría dejar por cien.

—Me parece bien —contesté y le di el número de una habitación en el Plaza.

—¿Prefiere una morena o una rubia?

—Sorpréndame —le dije, y colgué.

Me afeité y engullí unas tazas de café negro, mientras repasaba los esquemas de literatura del Monarch College. Apenas había pasado una hora cuando sonaron los golpes en la puerta. la abrí, y en el umbral se erguía una joven pelirroja metida en sus anchos pantalones como dos cucharadas grandes de helado de vainilla.

—Hola, soy Sherry.

Sabían realmente cómo satisfacer las fantasías de uno. Pelo largo, suelto, bolsas de cuero, pendientes de plata, sin maquillaje.

—Me sorprende que hayas podido llegar hasta aquí vestida de ese modo —observé—. El detective sabe distinguir a las intelectuales.

—Con un billete de cinco no distingue nada.

—¿Empezamos? —propuse, empujándola hacia el sofá.

Encendió un cigarrillo y fue derecho al grano.

—Creo que podríamos comenzar considerando Billy Budd como una justificación que Melville sugiere de los caminos de Dios hacia el hombre, n’est-ce pas?

—Interesante, aunque no desde un punto de vista miltoniano.

Era una finta. Me interesaba ver si valía para el oficio.

—No. A El paraíso perdido le falta la subestructura del pesimismo.

Valía.

—Cierto, cierto. Dios mío, tienes razón —murmuré.

—Creo que Melville reafirmó las virtudes de la inocencia en un sentido genuino, pero aun así sofisticado, ¿no estás de acuerdo?

La dejé continuar. Apenas tenía diecinueve años, pero mostraba ya la ductilidad encallecida de la pseudointelectual. Desgranaba sus ideas con labia, pero en el fondo era todo mecánico. Cada vez que yo le brindaba una intuición, ella fingía placer:

—Oh, sí, Kaiser. Sí, chico, es muy profundo. Una comprensión platónica del cristianismo… ¿por qué no me habré dado cuenta antes?

Hablamos alrededor de una hora, hasta que ella dijo que tenía que irse. Cuando se levantó, le tendí un billete de cien.

—Gracias, cariño.

—Puede haber muchos más.

—¿Qué quieres decir?

—Había picado su curiosidad. Volvió a sentarse.

—Supongamos que quisiera… organizar una fiesta —anuncié.

—¿Qué clase de fiesta?

—Supongamos que quisiera tener una charla sobre Noam Chomsky con dos chicas.

—Oh, caramba.

—Si prefieres dejarlo correr…

—Tendrías que hablar con Flossie —dijo—. Eso cuesta mucho.

Era el momento de apretarle las clavijas. Lucí mi insignia de investigador privado y le informé que habían caído en una trampa.

—¿Qué?

—Soy un poli, preciosa, y discutir sobre Melville por dinero es un 802. Te va a salir una buena temporada.

—¡Asqueroso!

—Será mejor que confieses, muñeca, a menos que prefieras contar tu historia en la oficina de Alfred Kazin, y no creo que le haga muy feliz escucharla.

La chica se echó a llorar.

—No me entregues, Kaiser —imploró—. Necesitaba el dinero para acabar el doctorado. Me negaron una beca. Dos veces. Oh, Dios mío.

Lo soltó todo… la historia completa. Educación Central Park West. Campos de verano socialistas, Brandeis. Era igual que todas esas chicas que ves haciendo cola delante del Elgin o del Thalia, o que escriben con lápiz “Sí, muy cierto” en el margen de algún libro sobre Kant. Sólo que en algunas paredes del trayecto había hecho un viraje equivocado.

—Necesitaba dinero en efectivo. Una amiga me contó que conocía a un individuo casado cuya esposa no era muy profunda. Estaba chiflado por Blake. Ella no podía satisfacerle. Yo dije que bueno, que por una cantidad podía hablar de Blake con él. Me sentí muy nerviosa al principio. Tuve que fingir casi todo el tiempo. A él no le importó. Mi amiga me dijo que había otros. Oh, no es la primera vez que me atrapan. Me pescaron leyendo Commentary en un coche aparcad, y otra vez me pararon y me registraron en Tanglewood. Si ahora me cogen por tercera vez iré a la cárcel.

—Entonces llévame hasta Flossie.

Se mordió el labio y dijo:

—La librería universitaria Hunter es una tapadera.

—¿Sí?

—Como esas barberías que camuflan centros de apuestas en la trastienda. Ya lo verás.

Hice una breve llamada a jefatura, y luego le dije a la chica:

—Está bien, muñeca. Puedes irte tranquilamente. Pero no salgas de la ciudad.

Inclinó su rostro hacia el mío con gratitud.

—Puedo conseguirte fotos de Dwight Macdonald leyendo —ofreció.

—Otra vez será.

Entré a la librería universitaria Hunter. El dependiente, un joven de ojos sensitivos, me salió al encuentro.

—¿En qué puedo servirle? —preguntó.

—Estoy buscando una edición especial de Avisos a mí mismo. Tengo entendido que el autor ha hecho imprimir varios miles de ejemplares en panes de oro para los amigos.

—Tendré que comprobarlo —respondió—. Tenemos línea directa con la casa Mailer.

Le miré fijamente.

—Sherry me envía —anuncié.

—Oh, en ese caso pase a la trastienda —indicó.

Apretó el botón. Una pared de libros se abrió, y penetró como un tonto en el bullicioso palacio de los placeres regentado por Flossie.

Paredes empapeladas de rojo y una decoración victoriana marcaban el tono. Muchachas pálidas y nerviosas con gafas de montura negra y pelo corto yacían indolentemente en sofás hojeando clásico Penguin provocativamente. Una rubia de ancha sonrisa me lanzó un guiño, indicando con la cabeza una habitación de arriba y dijo:

—Wallace Stevens, ¿eh?

Pero no se trataba únicamente de experiencias intelectuales, lo que se vendía allí eran también experiencias emotivas. por cincuenta pavos, me dijeron, te podías “comunicar guardando las distancias”. Por un centenar, una chica te prestaba sus discos de Bártok, cenaba contigo y te dejaba mirar mientras sufría un ataque de angustia. Por ciento cincuenta, podías escuchar la radio de FM con unas gemelas. Por tres billetes tenías el servicio completo: una hebrea morena y delgada fingía ligar contigo en el Museo de Arte Moderno, te dejaba leer su tesis, te metía en una discusión a gritos en el pub de Elaine sobre los conceptos de Freud acerca de la mujer, y luego simulaba el suicidio que tú eligieses… la velada perfecta, para ciertos individuos. bonito negocio. Gran ciudad, Nueva York.

—¿Te gusta mi juguete? —preguntó una voz a mi espalda.

Me volví y de pronto me encontré frente a frente con el cañón de una 38. soy un hombre de estómago bien templado, pero esta vez me dio un vuelco. Era Flossie, sin duda. La voz era la misma, pero Flossie era un hombre. Su rostro estaba cubierto por una máscara.

—No se lo va a creer —prosiguió—. Ni siquiera tengo el título. Me expulsaron por malas calificaciones.

—¿Es por eso que lleva máscara?

—Ideé una intrincada máquina para apoderarme de The New York Review of Books, pero para eso tenía que hacerme pasar por Lionel Trilling. Fui a México para operarme. Hay un médico en Juárez que presta a la gente los rasgos de Trilling… por una buena cantidad. Pero algo salió mal. Me sacó parecido a Auden, con la voz de Mary McCarthy. Por eso crucé la frontera de la ley.

Con presteza, antes de que su dedo pudiese apretar el gatillo, me puse en acción. Lanzándome hacia adelante, hice chocar un codo contra su mandíbula y me apoderé del revólver mientras caía. Se derrumbó como una tonelada de ladrillos. Gemía aún cuando llegó la policía.

—Buen trabajo, Kaiser —aprobó el sargento Holmes—. Cuando acabemos con ese tipo, el F.B.I. quiere tener una charla con él. Un pequeño asunto relacionado con jugadores de ventaja y una edición anotada del Infierno de Dante. Sacadlo fuera, muchachos.

Más avanzada la noche, busqué a una vieja conocida mía que se llamaba gloria. Era rubia. Y se había graduado cum laude. La diferencia está en que su título era de educación física. ¡Qué alivio!

Traducción a cargo de José Luis Guarner

[Tomado de “Cuentos sin plumas”, Tusquets Editores, México, 1990]

¿Qué pasa con la papa en Cuba?

rafauniversidad:

4 libras de papa al año. Lo que se dice una bolsa de las que venden por un CUC en el mercado negro… Diablos, Elaine…

Originalmente publicado en La Polémica Digital:

La papa

El primer paso para resolver un problema es reconocer que existe. Vayamos directo al grano entonces. Estamos ante una crisis. Una crisis que se repite por más de cinco años y que ha pasado a ser un mal sistémico, cíclico, ineludible. La ausencia de Solanum tuberosum (¿se acuerdan del Vibrio cholerae?) en nuestros agromercados privados y estatales, y su llegada en cantidades que provocan el aumento de los precios en el mercado negro hasta límites insospechados, solo demuestra la capacidad de persistencia del pueblo cubano. Cualquier otro grupo de personas en el mundo se hubiera dado por vencido desde el tercer año en que las filas para comprar papas sobrepasaban al número de personas que esperan por la ruta 400 una mañana de sábado de mayo, junio, julio, agosto, septiembre… en fin, cualquier mañana de sábado.

Según este pdf, publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, en 2014…

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Gilbertman, o cuando se confunde la leche y la magnesia

Fotograma del video clip "No hay break"
Fotograma del video clip “No hay break”

Alejandro Menénez Vega, el Mene, no solo es uno de los fotógrafos más talentosos de mi generación que conozco, sino también un tipo que respeto mucho. Por su trabajo y por su honestidad. Porque va a lo suyo, y no arma bulla mientras le modela las imágenes que conforman su obra. Por eso me alegra que me considere su socio, por eso siempre que lo veo en algún concierto u otra actividad lo recibo con una sonrisa, no solo porque me alegra encontrármelo sino también por la certeza de que habrá un buen testimonio gráfico de lo que allí pasó.

Hoy abrí Facebook y me encontré un comentario suyo en el que expone las razones por las que -como parte del equipo de realización del video clip de “No hay break”, de Gilbertman- decidieron darle una estética gansteril a ese filme. Tras leerlas decidí cederle el espacio de este blog, como he hecho antes, porque sus palabras tal vez no las recojan La Jiribilla o Cubadebate, pero tienen el sencillo valor de la justicia.

PD: Mene, el video no es lo peor del audiovisual cubano, pero sí que está malo… ;)

“Es una historia de ficción sobredimensionada por la malla contextual en la que cayó”

por Alejandro Menéndez Vega

Este “review” sobre el caso de Gilbert es finalmente un análisis de la imagen audiovisual que se construyó, más puntualmente en el video No hay break. Yo soy uno de sus realizadores.

Desconozco si esta era la imagen que quería representar Gilbert, fue la que a nosotros (los realizadores) nos pareció más interesante para ese tema. Nunca se nos pidió que aparecieran armas, dinero, violencia, etc.

Esa fue la historia que decidimos contar, al margen de los cantantes que hicieron el tema y aparecen en el video. Desconocíamos el origen de su dinero… tampoco nos preocupamos por averiguarlo. Otras cosas he visto que igual asombrarían a más de uno en nuestra humilde Cuba y están “permitidas” y legitimadas.

Siempre los consideramos actores del argumento que narraríamos y personajes de la obra audiovisual: Una historia de doble traición para lograr “escalar” en un mundo de ficción que queríamos construir. Sí, un mundo de matones, tráfico, ostentación, etc, pero que no era calco de realidad concreta alguna.

Obviamente la elección de trabajar con adolescentes no fue casual, eso le brindaba más crudeza a la historia y la hacía aún más punzante. No trabajamos con Chala, trabajamos con el actor Armando. Chala es un personaje que él asumió (construyó) maravillosamente en un film y que claramente nos permitió comprender que podía ser el personaje que necesitábamos, pero él no salió del aula de Carmela para ir a filmar ese video clip. Salió de su casa y de su propia realidad que en nada se parece a la del film Conducta y menos aún a la del video clip.

No hay break no es un modelo de valores corruptos, no es una obra cuya pretensión sea promover la violencia, no es una arenga, una denuncia o un retrato social. Es una historia de ficción sobredimensionada por la malla contextual en la que cayó. Tal vez sea la peor obra audiovisual de la historia del clip cubano, tal vez sea la de peor gusto, pero no nació para apoyar “la guerra cultural del reguetón cubano”. Si de esos valores se trata, si de esa supuesta “guerra” estamos hablando, cualquier espacio cinematográfico de la TV actual los ahonda mucho más. Basta ver los últimos 10 films del sábado en la noche para ver la colección de descuartizados, baleados, atropellados, etc. Basta esto para comprender que, independientemente del espacio físico dónde fueron realizados y de la pericia técnica y narrativa de sus realizadores, la violencia y “el universo marginal” es un elemento cautivador, recurrente y natural de la obra audiovisual. En esos films no nos cuestionamos “la realidad” de lo narrado porque nos parecen contextos distantes, enajenados y de culturas que nada tienen que ver con la nuestra. Cuando son puestos en Guanabacoa y con pandillas enfrentándose nos escandalizamos.

Hay una mezcla, a mi entender innecesaria, en este artículo entre el producto audiovisual (al menos aquel del cual soy responsable) y la “guerra cultural contra el socialismo”. Yo soy cubano, formado en una sociedad que se repetía a sí misma que era socialista y que aún no se ha encontrado en la definición. Jamás he golpeado ni a una mosca y no quiero una nación violenta, superficial, ni que reniegue de sus valores culturales e históricos. El socialismo vs capitalismo está fuera de mis discursos o preocupaciones desde hace largo tiempo, pero añoro una mejor y más justa sociedad, independientemente del espectro político en el que sea encauzada. Este video jamás evaluó nada ni cercano a estos temas y se realizó enteramente desde el interior de la isla.

Nos valimos de elementos (también del clip contemporáneo) para realizar un clip regodeado en la violencia, pero sin pretensión de promoverla. ¿O es que Romain Gavras está promoviendo la violencia con sus clips? Salvo las gigantescas distancias que no separan de sus espectaculares video clips en lo artístico, técnico y productivo. No pretendo comparar nuestro malogrado clip con estas obras, pero al igual que en estos, las armas son artificiales, la sangre es coloreada, los “golpeados” son dobles de acción, el dinero es papel de libreta y la violencia es una pensada coreografía.

A Gilbert le “tocará” por sus acciones lo que la justa ley determine y a eso no me puedo oponer. La exactitud de sus males se me escapa y tal vez el tiempo nos sea clarificador. Yo solo asumo aquello de lo que me siento responsable; un clip que ha provocado una ira desmesurada. Sin significar esto que me arrepienta o que crea que hay algo inmoral en hacer una obra de ficción como esta, cierto es que hubiese preferido que la sensación de realidad no fuera tan alta y que “el discurso moral” no se hubiese malinterpretado tanto.

Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical (#NoSirvió!)

Concierto de Los Van Van en el Salón Rosado de la Tropical, 1ro de marzo de 2015. Foto: Iván Soca
Concierto de Los Van Van en el Salón Rosado de la Tropical, 1ro de marzo de 2015. Foto: Iván Soca

La imagen de arriba, como dice el pie de foto, corresponde a un concierto de Los Van Van. Un concierto, podemos sospechar -por lo que dice la foto y conociendo los antecedentes de los implicados-, de pura euforia, de bomba y cuerpos y corazones moviéndose indetenibles, infectados por la música y la alegría de estar vivos.

El día anterior, el sábado 28 de febreo, The Dead Daisies, una banda rockera de todos estrellas anglosajonas, había regalado un espectáculo inolvidable a los amantes del género en el país. Como buen concierto de rock que se respete duró muchísimo, y tuvo sus bailes de pogo (o ruedas de hardore, como le dicen por acá), y sus conatos de peleas, y sus canciones fuera de programa, pero no pasó nada preocupante, y la gente disfrutó de la maravillosa oportunidad de rockear en directo con una superagrupación.

El domingo, en el mismo lugar, la orquesta más emblemática de nuestro último medio siglo, lo más parecido al estribillo del alma de esta nación, Los Van Van, tocaron para todos sus seguidores, que es lo mismo que decir que tocaron para toda Cuba. En la madrugada del lunes, Iván Soca -quien ha recogido fotográficamente buena parte de las actuaciones de Van Van en épocas recientes- llegó a Facebook no solo con su habitual cargamento de imágenes sino con la noticia de que el concierto fue detenido por un policía, quien se subió a la tarima e hizo caso omiso de los grito de “¡No sirvió, no sirvió!” del público.

Aún se desconocen las causas por las que ese policía (y los otros que no tardaron en aparecer) llegó con la indicación de terminar el concierto. Tal vez, se podría especular, porque se pasaron del horario establecido para tocar. Pero argumentar eso sería el colmo de esta novela kafkiana. O no. En cualquier caso, alguien debe responder, públicamente, por semejante ultraje, no solo a los fenomenales músicos que componen Van Van, si no -sobre todo- a los miles de cubanos que fueron víctimas de un acto de ignorante e inexplicado (y probablemente inexplicable) despotismo.

Aquí les dejo algunas imágenes del hecho junto con las palabras de Iván que acompañan su galería de fotos, unas fotos que hablan claramente de un concierto potente, una fiesta inagotable que solo cabe en el adjetivo de vanvanera. Triste final para una noche de tanta buena vibra. Definitivamente #NoSirvio, compañero policía.

concierto de van van en la tropical 1mar15 2 #nosirvio
Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical. Foto: Iván Soca

01MAR15: Lo insólito: Los Van Van en el Salon rosado de La Tropical

por Iván Soca Pascual
En el mismo lugar donde anoche vibro Cuba con la banda de Rock & Roll The Dead Daisies, hoy la Orquesta insigne de la Música cubana Juan Formell y Los Van Van ofreció un espectacular concierto, con una intensidad idéntica al de la víspera, para su público, en lo que siempre hemos denominado “El termómetro de la salsa cubana”: El Salón Rosado de La Tropical. El espectáculo, idéntico a todos los ofrecidos durante la Gira Nacional de 2015 pero con un par de temas del nuevo CD La Fantasia incluidos, iba de maravillas. El Show de ensueños, con invitados como Carlitos de “Los cuatro” y el carismático Elito Revé.
Al filo de las 10:30 se ha subido un oficial de la Policía al escenario y ha detenido el SHOW mas autentico que vi en 12 años de trabajar con esta Orquesta, la de Juan Formell…Yo pensé que era parte del espectáculo el que subiera un oficial de la policía y se integrara a una fiesta que iba de maravillas, pero no fue así. Roberton, que interpretaba SOMOS DIFERENTES, un tema para los cubanos, lleno de elementos de patria y autentica cultura, le paso la palabra al público y este al unísono empezó a gritarle al policía “No sirvió, no sirvió!!!” No obstante a ello, se suspendió el concierto.

Me pregunto: ¿Hay que ser extranjero para tocar hasta la hora que sea en La Tropical? Espero que Los Van Van haga aclarar este inesperado y desagradable incidente…

Aquí va una galería de fotos tan contundente como la de anoche con The Dead Daisies para que pueda servir de prueba de que el concierto de Los Van Van era el de todos los cubanos, lleno de alegría y digna modestia…

Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical. Foto: Iván Soca
Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical. Foto: Iván Soca
Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical. Foto: Iván Soca
Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical. Foto: Iván Soca
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Policía detiene concierto de los Van Van en La Tropical. Foto: Iván Soca
Concierto de Los Van Van en el Salón Rosado de la Tropical, 1ro de marzo de 2015. Foto: Iván Soca
Concierto de Los Van Van en el Salón Rosado de la Tropical, 1ro de marzo de 2015. Foto: Iván Soca