¡Wat yu sei!

Ese era el grito de combate de la explosiva tropa que tuve la suerte de toparme. Yo, que creía haber perdido la tarde, que me quedé con las ganas de ver a Silvio en el museo de Bellas Artes, de repente tropecé con aquel fogonazo de alegría en el centro del Vedado. Hermosa coincidencia; situados junto al flaco batallador de quimeras, en el parque de 23 y J, me encontré una turba de uniformes de secundaria armados con violines, clarinetes, saxos, trompetas, teclados, batería, bajo, congas, en fin, lo que se dice una auténtica jazz band a la vera del Quijote. Comandados por un entusiasta y joven maestro, se batían sin complejos con lo mejor de la música popular cubana y el jazz, con la entrega y placer de un músico añejo, como si tuvieran décadas de oficio, como si no fueran una pandilla de muchachos que juegan al escondido, bailan trompo y llegan hechos “bolas de humo” a sus casas tras un día de travesuras.

La habitual marea de personas que recorre 23 a toda hora hacía parada obligada para disfrutar al menos por un par de minutos de aquellos portentos que se transformaban en Chucho e Irakere brindando bacalao con pan, en el alma negra vibrante de Jericho a ritmo de Dixieland, en los Van Van incitando a darle con el corazón, en Celia Cruz recordándonos como nadie que las penas se van cantando.

Eran una verdadera fiesta, un inefable placer para los sentidos y el corazón, la dulce comprobación de que seguimos siendo uno de los pueblos más musicales de esta tierra. También eran la confirmación de que uno de los grandes aciertos de esta utopía ha sido el sistema de enseñanza artística, el impulso y encauce de unos dones naturales que nos permiten que nazcan una y otra vez los Chucho Valdés, Rodney Barreto y Paquito D’ Rivera de mañana, ahora llamados Ahmed, “El Buti”, José Carlos.

“¡Wat yu sei!”, dijo una vez más la alegre tropa antes de terminar y que se disolviera la muchedumbre agradecida que los escuchaba. Yo, que siempre camino por las calles sumergido en mi música, deseché los audífonos esta vez, para deleitarme con los ecos de la mejor descarga de jazz de mi vida, aún resonante en mi cabeza.

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2 comentarios en “¡Wat yu sei!

  1. jajaj, me acabo de enterar de ese concierto por un amigo que vive al frente de ese parque y que está haciendo su tesis, mientras pide a gritos en facebook que pare la música. Es una bonita experiencia, ya he cogido un par de 195 escuchándolos.

  2. Que bueno está eso!!! Ese mismo día cuando salía del concierto del Silvio, monté en un p5, en una parada después se montaron un grupo de muchachos con dos tumbadoras, un batá, la parte de abajo de una guataca y un pedazo de cabilla, y comenzaron una descarga de rumba con guaguanco y regueton -por supuesto no podía faltar- yo fui con ellos hasta Playa, ellos iban hasta San agustín, pero en el trayecto la cosa se puso tan buena allá arriba que las personas e la calle se paraban para ver el espéctaculo, que tenía bailarines espontáneas incluidas. un ejemplo de cubanía cienpor ciento. es verdad Rafa este es uno de los pueblos más musicales…

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