Eclipse total

Hace media hora se me iba un P1 en la parada. Y yo creía que ya era un comienzo de semana bastante malo. Hasta que recibí un mensaje: “Se nos fueron gunter grass y galeano”.

Debería estar prohibido algo así, que tanta poesía se vaya en un mismo fogonazo es como declarar la noche en todos los rincones del mundo a la vez.

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Los foros de la Cumbre de las Américas, los cubanos y yo

A mí también me horroriza ver a Félix Rodríguez Mendigutía merodear por un encuentro de los pueblos de América Latina. A mí también me parece una broma pesada ver a miembros de una oposición que no es capaz de sostenerse por sí misma participando en los foros de la sociedad civil. Yo puedo entender la existencia de principios innegociables, yo puedo entender el derecho a no participar en espacios desvirtuados o malogrados. Pero nada me justifica el más mínimo arañazo, ninguna provocación en el plano de las ideas merecerá un puñetazo de mi parte. Hago votos para que la tensión no nos siga hunda. Porque pocas cosas son más tristes que ver la justicia naufragando.

Pienso en eso y algún mecanismo del subconsciente me lleva hasta las letras de Marvin Gaye; me hace preguntarme con él qué tal si optamos por otras maneras, a ver qué pasa.

Mother, mother/ There’s too many of you crying/ Brother, brother, brother/ There’s far too many of you dying/ You know we’ve got to find a way/ To bring some lovin’ here today – Ya

Father, father/ We don’t need to escalate/ You see, war is not the answer/ For only love can conquer hate/ You know we’ve got to find a way/ To bring some lovin’ here today

Picket lines and picket signs/ Don’t punish me with brutality/ Talk to me, so you can see/ Oh, what’s going on/ What’s going on/ Ya, what’s going on/ Ah, what’s going on

In the mean time/ Right on, baby/ Right on/ Right on

Mother, mother, everybody thinks we’re wrong/ Oh, but who are they to judge us/ Simply because our hair is long/ Oh, you know we’ve got to find a way/ To bring some understanding here today/ Oh

Mbókò, jazz desde el fondo de la música afrocubana

Portada de Mbókò, de David Virelles (ECM, 2014)
Portada de Mbókò, de David Virelles (ECM, 2014)

Si uno observa la portada del disco Mbókò: Sacred Music for Piano, Two Basses, Drum Set and Biankoméko Abakuá de David Virelles (Santiago de Cuba, 1983) tendrá un adelanto de lo que es el disco. El arte de la cubierta de Thomas Wunsch –una superficie de tonos tétricos repleta de arañazos y capas superpuestas– revela que no es esta una obra de complacencias. Que para escucharla hay que estar dispuesto a dedicarle mucho más tiempo que la hora que supuestamente dura.

Escuchen el comienzo de Wind Rose (Antrogofoko Mokoiren). En su mismísima apertura, los acordes deslizados en el piano y las oportunas apostillas del biankoméko confirman al oyente que no estamos delante de una fugaz experimentación.  Allá los que quieran vender postales folclóricas; Virelles, acompañado por Román Díaz en el biankoméko y las voces, Marcus Gilmore en la batería y los bajistas Thomas Morgan y Robert Hurst, salió dispuesto a marcar la diferencia.

Del cada vez más lejano ganador del concurso Jojazz en el año 1999, del pupilo de Jane Bunnet y su constante abordaje del jazz afrolatino en Canadá, del joven que desembarcó en 2009 en la Meca del Jazz alias New York, queda bastante poco en este pianista que asusta de tan recio. Sí, la palabra es esa. Asusta porque, junto a Román Díaz no teme adentrarse a contracorriente por los caminos de la tradición, dando seguimiento al trabajo esbozado en Continuum (Pi, 2012). En lugar de tomar la cómoda vertiente de la música afrocubana en su variante de celebración, Virelles opta por pulsar las raíces sacras de la Isla, hunde sus manos en la sangre y sin lavárselas ni esperar que coagule siquiera golpea con elegancia las teclas de su piano, con un espíritu más cercano al misterio de Thelonius Monk que a la felicidad de Chucho Valdés.

El artista se empapa de la esencia del misterio abakuá y la filtra a través del prisma de un inusual quinteto de jazz contemporáneo (piano, set de batería, dos contrabajos y biankoméko —un juego de instrumentos típicos de las sociedades abakuá que se compone de tambor (obiapá), conga (kuchiyeremá), quinto (biankomé) tambor (bonkoenchemiyá), cencerro (ékon) y sonajeros (erikundi) —).

La mezcla de rigurosidad investigativa, virtuosismo e imaginación compositiva de Virelles da como resultado una “suite intoxicante”, para decirlo a la manera del crítico del New York Times Nate Chinen, que interpreta estos rituales no con un afán de recreación historicista, sino con la voluntad de recrear su espíritu en los terrenos del jazz contemporáneo. El mismo Virelles explica que, aunque no es un practicante de esa religión, “profundizar en los elementos de su música simbólica y reinterpretarlos dentro de la música actual me ayuda a descubrir más sobre mis orígenes y hacia dónde voy”. Y es así como logra un álbum que las publicaciones más rigurosas califican como uno de los mejores del año 2014.

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David Virelles / Foto: John Rogers

Como decía anteriormente, Virelles, no llega hasta aquí solo. Este disco es también la suma oportuna de los músicos que le acompañan: es el marco sensorial que traza el percusionista Ramón Díaz, es la densa malla sonora que a cuatro manos tejen Thomas Morgan y Robert Hurst desde los contrabajos, es el talento mágico de Marcus Gilmore hecho ritmo.

Honores aparte merece Román Díaz, el otro gran artífice del disco. En las notas del disco, el pianista explica que han desarrollado “una forma de tocar juntos que moldeó todo el sonido del disco. (…) El álbum está hecho de piezas de piano que permitieron un desarrollo paralelo o entrelazado junto al bonkoenchemiyá. (…) En Mbókò, más que la voz humana –que es otro elemento que Román y yo hemos explorado previamente– es el bonkoenchemiyá el que cuenta una historia en un leguaje que puede ser rastreado a lo largo de la historia.”

Tal y como apuntan varias reseñas, es un álbum que demanda más de una audición. Así por ejemplo, encuentro que, tras alcanzar la cima con temas como Antillais (a Quintín Banderas) y Seven, Through the Divination Horn, con Ete (a María Teresa Vera) bordea el abismo, y no en el buen sentido de la metáfora. La pequeña coda con la que cierra un disco tan ambicioso es un misterio que aún no alcanzo a dilucidar. Sospecho que con esta pieza, en una obra de tamaña factura y complejidad, el músico pretendió decir algo que este periodista no acaba de entender. Pero bueno, la belleza de la música también está en eso. En repasar los discos como cazadores de minas que andan a campo traviesa con la esperanza de reventar al pisar el secreto que esconde una canción mil veces escuchada.

Virelles hace rato dejó de ser una promesa. Su trabajo en la escena musical de New York ha merecido la atención tanto de los críticos como del resto de la comunidad de una de las plazas artísticas más exigentes del mundo. Con Mbókò presenta credenciales de mayoría de edad, de madurez incuestionable, de músico a prueba de todo. Es Mbókò, en resumen, un disco abisal, un profundo viaje espiritual que se resiste a ser categorizado. Profundo como una cuerda de piano vibrando en un cuarto vacío, profundo como el alma humana. Profundo como ciertos lagos infinitos que, ocultos a la vista de todo el mundo, a veces muestran sus aguas en las manos de un pianista.

(Tomado de Trabajadores)

Indefiniciones

béisbol, beisbol:  (1. nombre masculino) Deporte que se practica en un campo cuadrado de 30 m de lado entre dos equipos de nueve jugadores cada uno; se trata de golpear con un bate una pequeña pelota lanzada con la mano por un contrario y recorrer el perímetro de un cuadrado interior del campo pasando por las cuatro esquinas o bases antes que el rival recupere el control del juego; gana el equipo que más veces lo consigue a lo largo de las nueve partes o entradas de que consta el partido.
No, definitivamente el diccionario no es lugar ideal para entender la realidad de las cosas.
Seminifinal de la 54 Serie Nacional de Béisbol, entre La Isla de la Juventud y Matanzas, Cuba.
Seminifinal de la 54 Serie Nacional de Béisbol, entre La Isla de la Juventud y Matanzas, marzo de 2015, Cuba.

El regreso de Luis Barberia

En 14 y medio han publicado una entrevista a Luis Alberto Barbería, en la que habla de su nuevo disco, del comentario discriminatorio y desinformado de Amaury Pérez en su entrevista a Carlos Varela, de las razones que lo hicieron volver luego de su largo paseo.

(PD: El disco en cuestión, A full, me parece que es un disco entretenido, para pasar el rato, pero nada más. Me parece que no fue el mejor regreso que un hijo pródigo pudo hacer).

por Luz Escobar

Luis Barberia grabó el pasado año A full, un nuevo disco en que se suma a músicos estelares del panorama nacional y mezcla su peculiar voz grave con la de las chicas del Sexto Sentido. Pero para el músico cubano de la antológica agrupación Habana Abierta, el disco ha supuesto, sobre todo, el regreso a una disquera cubana (EGREM) después de 20 años grabando en el exterior.

Pregunta. Dices que este fue un disco cocinado “a fuego lento”, después de 20 años colaborando con disqueras internacionales: ¿cómo llega EGREM a interesarse por tu proyecto?

Respuesta. En realidad soy yo el que llega a EGREM. Cuando llevaba en Cuba un tiempo me dije: “Coño, llevo aquí seis meses y no tengo ningún proyecto”. En España siempre estaba activo o por Internet buscando cosas. Y de pronto llamaba a Dublín y cuadraba un concierto allí. Cuando no, estaba trabajado con otros artistas. Suman ya 40 discos en los que he participado. Cuando me di cuenta de que no estaba desarrollando ningún proyecto de disco ni de un videoclip me puse a pensar. Allá afuera aprendí a dedicar el mínimo tiempo a la cuerda depresiva y más a la solución, así que se me ocurrió hablar con Lissette Barrios, directora de archivos de la EGREM, para preguntarle como estaba por ahí el tema de grabar. Ella me dijo que la cosa estaba difícil porque no había presupuesto y le respondí: “Ya el ‘no’ lo tenemos, vamos por el sí”.

Redactamos el proyecto, en que que explicábamos mi propuesta. Yo tenía muy claro en mi cabeza el disco que quería hacer. Sobre todo un disco de música, pensado por y para la música. Yo siempre digo que Cuba es el único país donde podemos hacer el disco que queremos sin la dictadura del mercado donde te dicen: “tú tienes que hacer un tema así”, y te ponen pautas. Mira, yo podía haber estado grabando un disco de polka, nadie pasó por el estudio nunca para supervisar lo que yo estaba grabando. Tuve total libertad.

Volviendo al tema, cuando fui a ver a la persona de la EGREM que tenía que ver con la presentación del proyecto, le dije: “A mi me importa poco vender o estar pegao, quiero hacer un disco que sea un referente para escuchar dentro de 30 años, un disco atemporal. Y además lo voy a hacer de todas formas, sea como sea”. Lo aprobaron por mayoría y a la semana ya me estaban dando el estudio. Fue una locura porque yo tenía planificado un viaje a Miami para unos conciertos, pero ella me dijo: “Tú tranquilo, en cuando vuelvas me llamas y entras en el estudio a grabar”. Al final fueron tres meses en eso.

P. Tú dices: “Veo la música un poco maltratada por un sector que se cree por encima de todo y al que solo le interesa estar pegao” ¿Crees que ese fenómeno pueda afectar a la expresión de artistas como tú?

R. Al contrario. Si nosotros no nos corrompimos allá afuera, donde hay que pagar muchas facturas, ¿cómo vamos a venir a perdernos aquí? Yo no me preocupo por ese público que persigue al más pegao. No hay miedo ni hay competencia, son un universo aparte. Este es un disco para dar ánimos a la gente que tiene cosas interesantes que decir en la música y, al no salir adelante, se ha dicho: “¿Para que?” Yo sí pienso que hay espacio para todos.

P. Hace unos días, en el programa televisivo Con 2 que se quieran, su conductor, Amaury Pérez, hizo referencia a “un grupo de trovadores” que se fueron a España detrás del éxito del CD de Carlos Varela Como los peces. Yo entendí, por lo de “grupo”, que se refería a Habana Abierta. ¿Tú también? Me gustaría escuchar de tu voz cómo surge realmente esa brecha entre Cuba y Madrid.

R. Blanco y en botella es leche. Para mi, y para muchos, quedó claro que eso fue con nuestra generación, aunque él no mencionara ningún nombre. Y lo que tengo que decir es sencillo, si nosotros nos fuimos detrás de alguien, fue de Pavel y Gema. Y ni siquiera fue detrás, fue de la mano de ellos. Yo creo que ese fue de los gestos de altruismo más grandes que yo he vivido. No tenían por qué. Ellos estaban viviendo en España y, en vez de preocuparse por su carrera, fueron y hablaron con una disquera independiente, consiguieron el dinero y vinieron a Cuba a reunirnos a todos nosotros, que estábamos por ahí desperdigados, en un disco. Lo grabamos en una casa, eso fue tremendo cabo que nos tiraron Gema Corredera y Pavel Urquiza. Ellos vinieron a buscarnos aquí, nosotros no fuimos corriendo detrás de nadie. A los meses de estar allá, era el año 96, BMG-Ariola nos ficha. Y el resto de la historia ya es bastante conocido.

La base de un periodista es la información verdadera. Como comunicador, tú no puedes por querer dar un golpe de efecto decir una mentira. Si Habana Abierta no llegó más lejos, yo creo que ha sido por culpa de nosotros mismos. Por inmadureces que hemos tenido, porque somos irreverentes, indomables, por no querer entrar por el aro del mercado. Queremos entrar solamente por el aro de la música que sentimos.

P. ¿Cómo vivieron ustedes el éxito que tuvieron en Cuba a finales de los noventa y el hecho de estar tan lejos justo en el momento en que habían alcanzado aquí esa popularidad? ¿Sabían que en cada fiesta de esa época se bailaba incansablemente con sus temas?

R. Muy sencillo, no lo vivimos. La verdad es que estábamos por allá en la lucha y no nos enteramos. Tuvo que venir Habana Abierta aquí en el 2003 y dar ese concierto en La Tropical, con 10.000 personas coreando nuestras canciones, a comprobarlo. Y luego, casi 10 años después, en 2012, cuando pensamos que ya había pasado la furia, vuelve a pasar lo mismo con gente que entonces eran niños. En un mes pasamos por todos los públicos, El Sauce, El Maxim Rock y el Don Cangrejo, y en todos encontramos el mismo entusiasmo.

P. ¿Tu regreso tiene algo que ver con el florecimiento de nuevos espacios para la música que interpretas o simplemente lo necesitabas?

R. No, yo lo necesitaba. Llegó el momento en que yo colapsé en Madrid y me retiré para un pueblecito donde vivía en una montaña frente al mar. Era un sitio en el que yo sabía que nadie podía encontrarme y ahí compuse muchas canciones de las que están en este nuevo disco.

Estando ya instalado ahí, decidí venir para Cuba. El latigazo me vino viendo el primer Callejeros Viajeros que pusieron de Cuba. Cuando ponen eso y empiezo a ver Cuba por dentro… Yo siempre venía, pero del Aeropuerto José Martí directo a Pinar del Río, a estar con mi familia. Imagínate que hacía el viaje hasta sin guitarra. Ese episodio de Callejeros… estaba muy enfocado en el tema del arte y estaban X Alfonso y Kelvis. Y yo, viendo al público, ahí me dio el golpe, “¿qué hago yo aquí? Si yo salí a dar un largo paseo”… (pausa) Y ya regresé.

Cada vez que he salido de un país no he dejado nada atrás, no he sentido pesar, siempre es pa’ adelante. Y volví con todas sus consecuencias y sabiendo lo que iba a encontrar. Fíjate si no he venido por oportunidades de lugares para tocar, que en Cuba es donde menos toco. Aquí preparo un concierto al mes nada más, no me gusta repetirme.

P. ¿Qué planes inmediatos tiene Habana Abierta como proyecto?

R. El año que viene cumplimos 20 años y estamos preparando algo grande para celebrarlo. Queremos grabar un disco en vivo en un lugar abierto, que quepa mucha gente. Quiero grabarlo también con la EGREM, que vengan los que han pasado por Habana Abierta y quieran venir.

(Tomado de 14 y medio)