El dilema inacabable del periodismo en Cuba

Hace ya varios días leí este comentario oportunísimo sobre algo que trasciende su pretexto inicial -la ausencia, aún no bien explicada, de tres jugadores estelares del equipo nacional de voleibol masculino- y se suma a un debate que a ratos reemergue en la web y en la calle (nunca en los medios, lamentablemente nunca en los medios). Estamos necesitados de trabajos como este, que quieren saber, que piden razones lúcidamente no a través de editoriales retóricos, esos que ponen el dedo en una llaga que a ratos -por meses, por años- parece incurable.

Del voleibol, del periodismo y del futuro de Cuba

Por Carlos Manuel Álvarez Rodríguez

El único patrimonio del periodista es su buen nombre. Cada vez que se firma un artículo insuficiente o infiel a la propia conciencia, se pierde parte de ese patrimonio, o todo.

Tomás Eloy Martínez.

Mucho se ha especulado alrededor de la ausencia de Roberlandy Simón, Raydel Hierrezuelo y Yoandy Leal –tres estelares jugadores- en el actual equipo cubano de voleibol masculino. Algunos -los más- aducen que decidieron retirarse para marcharse luego del país y así poder competir en ligas extranjeras. Otros -los menos- comentan que para los Juegos Panamericanos estarán de vuelta, y que, por tanto, la selección nacional volverá a ser lo que era antes.

Sin embargo, la explicación oficial ha sido otra. Una explicación escueta, sospechosamente lacónica, lo cual pudiera confundirse –y de hecho se confunde- con lo inverosímil. Simón solicitó un descanso para recuperarse de la intensa actividad del pasado año. Leal tuvo problemas docentes y se ausentó a la Liga Nacional. Hierrezuelo, por su parte, evidenció falta de preparación a causa de las lesiones y también se ausentó, pero a los entrenamientos.

Nadie, en primera instancia, debiera poner en duda tales argumentos. Pero la afición insular, el cubano común, un sujeto sensato, con elemental capacidad de análisis y de cuestionamiento, empieza a averiguar, a buscarle las luces al fenómeno, lo diáfano o lo legible a una sorpresiva coyuntura que, de golpe, ha desarticulado al mejor colectivo en materia de deportes de los últimos dos años en Cuba.

Tres ausencias. Tres razones distintas. Tres brevísimas explicaciones lindantes con el silencio.

Entonces, claro está, se asoman las preguntas: ¿cómo, de repente, Hierrezuelo desaparece de los entrenamientos y Leal de la Liga Nacional?, ¿y cómo si León juega todos los torneos, a cualquier categoría, Simón es el que se cansa?

Llegado a este punto nos cuestionamos si tal grado de simbiosis es alcanzable. Si será posible que Cepeda se enferme y sea Fernando Hernández el que estornude, o que bloqueen a Camejo y Yoandri Díaz se desconcierte.

Nos deslizamos, también, hacia la pregunta de rigor. ¿Por qué los protagonistas no han hablado? ¿Por qué nadie los entrevista? ¿Por qué no han hecho uso de la palabra y han aclarado, de una vez, si la versión oficial es cierta, o si, en suma, las causas verdaderas de sus respectivas ausencias son otras?

Trato, pues, de dar con Simón, ex capitán del equipo y rostro del elenco subcampeón del mundo. Pregunto. Vuelvo y pregunto. Su teléfono. Si alguien lo ha visto. Si el hombre está en Facebook o merodea por algunas zonas específicas de La Habana. Hablo con un amigo (un amigo real, no de los que la gente se inventa para soltar las consecuencias o los discursos moralistas en un sujeto imaginario), y decide unirse a la empresa.

Así durante dos semanas, hasta que el azar –que en ocasiones puede ser muy malo, pero en otras muy bueno- hace que mi amigo se encuentre, una noche de miércoles, en una de las esquinas del parque Trillo, en Centro Habana, a Roberlandy Simón. Un deportista que solo ha visto a través de la pantalla, y que justo ahora, como por acto de prestidigitación, se le viene a aparecer delante.

Mi amigo lo saluda, y, según él, Simón fue muy afable. Mi amigo le comenta la posibilidad de una entrevista que saldría en Cubadebate, porque “la gente -le dice- quiere saber”. Entonces Simón le contesta que el aceptaría con mucho gusto, pero que le tienen prohibido conceder entrevistas. Ni a la prensa cubana ni a la prensa extranjera. Mi amigo se despide y se marcha.

Existen, como con todo, dos variantes. Que Simón mienta. O que Simón diga la verdad.

Si Simón miente pudiera parecer totalmente ilegítimo, y sin dudas lo es, pero una salida así se le hizo posible por el silencio cómplice, por la bruma extraña que rodea a los tres deportistas.

Si Simón no miente y, en cambio, dice la verdad, entraríamos de lleno en problemas mucho más serios. Problemas que, desde mi punto de vista, tocan en la médula al periodismo cubano. Y más. Tocan en la médula, lo creo fervientemente, al futuro de Cuba. O bien, para el que desee enfocar la misma esencia desde otro ángulo, al futuro de la Revolución, al ideal.

¿Qué organismo, qué invisible persona, qué burócrata arraigado, que institución ineficiente impide que sobre un fenómeno determinado hablen sus protagonistas? ¿Dónde descansa el mérito en vestir, en levantar paredes, en posponer certezas? La verdad es la verdad. Una cosa es salir a buscarla, pretenderla, desnudar sus múltiples lados. Lo otro es la retórica.

Raúl Castro, en el Informe Central al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, dijo que la prensa cubana, de forma esclarecedora, debía dejar atrás el triunfalismo y la estridencia al abordar la actualidad nacional, a pesar, aclaró, de que en la mayoría de las veces los periodistas no cuentan con el acceso oportuno a la información, ni el contacto frecuente con los cuadros y especialistas responsabilizados de las temáticas en cuestión. Lo cual, decía, explica la difusión, en no pocas ocasiones, de materiales aburridos, improvisados y superficiales.

Tales palabras, reproducidas por los principales medios y hasta por la emisora del último municipio, suponen y en cierta medida son, gracias a la coyuntura actual, una apertura. Apresan asuntos vitales, complejos procesos, arduos y venideros duelos contra el inmovilismo. Pero por suerte, desde hace varios años, un cambio de mentalidad es algo que la inmensa mayoría de los periodistas y de la sociedad cubana comprende y aprueba.

Y lo que hay de timorato en y sobre todo alrededor del periodismo cubano, la centralización o los recelos que defienden una idea muy particular y sui géneris de la nación, los que por su cuenta no han arribado aún a tales conclusiones, debieran desperezarse tras las palabras del presidente cubano.

El periodismo, dicho a las claras, tiene que incidir, cuestionar, proponer. Dicho en concreto: tiene que meter las narices. Dicho como a mí me gusta: tiene que ser vanguardia, un puente entre ideas y personas, entre las infinitas variantes de la cultura, un retablo espontáneo del país. Y dicho como dijera Arthur Miller: “Un buen periódico, supongo, es una nación hablando consigo misma.”

Hace rato los cubanos venimos hablando con nosotros mismos, solo que no en la prensa (quizás a través de algunas individualidades, de muy contados espacios). El periodismo no puede darse el lujo ni siquiera de ser neutro, no digamos ya contraproducente.

Igual, la luz verde implícita en las palabras de Raúl (todo el mundo lo sabe) no allanará por ella misma ninguna brecha. Hay que revertir, a pulso, desacertados mecanismos, el control excesivo, la exasperante verticalidad.

A su vez, los periodistas -esa masa vilipendiada- deben apuntar al talento. Y el que carezca de talento propiamente dicho, al menos debiera arriesgarse. El riesgo merece respeto, lo cual es mucho mejor que el aplauso.

El duelo, inevitablemente, tiene de quijotesco. Pero yo creo, como persona, como generación, y como lector de Martí, que valdría la pena. Que en Cuba todo tiene de quijotesco. Y que se es Quijote o no se es nada.

Dicho, pues, “hombres humanos, hay, hermanos, muchísimo que hacer”.

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2 comentarios en “El dilema inacabable del periodismo en Cuba

  1. y no se supone que ese deportista es una figura nacional?
    que representa a la patria en todo lo que dice?
    y no será que, como Pablo, deberia quedarse callado y no decir cosas comprometedoras porque es una celebridad?
    mmm, reflexiona

  2. interesante, Yudivan, pero no hay que evocar a Raúl, la Revolución, Martí y los 12 apóstoles, para hacer una simple crítica…Es mal periodismo aunque entiendo que lo usas como escudo, para justificar, consciente o inconscientemente, tu crítica, en caso de que vengan a pedirte cuentas. He estado ahí, en tu lugar, antes.

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