“There are suicidal verses.”
Jetlag, C.R. pág 21


Lo leí de un tirón,sentado en la mesa del comedor, escuchando esa voz extraña de Florence Welsh y dejándome llevar por el reino convulso de sus versos. Se que algún día le daré un abrazo, compartiremos algún vino barato y nos leeremos mutuamente poemas al azar.


Sólo sé que cumpliste
De nosotros se dirá que amamos la tristeza.
Nadie mencionará la felicidad cuando nos
recuerden. Seguro nos recuerden como una casa
vacía persiguiendo a las arañas como el único
recuerdo humano.

Ya no tengo miedo de nombrarte, pero sigo
teniendo miedo de que me nombres. En un raro
impulso de cordura intento olvidarte y lloro, el
olvido se fue y me dejó los recuerdos demasiado claros.

Eran conversaciones, eran risas, ausencias, ganas,
deseo, espera, indecencia.

Fuimos las prostitutas en la calle, los poetas, las
ciudades, las ruinas que nos quedaban del pasado,
la agonía que nos unía para entonces, fuimos mi
sexo histérico y tus líneas tristes, fuimos todo eso
e insisto en enumerarnos.

Siempre interpongo a la distancia entre nosotros
cuando hablo de ti, porque desde que llegaste
fuiste distancia y fuiste ruido sentado en silencio,
mirándome.

Ya no podemos caer, tan cerca del suelo estamos
y me propones volar en sueños y me despierto
cuando ya voy a saltar, ahora huyo de mí en todos

los cuerpos que voy probando, no es una hazaña,

es bastante trágico. Necesito volver a
sorprenderme, la muerte ya no me sirve de
coartada, han descubierto que aún respiro, dicen
que esto se llama estar viva.

Tu voz resuena en mis oídos tocando mis labios:
“te prometo anarquía, gritos, soledades, te prometo
espera, olvidos, tristezas, te prometo vida y
muerte. Lo llamaremos amor y nos haremos daño”.

Sólo sé que cumpliste como solo cumplen los que
esperan algo a cambio.

La soledad

Sé que la soledad no mata
porque le he sobrevivido
he fundado una ciudad en ruinas
sin salida
pero no he muerto.
A mis 60
Yo era un continente de muertos
un callejón para gatos y ratas
unidos por el hambre.
Yo fui la bala de un disparo
fui la causa de muertes conocidas
las mías.
Yo era carreteras con luces que no sirvieron nunca
colocadas a la espera de un cambio que se tardó
en llegar
fui pasos largos y ruidosos demorándose en volver
o que volvieron y esta vez no hicieron ruido.
Yo era una ventana abierta por donde entraron los cuervos
para suicidarse en la cotidianidad
Yo fui un “se quitó la vida delante de unos niños
en un colegio en Paris”
en el broadcast estelar de noticieros locales.
Yo fui verdad.
Quién soy yo
Un pájaro ha muerto
sus alas aún se mueven
pero sé que morirá.
Lo recojo con mis manos
y acaricio su abdomen con mis dedos
sé que la muerte nos mira
sé que se burla de mí.
Abre sus párpados un poco
mirándome al morir
sus alas ya no se mueven
y una lágrima cae en su
pequeño cuerpo sin vida.
Cargo el peso de la muerte entre mis manos
¿quién soy yo?
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