El cine según Hitchcock

(Tomado de Yo tampoco me acordaría de mí)

Alfred Hitchcock: Algunos años antes de mi llegada a Hollywood, habían citado una de mis declaraciones: “Los actores son como ganado”. No me acuerdo en qué circunstancias pude haber dicho esto, pero lo más probable es que fuera en los comienzos del sonoro en Inglaterra, cuando rodábamos con actores que trabajaban al mismo tiempo en el teatro. Cuando tenían una función de tarde, abandonaban el estudio muy temprano, mucho más pronto de lo que era necesario, en mi opinión, y sospechaba que se dedicaban a tomar una buena comida.

Por la mañana había que rodar las escenas a toda velocidad para acabar con ellos lo antes posible. Pensaba que si eran tan devotos de su trabajo como yo del mío, se contentarían con un “sandwich”, comido en un taxi camino al teatro, donde llegarían con el tiempo suficiente para maquillarse y entrar en escena.

Es esta clase de actores la que yo detestaba, y recuerdo haber oído charlar a dos actrices en un restaurante. Una le decía a la otra: “¿Qué haces en este momento, querida?” Y la segunda contestaba: “Oh, hago cine”, con la misma entonación que si dijera: “Voy a los tugurios”.

Esto hace que hable con severidad de estas personas que entran en nuestra industria, procendentes del teatro o la literatura, y que trabajan en nuestro arte únicamente por dinero. Creo que los más detestables son de manera particular, aquí en Hollywood, los escritores que llegan de Nueva York, que consiguen un contrato con la M.G.M., sin atribuciones especiales, y que dicen: “¿Qué quiere que le escriba?” Hay algunos escritores de teatro que firman contratos de tres meses únicamente para pasar el invierno en California. ¿Por qué le hablo de todo esto?

François Truffaut: A propósito de su famosa declaración: “Los actores son como ganado”.

Alfred Hithcock: ¡Oh, sí, es verdad!…

(…)

François Truffaut: Sin embargo, hay cosas hermosas en I Confess. Clift anda a lo largo de toda la película; es un movimiento hacia adelante que recoge como en un abrazo, la forma del film, y es hermoso porque expresa de manera concreta la idea de rectitud. Hay una escena específicamente hitchcokiana, la del desayuno, cuando la mujer de Otto Keller sirve el café a todos los sacerdotes y pasa una y otra vez detrás de Montgomery Clift, cuyas intenciones intenta adivinar. Tras el diálogo anodino de los sacerdotes que hablan de sus cosas, ocurre realmente algo entre Clift y esta mujer, y todo se comprende gracias a la imagen. No conozco a ningún otro director que sepa hacer esto o ni siquiera que intente hacerlo.

Alfred Hitchcock: ¿Quiere decir que el diálogo dice una cosa y la imagen otra? Éste es un punto fundamental de la puesta en escena. Me parece que las cosas ocurren a menudo así en la vida. Las personas no expresan sus pensamientos más profundos, tratan de leer en la mirada de sus interlocutores y, con frecuencia, intercambian palabras triviales mientras intentan adivinar algo profundo y sutil.

François Truffaut: Por eso me da la impresión de que en algunos aspectos es usted un cineasta profundamente realista.

Aplausos…

Extracto del libro, El cine según Hitchcock, Alianza Editorial.

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